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Vault7: ¿mató la CIA a un periodista a través de un accidente de coche remoto?

Wikileaks alimenta la conspiración por la muerte de Michael Hastings, un periodista crítico con Obama, después de que se haya revelado que la CIA tenía la capacidad y el software necesario para provocar accidentes remotos en coches, a través de infiltraciones en sus sistemas electrónicos.

El 18 de junio de 2013, Michael Hastings estrelló su Mercedes C250 Coupé contra una palmera en una de las principales avenidas de Los Ángeles. El coche quedó completamente destrozado. Él perdió la vida al instante.

Lo que al principio parecía un accidente de tráfico más, se transformó con los días y los meses en una conspiración no resuelta: la CIA lo habría asesinado a través de una infiltración en el sistema electrónico del coche, provocando así el accidente.

Ahora, con las recientes revelaciones de Wikileaks sobre la CIA, la teoría ha resucitado. Vault7 —el nombre que ha recibido esta última filtración masiva— ha sacado a la luz que la agencia de inteligencia estadounidense tenía entre sus objetivos alcanzar la capacidad tecnológica para provocar este tipo de accidentes.

La organización liderada por Julian Assange asegura en el resumen de Vault7 lo siguiente: “Desde octubre de 2014 la CIA estaba detrás de hackear los sistemas de control que usan los coches y camiones modernos. El propósito de estas operaciones no se especifica, pero podría permitir a la CIA ejecutar asesinatos casi indetectables”.

Un periodista que perseguía a la CIA

Cuando murió, Hastings tenía 33 años. Había sido corresponsal de guerra en Irak y Afganistán. En ese momento, trabajaba como reportero de Seguridad Nacional para BuzzFeed y era colaborador de la revista Rolling Stone.

Apenas 11 días antes del presunto accidente, Hastings había escrito un artículo titulado “Por qué a los Demócratas les encanta espiar a los estadounidenses”. La pieza era una dura crítica a la política de vigilancia y seguridad de la Administración Obama, que en ese momento había saltado al debate público por las revelaciones del exoperador de la NSA Edward Snowden.

En ese artículo, el periodista acusaba al Gobierno de Obama y a sus aliados en el FBI y el Departamento de Justicia de ejecutar “una guerra sucia contra activistas pro-transparencia, filtradores de información y periodistas de investigación”.

Aquel texto, además, no había sido el único en esa línea. Su trabajo en los meses anteriores había seguido pistas comprometidas de la vigilancia policial a la que estaban sometidos los ciudadanos de EEUU.

El periodista Michael Hastings

Seis semanas después del supuesto accidente, la viuda de Hastings, Elise Jordan, reveló que su marido estaba trabajando en una importante investigación sobre el entonces director de la CIA John Brennan. Jordan declaró entonces a la CNN que su marido estaba detrás de una “gran historia”.

“Siempre tenía, como mínimo, cinco grandes historias en desarrollo. Ese era Michael. Aunque la policía todavía tiene la investigación abierta, mi instinto me dice que se trató de un trágico accidente y que he sido muy desafortunada, el mundo ha sido muy desafortunado”, aseguró Jordan en la entrevista.

Asesinatos selectivos en medio de la autopista

A pesar de que su propia viuda no creyó en una conspiración detrás de la muerte de Hastings, el exagente de inteligencia Richard A. Clarke, Coordinador Nacional de Seguridad, Protección de Infraestructuras y Contraterrorismo de la CIA, aseguró al Huffington Post que las características de la muerte del periodista podrían coincidir con las de un ataque remoto a la electrónica del coche.

“Lo que han revelado algunas investigaciones en universidades —dijo Clarke— es que es relativamente fácil hackear el sistema de control de un coche y provocar cosas como la aceleración cuando el conductor no quiere acelerar, bloquear los frenos o inutilizarlos cuando el conductor quiere frenar, activar el airbag... Puedes hacer cosas realmente destructivas ahora a través del hackeo de un coche, y no es tan difícil. Así que si en este caso hablamos de un ciberataque al coche —que no estoy diciendo que lo haya habido— pienso que quién fuera que lo hiciera podría haberlo ejecutado sin ser descubierto”.

En febrero de 2015, el jefe de innovación de la DARPA (la agencia de aplicaciones tecnológicas militares de EEUU), Dan Kaufman, demostró en la CBS la capacidad para hackear y controlar de manera remota un coche. Meses más tarde, la revista Wired consiguió lo mismo con otros dos hackers sobre un SUV de Jeep, del que podían controlar el volumen de la música, la temperatura del climatizador o los elevalunas, entre otras cosas como los frenos o los pedales.

Las declaraciones de Clarke, el exagente de la CIA, se sumaron a los testimonios del presunto accidente, que declararon que el coche viajaba a toda velocidad y despedía chispas y llamas antes de salirse de la carretera y colisionar. Estos testimonios fueron recogidos por la propia policía de Los Ángeles y difundidos por la cadena local CW6 San Diego.

¿Indicios de un asesinato?

La misma cadena informó que Hastings habría recibido una amenaza de muerte antes del accidente por parte de un miembro de personal del McChrystal Group, una firma de asesoría militar y de seguridad, en referencia a un pasaje crítico de su libro The Operators: The Wild and Terrifying Inside Story of America’s War in Afghanistan.

Hastings también ganó en 2010 el premio George Polk de periodismo por su historia “The Runaway General” (“El general a la fuga”) publicada en Rolling Stone, y que precipitó la dimisión de Stanley McChrystal, máximo comandante de las fuerzas aliadas en Afganistán y posterior fundador del grupo de seguridad que lleva su nombre, desde el que Hastings habría sido amenazado.

A esto se suma un email que el periodista envió 12 horas antes de su muerte, en el que avisaba a su círculo profesional y familiar más cercano que trabajaba en una gran historia (como luego confirmaría su viuda) y que el FBI le estaba investigando.

La autopsia de Hastings concluyó que el periodista estaba bajo los efectos de anfetaminas y de marihuana en el momento del accidente. Sin embargo, por las características del suceso, se descartó que ambas sustancias tuvieran una correlación directa con el choque

“Los federales están interrogando a mis amigos. Sería prudente que tengáis que asesoraros legalmente antes de cualquier conversación o interrogatorio sobre nuestra forma de levantar información. Estoy en una gran historia y desapareceré del radar por un tiempo. Os deseo lo mejor, espero veros pronto. Michael”, decía el email, según recoge News.com.au.

La autopsia de Hastings concluyó que el periodista estaba bajo los efectos de anfetaminas y de marihuana en el momento del accidente. Sin embargo, por las características del suceso, se descartó que ambas sustancias tuvieran una correlación directa con el choque, según informó la agencia Associated Press poco más de un mes después del accidente.

El general Stanley McChrystal

Según miembros de su familia, el periodista había estado 14 años sin tomar drogas y apenas un mes después del accidente había vuelto a consumir DMT, aunque no se encontraron restos de la sustancia después de que mueriera. Hastings también tenía autorización para el consumo de marihuana medicinal, para sobrellevar sus episodios de estrés postraumático ocasionados por su trabajo en la guerra.

Wikileaks, con Trump, contra las agencias de inteligencia

Este cúmulo de indicios aparentemente interconectados llevaron a los usuarios del canal de “conspiraciones” de Reddit a especular sobre la posible responsabilidad de los servicios de inteligencia detrás de la muerte de Hastings.

La envergadura de las sospechas fue tal en 2013 que el FBI publicó una declaración del todo inusual en la que se libraba de toda responsabilidad sobre el suceso, y en la que negaba también que hubiera estado vigilando los movimientos del periodista.

Ahora, los mismos usuarios de Reddit que respaldaban la tesis de que la muerte de Hastings fue un asesinato, han resucitado su teoría respaldados por las revelaciones de Wikileaks. Estas, si bien describen con un acierto casi probado la capacidad de la CIA para ejecutar asesinatos selectivos en vehículos, no mencionan en ningún momento el nombre del periodista.

Sin embargo, ha bastado levantar de nuevo las sospechas para que personajes de internet ligados a foros de la Alt-Right y partidarios de Donald Trump hayan atacado con virulencia a los servicios de inteligencia. Personajes relevantes como Kim Dotcom, Cate Long, Cassandra Fairbanks o Paul Joseph Watson han sido algunos de ellos.

La revelación de Wikileaks y el apoyo masivo del aparato de internet pro-Trump contra la CIA se produce después de meses en que el propio presidente ha puesto en duda la fiabilidad y la lealtad de la comunidad del espionaje en Estados Unidos.

Entre otras acusaciones, Trump los ha responsabilizado de la guerra sucia de filtraciones que han sacado a la luz los lazos de miembros de su administración con Rusia, y que sitúan a la potencia del Este como un actor clave que intervino en las elecciones a favor de su candidatura.

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