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Yakiri o cómo mirar a los ojos a tu violador

Esta es la historia de una luchadora: violada, encarcelada e invencible

Yakiri Rubio salió por última vez en los principales medios de comunicación el 6 de junio: “La mujer violada que mató a su agresor, ahora es política”.

El pasado 7 de junio se celebraron elecciones intermedias en México. Ella, vendedora ambulante de bolsos de 22 años, era candidata al distrito IX de Cuauhtémoc, en México D.F. pero no obtuvo los suficientes votos para entrar en la Asamblea de la ciudad. Esta es su historia.

El 9 de diciembre de 2013 dos hombres secuestraron a Yakiri, de 20 años y origen indígena. Después de insultarla y forzarla, la llevaron en moto a un hotel para abusar de ella. Los dos hombres lograron su objetivo pero, cuando se disponían a matarla con un cuchillo, ella les devolvió las puñaladas. Uno de los agresores fue herido en el cuello y ambos huyeron.

El herido murió desangrado antes de llegar a su casa. Yakiri se dirigió a una comisaría de policía para contar lo sucedido, pero no la ayudaron: la pusieron entre rejas. El cuerpo del muerto tenía 14 puñaladas y no entendieron eso como legítima defensa. Yakiri pasó 3 meses en la cárcel. Luego salió en libertad condicional.

Una fuerte presión social –a través de una campaña en Change.org que reunió 65.000 firmas– junto a la inconsistencia de las pruebas para acusarla de homicidio hicieron que, un año y medio después, el pasado 21 de mayo, fuera absuelta.

Yakiri seguirá viviendo en Tepito, donde también vive el segundo de los agresores

En el tiempo que pasó entre rejas comenzó a estudiar Derecho para defenderse en el jucio. Un año más tarde, ya en libertad, decidió entrar en política de la mano del partido de izquierdas Movimiento Ciudadano. Quiso representar a su barrio, Tepito: uno de los más bravos del gran DF, donde la pobreza y la violencia están a la orden del día.

En Tepito es donde continúa viviendo con sus padres, y cerca también del segundo agresor. Pero según ha declarado a varios medios mexicanos no piensa irse: aunque tiene miedo y no se atreve a andar por el barrio de noche, dice que esa es su casa y que seguirá luchando hasta que el segundo agresor termine en prisión.

Yakiri entendió que la única manera de detener la masacre contra las mujeres en México era haciendo algo desde la política, y desde la casa en la que ella nació y creció, mirando a los ojos a quien la había agredido.

Su irrupción en política tuvo un eco que luego no se ha traducido en votos

No ha tenido un camino fácil: su campaña política se desarrolló con medios rudimentarios y hasta recibió ayuda de sus padres. Uno de los eslóganes de su campaña, “Por defender a las mujeres, por los hombres que las protegen”, suscitó las críticas de colectivos feministas por un mensaje que consideraron paternalista. Ella, lesbiana y autodeclarada feminista, no entiendió esta oposición. Por su parte, los partidos tradicionales se mofaron de que Movimiento Ciudadano la usara como un instrumento político para obtener votos.

Ella misma reconoce que en su mismo partido hay machismo y que la instrumentalizan, pero está dentro para llegar a una posición de poder y seguir su propia agenda: que se reconozca el derecho que las mujeres tienen a defenderse de las agresiones, incluso si, como en su propio caso, la legítima defensa implica la muerte del atacante. Tendrá que seguir luchando desde fuera, hasta que no lo consiga desde dentro.

México, sin embargo sigue preso del juego de los partidos tradicionales. La izquierda, fragmentada en diferentes grupos y sin una cabeza clara que la lidere. La derecha, más fuerte que nunca. Las voces de los colectivos minoritarios aun extrañan una voz que los pueda representar. Y mientras no exista, seguirán gritando hasta perder las cuerdas vocales.

La manera de detener la masacre contra las mujeres en México es mirar a los ojos del agresor

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