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“Mi vida corre peligro en cualquier país con vínculos con China”

Iniciamos una serie de testimonios con activistas que han sufrido distintos tipos de persecución política a lo largo de todo el mundo. Hoy, Dolkun Isa, perseguido por su defensa de los musulmanes en China

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Después de combatir la brutalidad del Gobierno chino durante casi 30 años, el activista uigur Dolkun Isa fue arrestado donde pensaba que sus tentáculos jamás podían alcanzarle. El 26 de julio, Isa iba camino al Senado italiano cuando fue rodeado por más de 15 miembros de la operaciones Especiales de la policía italiana. Su intención era denunciar delante de los políticos italianos la represión que sufre su pueblo en el gigante asiático.  

"Corro peligro en cualquier país que tenga negocios con el gobierno de Xi Jinping. Pero nunca me había pasado en un lugar como Italia. Eso significa que ahora puede ocurrir en cualquier parte. Que nunca parará de atacarme", lamenta a PlayGround. "El actual presidente de la Interpol – Meng Hongwei – es chino, así que supongo que eso tuvo algo que ver", añade.

Durante su detención, lo agentes italianos le informaron que había sido detenido a petición de China, que se opone a cualquier intento de actividad política de los uigurs. Tres meses antes, Isa fue detenido en Nueva York camino a la ONU donde iba a denunciar el trato que le da el gigante asiático a la minoría. No era la primera vez, también ha sido detenido en Corea del Sur, Suiza y Turquía.

Siempre por las mismas razones.

Al régimen comunista y a los uigures, etnia de mayoría musulmana de la región china de Xinjiang, les enfrenta un largo historial de discordia. La vida de Isa no puede despegarse ni un milímetro del sufrimiento que décadas atrás comenzó a sufrir su pueblo.

                                                                                                                                                                   ARTE PG / Dolkun Isa

I. Discriminados por ser diferentes

Lo que hoy se conoce como Xinjiang, para los uigures es Turquestán Oriental. Tras formar parte de China desde el siglo XVIII, los uigures gozaron de un breve periodo de independencia en 1933. Se sentían diferentes. Pero con la victoria de Mao Zedong en 1949 todo cambió. No tuvieron más opción que volver a formar parte del país que acabaría percibiendo su singular identidad como una amenaza para la estabilidad del estado, indica a PlayGround el activista de la misma etnia residente en Turquía, Abduweli Ayup.

Los uigures, musulmanes más emparentados con los pueblos de Asia Central que con los chinos Han, suponen apenas el 9% de la población de China pero desde la Gran Revolución Cultural su fe y sus costumbres son reprimidas sistemáticamente y Xinjiang una región rica en petróleo y gas pero infraestructuralmente abandonada.

Durante los ochenta, Isa fue testigo de la impasibilidad de las autoridades ante la devastación de decenas de escuelas uigures y ante pintadas que les llamaban esclavos. Sus derechos se limitaban cada vez más con la intención de difuminar su identidad.

Un día dijo basta.

El 15 de junio de 1988, se puso al frente de una protesta para reivindicar los derechos arrebatados y se enfrentó a los militares que habían cercado la Universidad de Xinjiang. Pero aquel paso adelante le dejó eternamente atrapado en la mirada del gobierno. Después de vivir bajo arresto domiciliario durante cuatro meses y de ser expulsado de la facultad, la tenacidad de su activismo terminó obligándole a abandonar el país.

"Corro peligro en cualquier país que tenga negocios con el gobierno de Xi Jinping. Pero nunca me había pasado en un lugar como Italia. Eso significa que ahora puede ocurrir en cualquier parte"

II. Abusos disfrazados de lucha contra el terrorismo

Después de que Isa se estableciera en Alemania en 1996 para empezar la gira mundial en la que denunciaría la persecución de su pueblo, llegaron las masacres. La primera se desencadenó con las protestas de febrero de 1997, donde hubo 9 víctimas mortales según el Gobierno y miles de detenidos. Sin embargo, los uigures aseguran que los muertos podían contarse por centenares. "Fue el comienzo de todo. Se incrementaron las detenciones arbitrarias, las ejecuciones y las torturas que nos han traído hasta el conflicto actual", lamenta Ayup.

La segunda, ocurrió 12 años después. El 5 de julio de 2009, una manifestación pacífica acabó con enfrentamientos entre la policía y los uigurs. Se cree que murieron al menos 156 personas. Más de 1.000 según investigaciones de Isa.

Ocho años antes, tras los atentados del 11 de septiembre en EEUU, el Gobierno chino aprovechó la islamofobia campante por el mundo para denunciar a los uigures. Les llamaron terroristas. Intensificaron la represión. Y acabaron con la existencia de cualquier atisbo de seguridad.

Isa tampoco escapó de tal consideración.

Al denunciar la situación de los uigures ante la ONU, el Parlamento Europeo y otras organizaciones humanitarias internacionales, en 2003 su gobierno le incluyó en la lista de terroristas. Aquella acusación fue más que suficiente para exigir a Alemania que le enviara de vuelta al país que quería matarle. "En China me hubiesen condenado a muerte porque se me considera un terrorista. Solo tenemos que recordar el caso del activista Liu Xiaobo, a quien dejaron que el cáncer de hígado le matara en prisión", detalla Isa. Alemania le había salvado la vida. Pero para los que quedaron en el gigante asiático no existe el sosiego.

De acuerdo con ambos activistas, hoy el terrorismo también justifica la prohibición de lucir burkas y barbas, redadas en hogares en los que se sospecha que hay familiares rezando juntos y encarcelamientos en "centros de reeducación" en los que se lava el cerebro a los arrestados para despojarles de su cultura. "Para el gobierno chino todo el sufrimiento que el Estado Islámico está sembrando por el mundo es nuestra culpa", agrega Ayup.

                                                                                                                                                                               Getty Images

Esta clase de maltratos, junto con la prohibición de enseñar el islam en los hogares y en las mezquitas, han sido el caldo de cultivo de la ira de algunos y del radicalismo de otros. A pesar de que ambos se expresan con atentados puntuales, el actual ambiente controlador veta la posibilidad de que surjan grupos fanáticos. "No hay forma de hacerlo en una sociedad en la que te tachan de extremista por llevar chilabas o por negarte a beber alcohol", sostiene Isa.

III. Masacres, torturas y detenciones arbitrarias

Con la llegada de los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008, el panorama se agravó. Hubo arrestos masivos en nombre de la seguridad nacional sin pruebas que señalaran a los "culpables". Desapariciones repentinas. Fue allí cuando Isa hizo un llamamiento para boicotear el evento deportivo.

"Para el gobierno chino todo el sufrimiento que el Estado Islámico está sembrando por el mundo también es nuestra culpa"

"Los Juegos Olímpicos envían un mensaje de igualdad y paz al mundo. Y China no tenía ni tiene la humanidad que requiere acoger el acontecimiento", condenó el activista. Pero ni las ruedas de prensa ni las protestas en lugares como Australia, Estados Unidos y Turquía frenaron su brutalidad. Un año después Isa fue arrestado en Seúl durante tres días mientras otros sufrían el infierno carcelario chino.

Ayup pasó por las celdas chinas en 2013 tras organizar una conferencia en la que se expondrían medidas para proteger su lengua y la de otras minorías. "El primer día me sacaron la ropa delante de 20 presos que después me dieron una paliza. Me tocaron y abusaron de mí de otras formas que prefiero no contar", recuerda. Aquello solo fue el prinicipio. Las torturas de otros reclusos, instigados por los guardias, fueron la constante de sus 15 meses de encarcelamiento. 

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En los últimos años, el conflicto uigur ha adquirido una relevancia internacional que 10 años atrás hubiese sido inimaginable, gracias en gran medida al trabajo que realiza Isa desde el Congreso Mundial de los Uigurs que dirije desde Alemania. Sin embargo, el Estado chino sigue silenciando a los activistas y acusándoles de terroristas y separatistas. De acuerdo a Amnistía Internacional, la situación de los uigures tiene demasiadas cosas en común con la de los tibetanos, pero de los primeros nadie habla.

Pero para un activista incansable que ha aprendido que el silencio solo hace más fuerte al enemigo, no hay intimidaciones que le frenen. Isa no está dispuesto a darse por vencido y ni siquiera las detenciones fuera de China conseguirán amedrentarle. "Vamos a seguir luchando por ello. No tenemos otra opción", sentencia.

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