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Van Gogh te escucha: un artista clona su oreja y le da vida

No hablamos del grupo donostiarra, sino de la famosa oreja del pintor holandés, que un artista alemán ha reproducido a partir de muestras de ADN

Cuando uno piensa en Vincent Van Gogh probablemente lo primero que viene a la cabeza es la icónica imagen de un tipo con el pelo rojo y una venda alrededor de la oreja izquierda. Las razones por las que el pintor holandés acabó mutilándose son confusas. Aunque siempre se ha apuntado a un desengaño amoroso y sus problemas mentales agravados por el alcohol, otras versiones señalan a una trifulca de borrachuzos entre él y su amigo/enemigo Paul Gaugin. Sea como sea, esa oreja ha acabado desarrollando una especie de vida propia a lo largo del tiempo. Y ahora esa expresión ha cobrado un sentido literal: el artista alemán Diemut Strebe ha creado una réplica casi exacta de la oreja, que no sólo ha sido cultivada a partir de ADN de Van Gogh, sino que está viva y reacciona al sonido.

Eso es: ahora mismo mientras lees hay una réplica de la oreja de Van Gogh viviendo en una cuba de solución azucarada en el Center for Art and Media de Karlsrühe, Alemania. Y si le hablas, los tejidos reaccionan a tu voz, la filtran y generan una respuesta sonora a través de un altavoz. La obra se llama Sugababe, y su responsable la creó con ayuda de los genetistas Robert Langer (MIT) y Charles Vacanti (Harvard), los mismos que hace casi veinte años se hicieron famosos por conseguir cultivar una oreja en el lomo de un ratón.

Pero, ¿cómo es posible que esa oreja sea la misma que Van Gogh se cortó? La idea es que lo es y a la vez no lo es. El cultivo del tejido se hizo a partir de muestras del propio pintor, extraídas de un viejo sobre en el cual había dejado restos de saliva, y de tejidos cedidos por Leuwie Van Gogh, un tataranieto que se ofreció amablemente al experimento. Del ADN de Leuwie sólo se pudo extraer el cromosoma Y de la familia, por lo que en realidad en la reconstrucción de la oreja falta información, la que proporcionan los cromosomas femeninos. Pero además, como obra de arte, Sugababe quiere plantear la vieja paradoja de Teseo: ¿Si un barco es totalmente reensamblado con piezas nuevas, sigue siendo el mismo barco? Así pues, ¿Una oreja reconstruida genéticamente es la misma oreja?

Aunque Strebe no se considera a sí mismo un “biodiseñador”, lo cierto es que su obra entra de lleno en una corriente muy en boga en los últimos tiempos en el mundo del arte: aquella que busca borrar las barreras entre creación artística y vida, pero ya no desde el campo del pensamiento como predicaban los surrealistas, sino manipulando directamente el mismo tejido de la existencia biológica. El símbolo de este movimiento, el conejo fosforescente creado por Eduardo Kac ya hace 14 años, establece el estándar de una aproximación polémica pero fascinante al mundo del arte y a lo que somos en esencia.

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