Actualidad

Soy un turker, soy un esclavo de internet

Si no quieres saber la verdad sobre la red, no sigas leyendo

Después de leer esto, puede que tu percepción de internet cambie para siempre. Si quieres creer que ahora mismo estás conectado a un prodigio inmaculado de la ciencia, a un volcán de conocimiento y nuevas posibilidades, detente aquí.

Internet no es tan listo como piensas. Detrás de todos estos píxeles hay cientos, miles de esclavos que lo hacen funcionar. Y no son chips, sino personas de carne y hueso.

Hace dos meses, el periodista Bassam Tariq conmocionó a los lectores de The New Yorker con un sorprendente documental sobre los 'turkers', los obreros que se ocupan de hacer el trabajo sucio del ciberespacio: porque hay tareas que una máquina no puede hacer, de las que cualquier ser vivo detesta ocuparse.

¿El salario? Entre 0 y 1 dólar la hora

Estos trabajos se conocen como HITS, 'Human Intelligence Tasks', y consisten en cosas como taguear fotos, transcribir recetas escritas a mano, hacer encuestas, denunciar contenidos inapropiados o grabar audios con su voz para los traductores online.

Al principio de su investigación, Tariq se encontró con un muro de silencio: escribió en Reddit, en foros, buscando turkers dispuestos a hablar desde las catacumbas. Nadie contestó.

Hasta que se le ocurrió actuar según la lógica de estos esclavos silenciosos: puso un anuncio en la web donde la mayoría de ellos de ellos buscan HITS: la página de Amazon Mechanical Turk

Puede que la definición más aproximada de este portal sea la de una gasolinera polvorienta en medio de una autopista de internet: los usuarios esperan a que pase por allí algún patrón que les ofrezca cualquier labor.

¿El salario? Entre 0 y 1 dólar la hora. Y Amazon se queda con el 10% de las ganancias en caso de que existan.

El periodista ofreció 5 céntimos de dólar a los turkers a cambio de su testimonio. Y entonces empezaron a llegar los candidatos. Preguntó por chat a varios turkers: "Os estoy pagando a través de Mechanical Turk para hacer este documental sobre vosotros. ¿Es esto extraño?".

L as respuestas fueron claras:

"¡De esto va mechanical turk!".

"Lo único que encuentro extraño es que preguntas muchas cosas a cambio de una cifra ridículamente baja. Tienes suerte de que esté muy aburido"– contestó otro.

La mayoría de los turkers viven en Estados Unidos o India, y se mueven por la necesidad de ingresos. En el país asiático lo ven como una ocupación muy lucrativa, en Norteamérica es visto como un último cartucho laboral. 

Los turkers pueden llegar a trabajar 17 horas al día. Muchos se pasan horas frente a la pantalla por un solo objetivo: 20 dólares por jornada.

Por supuesto, Amazon no ofrece contratos a sus más de 500.000 "esclavos". Por si fuera poco, si al empleador no le satisface el trabajo realizado, tiene derecho a no pagarles. Naturalmente, es muy difícil reclamar.

"Si pudiera elegir, no estaría haciendo esto".

"Hacemos el trabajo que nadie quiere hacer".

Se turkea desde la cama, desde el despacho, desde el baño. Es un trabajo mecánico que puede hacerse de incógnito, sin que nadie te vea. Sin que pases vergüenza.

Tariq, el reportero, no terminaba de comprender a estos obreros de internet: "Intentaré no ser grosero, pero parece muy difícil hacer dinero aquí. Yo mismo os estoy pagando 5 céntimos. ¿Porqué no buscar otro trabajo?".

Las respuestas son varias: hay turkers que son enfermos crónicos, tienen una invalidez que les impide entrar en el mercado laboral. Como una mujer llamada Milland: "Fue un regalo de Dios. Era genial, me hacía sentir bien. Al principio era una forma de entretener la mente, me estaba volviendo loca por no poder trabajar".

No quiero ser un esclavo en Mc Donald's y pasarme el día junto a las freidoras

Otros son parados de larga duración: personas que encadenan despidos y trabajos temporales. Parece ser que una mayoría son jóvenes precarios que buscan una forma discreta de pagar sus facturas.

En el documental, un joven explica cómo después de 6 meses de haberse licenciado seguía sin conseguir un trabajo. Al final optó por Mechanical Turk: "Es mi única manera de ganar algún dinero. No quiero ser un esclavo en Mc Donald's y pasarme el día junto a las freidoras. Ya lo he hecho antes, ya he estado ahí. Turkear hace que mi vida siga adelante".

Muchos ven en Mechanical Turk una forma de explotación moderna. A finales del año pasado surgió la campaña  Dear Jeff Bezos, en la que se anima a los turkers a a  enviar un email al fundador de Amazon para pedirle una mejora de las condiciones. 

Pero este negocio también dibuja un paisaje desolador, el del futuro del mercado laboral que ya se esboza con los "minijobs". En este negocio, la empresa Amazon es un intermediario que pone en contacto a empleadores y trabajadores "freelance" sin derechos. Se lucra de ello.

Los empleos son sólo opciones en una lista: o los coges o los dejas. El tiempo no es oro, sólo migas de pan.

Las máquinas no precisan cuidados

Amazon, y esto es lo más perverso, es honesto: el nombre con el que ha bautizado su bolsa de trabajo digital, Mechanical Turk, procede de un artefacto del siglo XVIII. Una máquina portentosa que supuestamente jugaba al ajedrez gracias a su inteligencia artificial.

El "turco mecánico" viajó por toda Europa y llegó a retar a Napoleón y a Benjamin Franklin. Fue una mentira, una ilusión, que duró más de 80 años: dentro la caja, entre los falsos mecanismos de un reloj, había un ajedrecista.

Un humano haciéndose pasar por una máquina. La inteligencia de un hombre fingiendo ser artificial.

Las máquinas, claro, no precisan cuidados.

El tiempo no es oro, sólo migas de pan

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar