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Venus de cera y pelo: el estudio más bello y extraño del cuerpo humano

Durante el siglo XVIII, las 'Venus Anatómicas' trascendieron su finalidad como herramienta de divulgación médica para convertirse en atracción pública. Vistas hoy, las figuras resultan altamente turbadoras

Hubo un tiempo en el que la investigación y la formación médica dependían enteramente del poder disponer de cadáveres frescos como material de estudio. Las epidemias de la época aseguraban a priori un buen suministro de cuerpos, y si estos no llegaban por cauces normales, se robaban. Pero la ciencia médica no tardó en darse cuenta de que, en ausencia de técnicas para la conservación de los cadáveres —no existían refrigeradores y tampoco se habían descubierto las capacidades del formol—, era necesario desarrollar nuevos métodos y materiales para la enseñanza de sus conocimientos, sobre todo en materias como la anatomía y la cirugía. Así surgieron en el siglo XVII los primeros modelos anatómicos, realizados sobre todo en cera modelada, pero también en materiales como la terracota o el marfil.

El salto de los cadáveres a la ceroplástica dio lugar a unas representaciones que sorprenden por su realismo. Y no hablamos de la precisión que pudieran mostrar en la reproducción de las vísceras, los órganos o el sistema sanguíneo, sino de su apariencia externa. La ciencia y el arte escultórico colisionaban dando lugar a figuras como las llamadas Venus Anatómicas, representaciones de mujeres idealizadas que durante el siglo XVIII se convirtieron, más allá de su uso en las aulas y las consultas médicas, en presencia habitual en exhibiciones en museos y shows itinerantes de todo tipo.

"Conócete a ti mismo"

Los creadores de aquellas Venus, gente como Clemente Susini o Gaetano Giulio Zummo, no escatimaban en detalles: las proporciones de los cuerpos eran normales, las caras lucían maquillaje, algunas de las figuras exhibían ojos de cristal, pelo natural e incluso venían adornadas con joyas. ""Conócete a ti mismo" era un eslogan común asociado a aquellas exhibiciones, palabras que promovían el valor educacional de unas figuras extrañamente lujosas que, vistas ahora, confunden, intrigan e inquietan por la belleza mórbida de la que hacen gala. Una lindeza delicada y coqueta que, en algunos casos, puede llegar a transmitir cierta carga erótica.

Martin Kemp y Marina Wallace explican en su libro Spectacular Bodiesque la finalidad de muchas de las representaciones anatómicas realizadas durante el Renacimiento y hasta el siglo XIX iba más allá de que doctores, aprendices y pacientes pudieran estudiar y comprender el cuerpo, sus procesos y dolencias. En aquellas imágenes confluían los intereses de la estética, la teología y la divulgación médica. "No son simplemente diagramas instructivos para el doctor técnico, sino manifiestos sobre la naturaleza del ser humano como hecho por Dios en el contexto del mundo creado como un todo... Son representaciones de la naturaleza de la vida y la muerte".

Vida y muerte. Ciencia y arte. Cuerpo y alma. Espectáculo para las masas y herramienta para la educación académica. Las Venus Anatómicas existen sobre las lindes que separan esas categorías, impactando en nuestros ojos como una suerte de mártires que encarnan la idea de lo uncanny, una familiaridad que se mezcla con lo anómalo y que resulta altamente turbadora.

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