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Cine y jazz: historia de una conexión apasionada en 5 cintas maravillosas

Ritmo, locura, pasión y sangre para celebrar el estreno de la intensa 'Whiplash'

La historia del jazz es una historia de hombres al límite. De personas subidas a un ritmo, a un fraseo loco de trompeta, a un sinfín de adicciones. Los mejores jazzmen lo sacrificaron todo por su instrumento, muchas veces incluso su felicidad y su conexión con el mundo real. A cambio, quienes los vieron actuar dicen haber asistido a ceremonias eléctricas, a rituales chamánicos. En ese momento, ellos no eran humanos.

Andrew, el protagonista de Whiplash, quiere ser uno de ellos. El más digno sucesor del legendario Buddy Rich. Y va por el buen camino, ya que con 19 años le admiten en el conservatorio Schaffer, uno de los mejores y más exigentes del país. Allí se topará con Terence Fletcher, un maestro durísimo que poco a poco se revelará como su némesis. A partir de aquí asistiremos a una auténtica bajada a los infiernos por parte del joven, para quien de pronto sólo existen su instrumento, y los ojos vigilantes de su tiránico profesor.

La película escrita y dirigida por Damien Chazelle, que lleva más de un año recogiendo galardones y elogios allá donde va, es el epidosido más reciente en una larga historia de amor entre jazz y cine. Una relación intensa y con muchos vaivenes, que empezó ya con la misma llegada del cine sonoro y esa "The Jazz Singer" de 1927 que es considerada la primera película con diálogos de la historia.

Aquella primera cinta, paradójicamente, no tenía mucho que ver con el jazz tal y como lo conocemos hoy en día a través de sus clásicos. La industria del cine no tardaría sin embargo en darse cuenta de la pasión que yace en el mismo corazón jazzero, y de sus evidentes cualidades cinematográficas. Por no hablar de su potencial comercial en un momento en que ya existían grandes figuras del género.

A partir de los años 40 y 50 llegarían las rupturas del bebop y el free jazz, tan ligadas a la cultura beat, y empezaría fraguarse una cultura de jazz sudoroso, salvaje y difícil, cristalizado en personalidades míticas y difíciles como Dizzy Gillespie, Bill Evans, Chet Baker o Miles Davis. Un universo demasiado atractivo para que las cámaras lo dejaran pasar. No lo hicieron, y aquí van unos cuantos poderosos ejemplos.

Ascensor para el cadalso de Louis Malle

Los directores de la Nouvelle Vague sentía auténtica pasión por la fuerza de cierta cultura norteamericana y así lo demostraban siempre que tenían ocasión. Su devoción por los jazzmen yanquis se concretó de forma sublime cuando el mismísimo Miles Davis se encargó de grabar la banda sonora de esta joya de 1958, en la que dos amantes matan al marido de ella. Lo mejor de todo es que Davis improvisó toda la música junto a su banda, en directo y en una sola toma, creando una pieza única dotada de una tremenda fuerza.

Bird de Clint Eastwood

Probablemente el retrato más memorable que nunca se haya hecho de una figura del jazz lo escribió Julio Cortazar en su magnífico El Perseguidor, inspirado en la figura del legendario saxofonista Charlie "Yardbird" Parker. Aún así, el retrato que le dedicó Eastwood en 1988 es un buen acercamiento a un músico desbordado por sus múltiples adicciones y un talento que a cualquiera le hubiera venido grande. La película se esfuerza por no ser el típico biopic e introducirnos en el universo jazzístico de los años 40, de la mano de un Forest Whitaker torturado y una intrincada estructura narrativa.

Let's Get Lost de Bruce Weber

Como es lógico, el documental no se ha mostrado ajeno a las vidas de estos músicos excepcionales. Entre los más memorables está el que muchos consideran el mejor documental musical de la historia, este Let's Get Lost centrado en la figura del brillante trompetista, enfant terrible, delincuente ocasional y politoxicómano Chet Baker. Rodada en un excepcional blanco y negro, a lo largo de su metraje, Weber se embarca con un envejecido Baker en un viaje que es a la vez un recorrido abrumador por la historia de un género y por la vida a trompicones de un músico que hasta el día de su muerte, siempre quiso escapar.

Alrededor de la Medianoche de Bertrand Tavernier

Aunque el personaje que retrata esta película de 1986 es ficticio, en él podemos encontrar aspectos comunes a muchas de las grandes personalidades del mundillo, desde el carácter autodestructivo a la energía que desprendían sobre el escenario. De hecho, la película de Tavernier estaba inspirada directamente en las vidas del saxofonista Lester Young y el pianista Bud Powell. A partir de ahí, el francés traza un relato de amistades al límite entre un músico alcohólico a punto de perderlo todo y un rendido admirador que le salva del abismo. Una historia intensa sobre segundas oportunidades y sobre el poder redento de la música. Esa que tantas veces nos salva.

Historias deslumbrantes de pasión, locura, drogas y felicidad. Y todas a ritmo de jazz

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