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Y Ulises saltó la valla de Ceuta

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"Partir para contar" es la historia de Mahmud Traoré, un joven que tardó tres años en viajar de Dakar a Sevilla y que narra una poderosa odisea en primera persona

Alba Muñoz

13 Marzo 2014 13:01

Les hemos visto gritar ante las cámaras con los brazos extendidos, como las figuras de los fusilamientos retratados por Goya. Brincan, lloran, suplican, corren todos juntos, iguales, y de fondo una voz en off: “30.000 subsaharianos se avalanzan sobre la valla de Ceuta”. Algunos nos han susurrado su travesía, un resumen: quiénes les esperan, quiénes les persiguen, que no tienen nada que perder. Hasta ahora, el periplo de un migrante nunca se había contado así.

“Partir para contar” (Pepitas de Calabaza, 2014) es la historia de Mahmud Traoré, un joven que tardó tres años en viajar desde Dakar a Sevilla y que, alcanzado su destino en 2010, se lo contó todo a Sonia Retamero. Durante treinta horas de conversación grabada, le narró una odisea particular que es la de muchos y la de ninguno, que nos queda a un océano de distancia y de la que sin embargo creemos saberlo todo. Retamero entregó la grabación al escritor y periodista Bruno le Dantec, quien se encargó de trasladar esta odisea a la palabra escrita.

Mahmud Traoré cuenta los motivos que lo impulsaron a irse y las lecciones que hoy día extrae de su decisión. Sobre todo, rompe la maldición de la mayoría de relatos que tratan de arrojar luz sobre la polvorienta ruta a El Dorado europeo: aquí, por una vez, el inmigrante es protagonista y voz de su propia historia.

Mahmud escapó de la pobreza, de la vida en el campo, sin haber cumplido los veinte. Atravesó el Sahel, el Sáhara, Libia, el Magreb y el 29 de septiembre de 2005 participó en un asalto multitudinario a la valla de la frontera de Ceuta, el primero de este tipo que se difundió en las televisiones españolas: “La mayoría murieron por disparos de bala, otros fueron pisoteados durante la avalancha y algunos dicen haber visto a desgraciados abrirse el vientre sobre las concertinas de púas, o ser alcanzados por una bala en lo alto de la valla y morir arriba, suspendidos entre África y Europa”.

A través de estas páginas, uno puede ir más allá de la versión simplista que achaca a las mafias y a los traficantes de seres humanos el fenómeno migratorio en la fronteras sureñas de Europa. Mahmud habla de los campamentos clandestinos en el desierto, proto-estados donde los chairman, los padrinos que gobiernan, obtienen tanto provecho como intermediarios entre migrantes y traficantes que ni siquiera tienen la necesidad de soñar con Europa. También habla de los ataques, saqueos y extrema violencia de la policía marroquí, a menudo causa de las carreras en masa hacia la valla: “Los Alís lo destruyen todo a su paso, tanto chozas como provisiones. Antes de mandarlos al desierto, a los que detienen les dan una paliza de muerte y les roban todas sus pertenencias”.

“El aire caliente y denso te corta la respiración, te falta el aliento, te entra el pánico. […] Oteamos el horizonte en busca de una señal de vida, un oasis, un pozo, una ciudad, pero no hay nada, salvo espejismos ondulantes que engañan nuestra vista. Hasta he creído ver el mar a lo lejos, al alcance de un último sprint, como si el Mediterráneo avanzara y viniese a nuestro encuentro”. Mahmud sobrevivirá a base de leche en polvo con azúcar, verá machetazos y deberá defenderse en el interior de una furgoneta atestada. Contará por qué en África, cada procedencia es una marca, un destino, y sólo resisten los más fuertes.

El clandestino no sólo tiene motivaciones materiales para jugárselo todo. En su caso, también está el orgullo y la curiosidad, la simple fuerza de un joven para lanzarse a un rito de iniciación en el que tendrá que lidiar con el brutal negocio de las fronteras sin poder dar marcha atrás.

Nos mostrará la inmesidad de la pequeñez, la felicidad del miserable, de qué está hecha la fuerza para insistir en seguir vivo: “Un di?a le echo una mano a una sen?ora que esta? de mudanza y me paga sesenta euros. Es la primera vez que me pagan tan bien. Estoy loco de alegri?a y para celebrarlo doy unos pasitos de danza en nuestro dormitorio”.

"Partir para contar" no sirve sólo para concienciarse o entrenar el espíritu compasivo, ni para comprender que la actual política refractaria de inmigración europea no es sostenible ni humana. Este libro es el relato imprescindible de este siglo: si Ulises se reencarnara en un hombre contemporáneo, sería un magrebí o un subsahariano.

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