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Vidas de hielo al sol: el monumento a los olvidados de la Gran Guerra

La artista Nele Azevedo construye una instalación en Birmingham en recuerdo de las vidas anónimas que se perdieron durante la Primera Guerra Mundial, también lejos de las trincheras

Ahora que se cumplen 100 años del inicio de la Primera Guerra Mundial, que dejó 15 millones de muertos y sentó las bases de la guerra moderna, el mundo se deshace en homenajes de recuerdo a los caídos.

Más allá de los amistosos actos honoríficos que los representantes políticos europeos y las casas reales están protagonizando estos días, hay quienes también prestan atención a todos aquellos que murieron en la calle, en sus casas o en refugios, muy lejos de las trincheras.

Es el caso de la artista brasileña Nele Azevedo, que con la ayuda de voluntarios de Birmingham construyó un monumento efímero en la plaza Chamberlain de la ciudad, en recuerdo de todos los desaparecidos anónimos: 5.000 figuras de hielo , sentadas en escalones, se derritieron lentamente ante la mirada compungida de familiares y curiosos. “Mis esculturas tratan de recordar a personas olvidadas por los monumentos”, explicó la artista al Birmingham Mail.

Los caprichos meteorológicos de Gran Bretaña y la distancia temporal con las víctimas generaron insólitas reacciones alrededor de la intervención. El sol impactó en la plaza justo cuando Azevedo empezó a explicar su intervención a los transeúntes. Hacía escasos segundos que había parado de llover. El público, emocionado por la “señal del cielo” colaboró con la artista a,la hora de colocar las figuras en el espacio urbano.

La mayoría de las personas que se acercaron a la plaza perdieron a abuelos o bisabuelos durante el conflicto, muchos otros no tienen vínculos familiares con la Gran Guerra y otros los han descubierto no hace mucho. El periódico local recogió numerosos testimonios que saludaron la iniciativa de Azevedo: “Es muy emocionante visitar los campos de batalla, pero hoy tengo la piel de gallina”, dijo Karen Bird, de 48 años. “Quería hacerlo en memoria de todos ellos, ya que del modo en que yo lo veo, dieron la vida por nosotros”, declaró Lisa Hodge, de 45.

El recuerdo de las víctimas anónimas es más efímero que el de los militares; desaparecen rápido y sólo dejan un rastro de frío en las entrañas de sus familiares. Quizá las escultura de Azevedo pueda recordarnos que muchas otras personas inocentes y sin nombre están muriendo ahora mismo en Oriente Próximo. Puede que quienes murieron en la Gran Guerra prefirieran mirar ahora allí donde resuenan los tiros y las bombas.

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