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La Unión Europea pone en marcha un proyecto para evaluar la toxicidad de los productos cotidianos

La iniciativa HBM4EU medirá la presencia de sustancias químicas como los bisfenoles o ftalatos en el cuerpo de los europeos

En nuestro día a día, nos rodeamos de un sinfín de productos químicos. Están presentes en lugares tan dispares como biberones, desodorantes, automóviles, ropa, limpiadores, cosméticos, smartphones o envases de plástico. A pesar de que se debe evaluar el riesgo de una sustancia antes de aprobar su utilización, los estudios que se llevan a cabo para tal fin a menudo no son suficientemente completos o no logran determinar el impacto real y a largo plazo que  determinados componentes pueden tener sobre nuestra salud. Más teniendo en cuenta que las pruebas se realizan con animales. Al final eso se traduce en que  la industria se vale a menudo de algunos compuestos sobre los que se tiene una idea muy vaga.

¿Un ejemplo?

La talidomida, el fármaco que se comercializó para tratar la ansiedad, el insomnio y las náuseas de las embarazadas, acabó causando graves malformaciones en los bebés nacidos. Los hijos de la talidomida representan la necesidad de luchar contra el desconocimiento.

Por eso, para supervisar el impacto de posibles sustancias tóxicas, la Unión Europea aprobó recientemente la Iniciativa Europea de Biomonitorización Humana (HBM4EU), un proyecto dotado con 74 millones de euros que comenzará el próximo 1 de enero y durará 5 años.

Esta biomonitorización consiste en vigilar la exposición de las personas a los químicos midiendo su presencia en nuestros cuerpos a través de análisis de sangre, orina, leche materna o tejidos como pelo y uñas. Combinando esta información con los estilos de vida de esas personas y sus historiales clínicos, se arroja luz sobre si ciertos componentes resultan dañinos.

Algunos químicos se utilizan en la fabricación de productos tan variopintos como jueguetes, pinturas o geles de baño

El proyecto, en el que están involucradas 100 instituciones de 26 países europeos, se va a centrar en nueve productos químicos muy presentes en nuestra vida diaria. Entre ellos se incluye a los bisfenoles, utilizados en todos los envases y botellas de plástico, los retardantes de llama, empleados para recubrir textiles o en dispositivos electrónicos para que sean menos inflamables, y los ftalatos, que están presentes en productos tan variopintos como juguetes, pinturas o productos de aseo personal.

La iniciativa no solo tendrá en cuenta el riesgo de una sustancia individualmente, sino estudiará cómo interfieren en nuestro organismo cuando se presentan de forma combinada.

Como reconocía Vytenis Andriukaitis, el comisario europeo de Salud y Seguridad Alimentaria, "todos estamos expuestos a una mezcla compleja de productos químicos en nuestra vida cotidiana a través de alimentos, agua potable o partículas en el medio ambiente" pero "la comprensión de su impacto en la salud es limitada".

"Hay que estudiar los efectos a largo plazo y lo que sucede con las dosis", decía Argelia Castaño, directora del CNSA – ISCIII, a El País. Una persona "desarrolla alzhéimer, párkinson o cáncer y cuando se pregunta por qué, la gente se encoge de hombros sin saber que hay subgrupos de la población con unos cócteles tóxicos muy importantes en su organismo", añadía el investigador Miquel Porta al mismo periódico.

La evaluación del riesgo no implica que todos los químicos estudiados resulten peligrosos. El objetivo es asegurarse de que no lo son. La Unión Europea pretende con esta iniciativa que esta valoración abarque a todo el continente entrecruzando los datos, en lugar de que sea cada país quien lo haga por separado. " Cuanto más sepamos, mejor podemos proteger la salud humana", se concluía en un comunicado.

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