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Ha llegado para poner nerviosos a los viejos políticos, y lo está consiguiendo

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La derecha la teme y la llama profanadora de capillas. Ahora es la mano derecha (izquierda) de Manuela Carmena en el ayuntamiento de Madrid

Rafa Martí

11 Junio 2015 07:10

A Rita Maestre le fascina la política. Sin embargo, no cuadra en la foto de lo que en el mundo se entiende por política: tiene 26 años, una colección de ideales y 160 euros en la cuenta, según su declaración pública de bienes patrimoniales. Una vida normal. Y ahora será portavoz del ayuntamiento de Madrid, de la mano de Manuela Carmena, la líder de la plataforma ciudadana Ahora Madrid, que engloba a fuerzas políticas de cambio. Y sobre todo de izquierdas.

Hablamos con ella después de una ajetreada campaña electoral. Porque sí, después de 25 años de gobierno de la derecha, Ahora Madrid ha tenido que sudar para conseguir la más que probable alcaldía de la capital española. Y ella ha sido la directora de campaña, la pensadora de una estrategia ganadora que ya inició Pablo Iglesias en las pasadas elecciones municipales.


Me gusta que haya una avalancha de artículos contra un chaval de Podemos por llevar rastas



Rodeada de políticos de profesión “sobre todo los del PP” —precisa—, tiene como reto abrirse paso en un mundo de hombres y gente mayor. “Me motiva particularmente que haya gente que se escandalice cuando juramos los cargos para servir a la ciudadanía, me gusta que haya una avalancha de artículos contra un chaval de Podemos en la Asamblea de Madrid por llevar rastas”.

El nerviosismo de los políticos tradicionales es una señal. Una señal de que un sistema está obsoleto y han llegado otros (que, por otro lado, siempre han estado ahí). “Ellos piensan que somos desconocidos entrando a robar en su propiedad, creen que la política es su coto privado, en el que han estado durante los últimos 35 años”, asegura.

 

Una relación amorosa con la política

El romance de Maestre con la política viene de la mesa de sus padres, en un hogar progresista pero no vinculado a la política activa. “Eran personas abiertas y en casa se hablaba de lo que pasaba. Aprendí a pensar”. De ahí fue a las aulas de la facultad de Ciencias Políticas en la Complutense, donde sentaban cátedra Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, ahora retirado de Podemos.

En la época universitaria probó el poder del activismo y no quiso bajarse de ese tren.  No solo no quiso bajarse, sino que le gustó la velocidad que iba cogiendo. Desde plataformas como Contrapoder o Juventud sin futuro, denunció la precariedad de vida de los jóvenes españoles y reclamó un cambio que coincidió con el movimiento del 15-M.



Reconoce que, si no fuera por el 15-M, ni Ada Colau sería alcaldesa de Barcelona, ni Carmena de Madrid. Pero rechaza que Podemos sea la marca política de aquel movimiento, si bien es su materialización política más cercana. Esto lo aprendió en América Latina. Allí vio que regímenes de izquierdas como los de Venezuela o Ecuador habían conquistado las instituciones para ejecutar los ideales, en lugar de luchar desde fuera.

Pero no todo es bueno lo que aprendió en América Latina. Reconoce errores en estos regímenes, y rechaza que sus intenciones para Madrid, o España, sean las de traer Venezuela a la península, como insinúan sin tregua sus enemigos. “No sé qué tendría que pasar en España para que hubiera escasez de productos básicos, pero es algo que no se va a dar”, dice.

Maestre me impide nombrarla como una “nueva Pasionaria” o una “nueva Rosa Luxemburgo”, ni siquiera “la Camila Vallejo española”. No tiene ningún referente concreto, ni mujer, ni de izquierdas, a excepción de Manuela Carmena.

Tampoco tiene especiales enemigos, pero le pregunto qué piensa sobre Ana Botella y Esperanza Aguirre y me contesta que


con cierto optimismo antropológico, diría que no son unas psicópatas y que ellas creen que lo hacen bien



Una partisana en la España de la casta

La lucha de Maestre no solo ha sido contra el sistema educativo Bolonia en Europa o la precariedad juvenil. Su principal lucha fue contra la apatía, y por eso se hace llamar partisana. Ella evoca a los guerrilleros italianos que lucharon contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, pero también a lo que Antonio Gramsci describió como tomar partido ante la indiferencia.

"¿Y es verdad que querías incendiar capillas?"

"No", me responde, "aquello fue una instrumentalización política de la derecha que quiso hacerse con el rectorado de la universidad". Para ella piden 6 años de cárcel por defender a los colectivos que asaltaron las capillas de la universidad. Pero Rita sigue firme en su actitud vital. En tomar partido, en estar del lado de la gente.

“Cuando la gente se une y consigue cosas, eso genera ilusión y los jóvenes se implicaron porque podían participar de un mundo que les había sido negado”, asegura en referencia al 15-M otra vez. Y eso fue lo que ella representa ahora cinco años después: Una joven de una generación sin interés en la política, enamorada de la política.



No hay solo dos lados, pero siempre se está en uno



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