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¿Va de penes? Ellas también pondrán el suyo sobre la mesa

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La escultora estadounidense Holly Wilson propone un diminuto pene de bronce como amuleto para que las mujeres no se intimiden ante interlocutores sexistas. A ella le funcionó.

Carlota Ming

27 Marzo 2014 10:37

Si eres mujer, y si no también, sabrás que en ocasiones los interlocutores masculinos no toman en serio -e incluso subestiman- la opinión del género femenino. En lo que puede parecer una actitud prehistórica, el paternalismo de algunos jefes, funcionarios y listillos aparece porque no nos consideran potencialmente violentas ni peligrosas, sino débiles e impresionables.

Harta de ser la Erin Brockovich del arte, la escultora Holly Wilson ha tomado una determinación creativa para poder lidiar con hombres sexistas. Se trata de un arma secreta que le da fuerzas a la hora de negociar: un pene de bronce fundido de una pulgada y media.

Todo surgió hace un año. Holly había llegado a un acuerdo con una galería en la que iba a exponer y vender sus obras. Ella se llevaría dos tercios de las ganancias por cada venta. La apertura fue muy bien y se vendieron varias piezas. Al día siguiente, Holly se encontró con que los dueños de la galería querían revisar el trato e ir al 50%: “Me hundí. Llevo veinte años en el mundo de la fundición, pero quedó claro que no valoraban lo que estaba haciendo. Llamé a mi marido y le pregunté: ‘¿Qué harías en una situación así?’ Me dijo que se sacaría la polla. Me di cuenta de que si tuviera una, la galería no me hubiera hecho esto”.

Ante los comentarios jocosos que puedan surgir, Wilson desmiente que su estrategia se base en amenazar o lanzar a la gente penes diminutos: “Más bien, se trata de recordarnos a nosotras mismas la única razón por la que estamos siendo devaluadas, un apéndice del que carecemos”. Es muy probable que este caso hiciera las delicias de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, que estableció el síndrome de "Envidia del pene" en las mujeres. La iniciativa de Holly Wilson demostraría su teoría. Sin embargo, la artista insiste en la dimensión práctica del objeto: funciona, y cada mujer puede usarlo como mejor le convenga. Ya sea como gesto desmitificador del falo todopoderoso, como broma con una misma, como objeto para la autosugestión o como amuleto.

La escultura ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding con la que pretende crear más prototipos, y que otras mujeres puedan poner sus penes sobre la mesa o agarrarlos durante tensa discusión: “Si todo lo que nos separa es esto, aquí está el mío. Ahora vayamos al grano”.

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