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Venganza porno: el delito que reina en la red

Una joven pide a Facebook 123 millones de dólares por no borrar un perfil falso con montajes pornográficos en los que se utilizaba su rostro

Una imagen de sexo explícito y salvaje, tu cara y un gran trabajo de Photoshop. O una foto erótica que un día quisiste enviar a tu pareja. Esos son los ingredientes básicos del mecanismo de venganza más extendido entre los internautas: la venganza porno.

El principios del año pasado, Meryem Ali, una joven de Houston, Texas (EEUU), empezó a recibir llamadas de sus familiares sin venir a cuento. Un perfil de Facebook con su nombre les había pedido amistad, y en su interior se desplegaba una galería de imágenes en las que Ali realizaba auténticas acrobacias sexuales con uno y varios hombres. Aunque en seguida comprendieron de que se trataba de una cuenta falsa, el realismo del retoque resultó desgarrador para esta familia musulmana de Estados Unidos. Sobre todo, no entendían quién y por qué había hecho eso su hija: “No dormímos durante días. Mis padres ni siquiera quisieron ver las fotos, e incluso a amigos míos les daban demasiado asco”, explicó Ali a Cosmopolitan.

Cuando quiso contactar con Facebook, Ali sólo encontró el teléfono del departamento de publicidad. Nadie la ayudó. Llamó al Departamento de Policía de Houston y dio su testimonio para el informe que elaboró el FBI. Pero como sucede en las películas americanas, no pasó nada hasta que Ali contrató a un abogado. Cuatro meses y medio después, Facebook borró el perfil falso.

La vendetta sexual

La “revenge porn” es un delito cibernético que ha calado en nuestra sociedad. Mejor dicho, ciertas inercias enfermizas de comportamiento en pareja han encontrado su sitio en la red. Sobre todo se da en situaciones de amor no correspondido y de rupturas sentimentales.

La venganza porno es para muchos expertos una extensión del acoso machista en la red: una de cada diez parejas ha amenazado a su compañero o compañera con publicar fotografías íntimas o eróticas en internet, y un 60% de esas amenazas se cumplen.

Sin embargo, a estas cifras hay que añadirles un matiz: este estudio de McAfee, elaborado a través de 1.182 entrevistas a estadounidenses de 18 a 54 años, revela que el 90% de las víctimas de venganza porno son mujeres. Casi todas han sufrieron estrés y desórdenes emocionales y la mitad de fueron contactadas por extraños a raíz de sus imágenes robadas.

Nuestras cuentas y perfiles en la red son vitales a la hora de relacionarnos e incluso tienen protagonismo, y consecuencias, en el entorno laboral: en esencia, son una extensión de nuestra persona y como tales, su invasión o control por parte de otras personas debería empezar a preocuparnos. No sólo el intercambio de información personal aumenta el riesgo de filtrado y de robo de identidad. Las personas posesivas consiguen las contraseñas de las cuentas de sus parejas como una “prueba de amor”, y ese espionaje y control se convierte a menudo en una herramienta de maltrato y dominación.

No son pocas las organizaciones de mujeres que están empezando a sensibilizar a los internautas y a presionar a gobiernos y legisladores para regulen este tipo de crimen, en el que una rápida respuesta es esencial para reducir el daño a la víctima. Algunas de estas organizaciones cuentan con los testimonios de centenares de mujeres que han sufrido este tipo ataque online, como Women Against Revenge Porn o End Revenge Porn. Esta última, además, ofrece toda una serie de consejos para recabar pruebas y ganar en los tribunales.

Leyes en pañales y el imperio Zuckerberg

El caso de Ali es aún más complejo porque el chico que hay detrás de los montajes fotográficos nunca llegó a tener relaciones con ella –solo salieron un par de veces– y por lo tanto carecía de este tipo de material sensible. Sin embargo, hizo uso de su imaginación y de sus dotes para el retoque digital para llevar a cabo su represalia.

Ali ha denunciado a Facebook por no reaccionar a tiempo ante una vulneración de sus derechos, y le pide 123 millones de dólares de indemnización: 10 céntimos por cada usuario de la red social que podría haber visto sus imágenes. Sin embargo, la mayoría de plataformas web se protegen de las acciones de sus usuarios bajo la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, por lo que no se espera que su caso llegue a buen puerto.

Las imágenes falsas suponen otro reto para las leyes contra la venganza porno, que están aún en pañales pero que empiezan a asomar en algunos estados americanos como Arizona (el más reciente), después de que el gobernador de California Jerry Brown firmara la primera ley contra la venganza porno en Estados Unidos el pasado año.

Las relaciones humanas bullen y producen placer y sufrimiento. Desde las cartas anónimas y las palomas mensajeras, los atajos y las herramientas para el amor pueden tener doble filo. Llevamos en el bolsillo un dispositivo que nos hace sonreír y nos ayuda a ligar, pero el smartphone, como la flecha de Cupido, también puede ser utilizado como un arma destrucción premeditada.

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