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¿Vuelve el monóculo entre los hipsters? La última meada fuera de tiesto del New York Times

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El diario neoyorquino publica un texto horrible sobre una falsa tendencia y toda la competencia aprovecha para burlarse con crueldad. Nosotros también, ya puestos

Mario G. Sinde

07 Marzo 2014 13:03

El New York Times publicaba el miércoles un texto que clamaba por la vuelta del monóculo como accesorio hipster, una pieza caprichosa que se basaba en dos coincidencias estúpidas para dibujar una tendencia inexistente: un rapper de Miami llamado Jose Vega, que no lo conocen ni en su casa, y algún pirado de Brooklyn detectado a lo lejos. Y vale que el New York Times tiene un prestigio acumulado de décadas y el liderazgo mundial en la prensa diaria, pero esto claramente era una meada fuera de tiesto, pues es falso que el monóculo esté de vuelta: todavía no hay constancia probaba de un regreso masivo de este artilugio óptico del siglo XIX y principios del XX, claramente aristocrático y necesario para que los caballeros pudieran observar de cerca objetos preciosos sin necesidad de portar en el bolsillo del frac una lupa, que es un complemento mucho más voluminoso.

A consecuencia de aquella pieza firmada por Allen Salkin, la competencia ha detectado una brecha en la coraza de prestigio del Times y han ido a la yugular con ellos. Y con bastante sorna. Por ejemplo, la revista New York Mag ha tirado de hemeroteca para destapar que, a lo largo del siglo XX, el diario ha mantenido una obsesión recurrente, algo así como el eterno retorno de Nietzsche o Kylie Minogue, que siempre vuelve, con el monóculo, ofreciendo escaneados de noticias de los años 20 y 40 donde ya se sugería que el monóculo volvía a estar de moda en diferentes círculos elitistas de Londres y Nueva York, con lo que no sería raro volver a leer algo parecido, no porque sea cierto, sino porque está en el ADN del NYT inventarse cosas al respecto de esta lente incomodísima de encajar en la cavidad ocular y que suele dar dolor de occipital.

Salon ha aprovechado la oportunidad para destapar las siete publicaciones más ridiculizables del Times, como el fin de la depilación brasileña [ojo aquí: en parte es cierto, que el arbusto se ve cada vez más], el declive de la hora del almuerzo, la ensalada troceada y el regreso del gordo esférico como nuevo objeto de deseo sexual. Muchas veces, la necesidad de publicar a destajo lleva a escribir cualquier cosa. Aunque sea una basura. Y ni siquiera el NYT está exento.

La réplica más divertida, empero, llega de Amanda Hess en Slate, que se toma al pie de la letra que vuelve el monóculo y propone cinco aspectos o complementos del vestir que deberían volver en algún momento. Ella propone la gorguera, el look de huérfano victoriano, la toga y la máscara del médico de la peste veneciana, pero con un problema: la toga grecolatina siempre ha sido tendencia (al menos en los 80 hubo un boom de fiestas de la toga en las hermandades universitarias americanas, recogido en películas tipo “Porky’s”, como signo de que se iba a haber una orgía poderosa), y la máscara de pico puntiaguda que llevaban los médicos durante las plagas que afectaron a Venecia durante el Renacimiento volvieron cuando The Knife las utilizaron para las fotos promocionales de “Shaking The Habitual”. Así que, a modo de réplica de la réplica, proponemos nuestro top 5 de atuendos hipsters que deberían volver, aunque fuera improbable. Y estos sí que no son hype en ninguna parte. Underground puro.

1. El catalejo. En los conciertos utilizamos muchas veces la cámara del móvil para VER (que es el colmo del absurdo): estando a lo lejos, preferimos acercar el zoom para saber qué está ocurriendo con detalle en el escenario, aunque la resolución de píxeles sea una basura. Así que hay que volver a poner de moda los aparatos de visión lejana, pero no los prismáticos, que todavía se usan en la ópera, sino algo más anacrónico: el catalejo, a poder ser de latón o cobre, al estilo de los maestres de campo de Carlos V en las guerras de sucesión del siglo XVI.

2. Las puñetas. La gorguera propia del Conde-Duque de Olivares y otros preeminentes mandamases del Siglo de Oro español está muy bien sacada a colación en el texto de Slate, pero sería mucho mejor si, en vez del acordeón de papel que cubría el cuello de los señores distinguidos, rescatáramos la puñeta, que era el equivalente para el final de la manga, y que servía de barrera para el puño. No sólo ha quedado en la lengua castellana como una palabra traviesa (¡puñetas! ¡hacer la puñeta!, etc.), sin que la gente sepa de donde viene, sino que además nos serviría para ampliar el rescate de sanas costumbres a la escritura a mano con pluma de cuervo, el papel secante y el polvo de estraza.

3. La peluca empolvada. Con esto acabaríamos con dos problemas a la vez: la alopecia incipiente de muchos modernos que se resisten al rapado integral, que siempre es la mejor solución contra la calvicie a menos que se sea Salvador Sostres (entonces tiene que ser una calvicie años 40-50, llevaba con entereza), y los peinados horribles. Además, podríamos cuidar la cabeza como cuidamos los pies: pelucas de diseño con rizos especialmente diseñados por Agatha Ruiz de la Prada o Versace, logotipos de Nike o Le Cof Esportif, y toda una línea paralela de talcos para empolvarla convenientemente. Por no hablar del uso creativo que le podrían dar los barones de la droga para cruzar controles en aeropuertos.

4. La corona de laurel. Al estilo griego, la corona de laurel decoraría una cabeza semi-divina, aunque como estamos hablando de hipsters, sería sin mérito alguno. Antaño, la corona de laurel servía para condecorar al atleta victorioso o al general que aplastaba a las hordas bárbaras en el campo de batalla, era un símbolo de supremacía (temporal, eso sí, porque siempre había un esclavo susurrando en el oído aquello de ‘recuerda que eres mortal’, que fastidiaba un huevo). Durante los juegos olímpicos de Atenas 2004 se rescató la corona de laurel, y ya va siendo hora de que vuelva de verdad.

5. Esnifar rapé. ¿Tabaco convencional o cigarrillo electrónico? ¡Y una puta mierda! El verdadero hipster debería esnifar rapé, ese tabaco en polvillo, casi hebra, que se aspiraba por la tocha dejando por el camino ese comecome, ese picorcillo, como si en vez de tabaco te hubieras hecho pasar por el agujero de la nariz una colonia de hormigas rojas. De este modo, el hipster superaría el debate sobre fumar, y también la grosería de la cocaína y la keta, que son asquerosas. Además, el rapé sería perfectamente legal, así que no habría que poner el pestillo en los wáteres del Apolo cuando quisieras invitar a tus colegas.

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