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El día en que Warhol se reencarnó en una drag queen negra

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El artista Raja Feather Kelly reconstruye al artista pop en su vertiente travestida para poner sobre la mesa el conflicto entre belleza, etnia e identidad

Alba Muñoz

19 Junio 2014 10:15

A principios de los ochenta, Andy Warhol posó para una serie de retratos con cámara Polaroid. A diferencia de las míticas fotografías que realizó a Dennis Hopper, Mick Jagger o Muhammad Ali, Warhol se transformaba cuando él era quien tenía que posar. En “Autorretrato en Drag” el artista estadounidense usó maquillaje blanco, peluca rubio platino y camisa blanca almidonada. Labios rojos.

Aquellas imágenes le valieron el apodo de Drella en la comunidad artística de La Fábrica, y Warhol lo adoptó como alter ego: la palabra, una contracción entre Drácula y Cinderella (Cenicienta) combinaba su fascinación por la muerte y su característica piel pálida con el control de su parte “princesa” o afeminada.

No lo suficientemente blanca

Lo que Warhol quizá no predijo es la influencia que aquellas fotografías tendrían en la comunidad de drag queens, sobre todo en la negra. En 1967, el artista formó parte del jurado en el concurso Miss All-American Beauty Pageant Drag contest, que valoró a una inexperta y joven Rachel Harlow por encima de la legendaria y veterana Black queen Crystal LaBeija, quien estalló en cólera ante un veredicto que consideró discriminatorio. Según sus famosas declaraciones, no era lo suficientemente blanca para los jueces: “Nuestro objetivo era parecer mujeres blancas. Me suelen decir que tengo rasgos negros, y yo contesto que es cierto, tengo los ojos blancos”.

Los historiadores de la comunidad drag no han conseguido documentar la opinión de Warhol sobre lo sucedido aquella noche, pero casi tres décadas después, el artista negro Raja Feather Kelly ha encontrado su inspiración en este episodio. Su espectáculo Drella de Andy Warhol, Te quiero Faye Driscoll, tuvo un gran éxito en Estados Unidos. En él, Kelly se pinta el rostro de blanco, se pone una peluca rubia platino y convierte las polaroids drag de Warhol en una performance viviente. Más allá del legado de Warhol, el interés de Raja Feather Kelly está en abordar sus preocupaciones con sobre identidad, la sexualidad y la autoestima.

El espectáculo es un mashup ecléctico en el que se mezclan el baile típico de los drags, el voguing, con el ballet, la ruptura, la posmodernidad, la comedia y el surrealismo. Kelly es ejemplo de lo que se denomina Artsploitation, que fluctúa entre la mitomanía, la parodia y la jeta para explotar los referentes artísticos en respuesta a la cultura de consumo y la adoración de los famosos. En esta entrevista, Kelly explica por qué no entiende el arte sin Warhol y por qué piensa beber de su estela hasta el infinito.

¿Beyonqué?

Raja Feather Kelly tiene fe absoluta en el potencial crítico y preformativo de Drella: “La obra capta cómo la gente en La Fábrica se burlaba de Warhol llamándole Drella, y cómo él se burlaba de ellos al adoptar el apodo para, finalmente, inventar una mirada drag para parecerse a ella”.

Kelly encuentra en Beyoncé un ejemplo actual de este conflicto entre belleza, etnia e identidad, ya que la artista ha permitido en varias ocasiones que su piel fuera aclarada digitalmente para campañas promocionales, “para desconcierto de los tabloides y la frustración de los intelectuales y artistas negros”. Es el ejemplo más reciente de una larga trayectoria racista que comprende las mujeres negras como hermosas en la medida en que pueden pasar por blancas.

Kelly parece haber recogido el desafío de Warhol y de Crystal LaBeija, y lo ha trasladado al escenario mediante un grupo de bailarines de ambos sexos y multiétnicos que, con la cara pintada y la peluca, no son ni hombre ni mujer, ni travestis ni normativos. Sólo seres que dudan, sufren, y trascienden el sistema binario que puede que Warhol no se atreviera a subvertir.

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