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La historia del gol más trágico y heroico de un mundial de fútbol

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En España '82 la selección de El Salvador marcó el tanto más insignificante de la historia de los mundiales... excepto para su propio país

Ignacio Pato

03 Marzo 2015 11:56

Mundial de España, 15 de junio de 1982. Estadio Martínez Valero de Elche. Hungría – El Salvador. Minuto 64. Gol de Luis Ramírez Zapata.

Es el único gol de El Salvador en la historia de los mundiales de fútbol. Un gol que de por sí no significó nada en la competición, pero sí en la identidad de uno de los países más castigados en la década de los 80, como nos muestra el documental Uno: la historia de un gol, proyectado ahora en el Offside Fest de Barcelona.

Esta es su historia.

Entre la guerrilla y el ejército

El país se había paralizado para ver ese partido. Y El Salvador paralizado en junio de 1982 quiere decir una tregua popular y momentánea entre tanta muerte. El país atravesaba los peores momentos de una guerra civil que había comenzado dos años atrás y que no acabaría hasta 1992. Medio mundo había sabido ya de monseñor Óscar Romero acribillado a balazos mientras denunciaba en misa los excesos de ejército contra civiles. “Cese la represión” fueron sus últimas palabras.

El balance de víctimas sería de unas 100.000, entre muertos y desaparecidos.

En aquel momento hubo guerra y siempre hubo fútbol. Había bombas en cualquier lugar menos donde jugaba la selección. La Selecta, los cuscatlecos, iban a ir eliminando rivales en el Hexagonal centroamericano de camino al Mundial de España. En medio, siempre presente, la muerte. El Salvador había tenido que pasar a jugar sus partidos por la mañana para esquivar el toque de queda de la guerra.

Cuentan los propios jugadores que recibían tratos equitativamente deferentes por parte tanto de la guerrilla como de los militares de la Guardia Nacional. No les afectaban los paros de transporte, la gente seguía yendo al estadio. La propia guerrilla, en sus controles de carretera, animaba a los jugadores a que no la fueran a cagar en el Hexagonal. Todo el país quería estar en España a través de aquellos futbolistas. Les representarían a todos. Faltaba el último paso: eliminar a México, la favorita.

“En Centroamérica se juega con una pelota cuadrada”, “lo que tú ganas en un año lo gano yo en un día”, les decía a los salvadoreños la nueva estrella mexicana Hugo Sánchez. A estas provocaciones, la selección contestó con una victoria por 1 a 0. El jugador Paco Jovel define así el ambiente: “Dicen que fue como una Navidad”.

El Salvador estaba en España ’82. No había tiempo para la resaca, comenzaba otra gesta.

Una colecta para jugar el Mundial


El Salvador tarda dos días y medio en llegar a Madrid entre diversos vuelos por toda Centroamérica. Los jugadores han tenido que hacer una colecta para comprar los billetes. El autobús que les espera en Barajas tiene los colores de la selección mexicana, debido a la incerteza de que los salvadoreños pudiesen finalmente viajar hasta España.

Alojados en un polígono de tiro a las afueras de Alicante, a los jugadores su federación únicamente les da un uniforme. No pueden ni intercambiarlo con los rivales. Con solo tres o cuatro balones para que entrenen 20 futbolistas, el mundial empieza sólo tres días después de que El Salvador pisara España, sin reponerse aún del cambio horario.

Y en esas llega el debut contra Hungría. El Salvador se pone a jugar de tú a tú a los magiares y al poco de la segunda parte ya pierden 5-0.

Minuto 64. Gol del Pelé Zapata. Es el uno salvadoreño.

5-1. “Ahí viene el 5-2”, evoca en su pensamiento el Pancho Osorto. Pero nada más lejos de la realidad. El marcador final es de 10 a 1.

La mayor derrota de la historia de los mundiales. Paliza y verbena en los titulares de prensa. Lágrimas en el vestuario. "No somos tan malos", clama el mejor jugador, Jorge Mágico González.

Después llegaría Bélgica, que solo pudo ganarles con un gol de falta. Cuatro días más tarde, en Alicante, El Salvador jugó contra el campeón del mundo, Argentina. El encuentro se saldó con un 2-0 –y no un 11-0 como prometía Maradona– que significó el final de la participación en el campo de juego. Quedaba el regreso a casa, a la guerra.

Casa. Guerra. Uno


Parte de los directivos del fútbol salvadoreño habían ordenado a los clubes no contratar a los seleccionados culpables del desastre contra Hungría. Para el portero Luis Mora, la muerte rondaba cerca: le ametrallaron el coche y sobrevivió de milagro. 22 impactos de bala. Más que los años que tenía en ese momento: 17.

Sin embargo, con tesón logró salir a jugar fuera, en Estados Unidos y en el propio Murcia. Otros jugadores terminaron jugando también en Europa. Es el caso del Pajarito Huezo y sobre todo de Mágico González, que marcaría una época en Cádiz con un estilo anárquico tanto dentro como fuera del estadio.

Poco a poco, la perspectiva y la cordura se fueron imponiendo y los jugadores fueron vistos como héroes. No fue fácil llegar hasta aquel gol. Ni poder marcarlo. Aquellos futbolistas del 10-1 no eran responsables de lo que ocurría en casa.

Porque la guerra continúo en el maltratado El Salvador. Las bazucas antitanque y AK-47 guerrilleros, las torturas de la Guardia Nacional, la CIA, la URSS, los sandinistas y los escuadrones de la muerte fueron desfilando hasta finales de los 80. En noviembre de 1989, un batallón del ejército salvadoreño entrenado por Estados Unidos asesina a 8 civiles, casi todos jesuitas españoles. La comunidad internacional presiona y en 1992 se firman los acuerdos de paz.

A lo largo de ese año se disuelve la temible Guardia Nacional y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) pasa a convertirse en partido político. Hoy, Salvador Sánchez Cerén, uno de los dirigentes históricos de la guerrilla, es presidente de El Salvador.

En un momento en el que un país entero se desangraba y en el que la única defensa de la patria parecía estar en la empuñadura de una metralleta, aquella selección de El Salvador encontró otra manera de honrar a la bandera. Marcar un gol. Nada más uno.

Hungría declaraba a la prensa que no sería un partido fácil

Tras el gol salvadoreño, el portero húngaro trataba de perder tiempo sin devolver el balón

Guy Thys, seleccionador belga, despreciaba a El Salvador. Les ganaron solo por 1 a 0

A Argentina le faltaron 9 goles para llegar a esos 11. A Maradona, 11

Un grupo de civiles trata de escapar de un bombardeo del ejército a finales de los 80

Finalmente, los futbolistas del 82 son considerados héroes en su país

Monseñor Romero, asesinado al inicio de la guerra civil, sigue presente en los muros de El Salvador


¿Qué es la mayor paliza de la historia de los Mundiales comparada con una guerra civil?



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