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Virgin America: cómo hacerte creer que vas a volar en el mejor de los mundos posibles

La compañía de Richard Branson idea un pegadizo video musical como alternativa 'pop' a las tradicionales instrucciones de seguridad en vuelo

De todos los magnates que en el mundo han sido, tal vez no sea Richard Branson el más rico o significativo; pero es probable que sí sea él uno de los que mejor representan la misma esencia de las dinámicas del consumo: el espectáculo. ¿Que quién es Richard Branson? Sí, hombre, ese magnate molón de nívea melena y sonrisa guasona que lo mismo monta un sello discográfico para editar discos de Mike Oldfield y Sex Pistols (Virgin Records) que se sube a un globo aerostático para dar la vuelta al mundo, invita a los One Direction a su fiesta de año nuevo o se marca un cameo en Los Vigilantes de la Playa mientras piensa en la manera de vender paseos espaciales al público, entre otras muchas ocurrencias. Ese que hasta hace un tiempo salía cada dos por tres en la tele y del que hasta los Simpson se chotearon en un episodio ya antiguo.

Al igual que otras figuras de otros campos (artísticos, deportivos, cinematográficos) Branson siempre ha mantenido un perfil de tipo excéntrico, de rockstar, más que de hombre de negocios. Ha generado una marca de sí mismo que de alguna manera ha pretendido trasladar a sus productos y empresas. Pero no nos engañemos, Branson es ante todo el capo de Virgin Group, un conglomerado empresarial que aglutina más de 400 compañías. Puede que el mensaje que transmiten sus campañas de marketing sea "enrollado", que se adapte estupendamente a las tendencias de cada momento en materia de ser “cool-pero-sin-pasarse-y-llamar-la-atención-de-los-medios”, pero al final la cruda realidad es la de siempre: vamos a por tu dinero.

Su última ocurrencia viene de la mano de su aerolínea, para la cual ha ideado (o tal vez habría que decir que su departamento de márketing lo ha hecho) un video la mar de resultón que toma el lenguaje del videoclip y transforma las normalmente aburridas instrucciones de seguridad previas a un vuelo en un tema bailongo y con gancho. Unas cuantas azafatas y un azafato solista y elegante se marcan unos cánticos y unas coreografías que para sí las quisiera la buena de Janelle Monáe. También están los pasajeros del vuelo, una perfecta mezcla de etnias, géneros y subculturas (la mujer, el joven negro, la niña asiática, el hombre blanco de negocios, el barbudo tatuado, el geek, ¡la monja!…) que sonríen encantados enfundados en sus moderadamente hipsters outfits de Zara y H&M como si volar en una aerolínea low cost fuera lo mejor que te va a pasar en la vida.

Y el tema tiene pegada, sin duda, y recorre todos los estilos musicales que hoy día están más en boga en el terreno del pop mainstream; desde el toque soul-funk del principio al rollito más electro-EDM, pasando por los inevitables pasajes rap y las a capellas con groove y los toques gospel. Pero al verlo, todo está tan evidentemente orquestado, todo está tan estudiado para complacer que uno no puede dejar de pensar en lo cansino que resulta que constantemente haya gente intentando convencerte de que vivir en el mundo de las tablets, los lipdubs y el gregarismo pop es lo que te dará la felicidad; si es necesario que, con ese ánimo de ser siempre molón al que todos se han venido apuntando en los últimos años, todas las agencias de publicidad del mundo no paren de fagocitar tendencias musicales, estilos callejeros, todo lo que despuntan, sólo para darse luego el gusto de quemarlas en la pira de “a-ver-quien-gana-más-pasta-y-se-lleva-más-clientes”.

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