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'Waist Training': vuelve la pesadilla del corsé y la cintura de avispa

La prenda del siglo XVI resucita como método para estrechar la cintura gracias a Instagram y las modas de gimnasio

Poco podían imaginar en la poderosa corte de los Médici que la "prenda" de metal que habían puesto de moda, y que utilizaban sus nobles damas para estilizar su figura, acabaría siendo un complemento recurrente en la cultura BDSM o gótica.

Lo que tampoco podíamos imaginar las mujeres del siglo XXI es que la "cintura de avispa" o "reloj de arena" de la que nuestras abuelas nos hablaban volvería en forma de faja y como artilugio para el gimnasio.

Entre sus adeptas están Kim Kardashian, Kylie Jenner, Amber Rose, Jessica Alba o Lindsay Lohan. Y por supuesto, un montón de instagrammers anónimas, que han bautizado el "waist training" ("formación de cintura") como un suplicio al que vale la pena sumarse para restar algunos centímetros.

Los corsés modernos, diseñados para esta nueva y vieja necesidad, están fabricados de látex. Algunas de las marcas que lo venden bajo el eslogan "Siéntete sexy y segura" prometen una reducción permanente del abdomen si se utiliza unas cuatro horas al día.

Si haces ejercicio con él, dicen sus fabricantes, la grasa de la cintura se redistribuye por zonas del cuerpo que ahora interesan, como el pecho o el tasero. Lo cual es como afirmar que la anatomía femenina se basa en un relleno de gelatina espachurrable.

Los médicos se han visto en la situación de tener que recordar que no vivimos en el Renacimiento y que los corsés, ya sean modernos o antiguos, no ayudan a adelgazar. Lo único que hacen es oprimir los huesos —en especial, las costillas flotantes— y aplastar los órganos de sus víctimas.

A modo de ejemplo, su uso prolongado y habitual puede desplazar el estómago más allá del diafragma. Pero también puede llegar a dañar la columna, el hígado, el colon o el intestino delgado.

Por no mencionar las dificultades respiratorias que ocasionaría, digamos, en cualquier lugar mínimamente abarrotado de la ciudad. Sólo con pensarlo ya resulta asfixiante.

A pesar de que los efectos de reducción que puedan percibirse son probadamente temporales —básicamente, duran unos minutos después de quitarse la faja, o mientras se lleva puesta—, Instagram se ha llenado de fotografías con el hashtag #WaistTraining. Las celebridades siguen proclamando su efectividad a los cuatro vientos, cuando el único método efectivo para reducir el vientre es la dieta equilibrada y saludable y el ejercicio. 

Parece evidente que la moda de los traseros generosos o directamente gigantes va ligada a la necesidad de estrechar la cintura para aumentar el impacto visual. Lo peor de esta tendencia es que está consiguiendo que muchas mujeres se aplasten el cuerpo durante demasiadas horas al día, y no solo durante una cena.

Un breve viaje a los libros de Historia nos confirma que quienes ceñían sus cuerpos con los corsés más estrictos eran aristócratas que se pasaban el día abanicándose. No mujeres que tenían que ir a trabajar, a la compra o a eventos sociales que requerían una respiración constante o la movilidad de su cuerpo.

Lo asfixiante es que se pretenda que las mujeres esculpan su cuerpo según los cánones que aparecen cada 2 o 3 años, en vez de aceptar que existen distintos tipos de belleza, que siempre han existido.

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