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Tugurios, prostitutas, cerveza y otras viñetas oscuras

O cuando Charles Bukowski se convirtió en un personaje de cómic

Decir literatura, siempre, es decir Charles Bukowski. Porque puede que haya pasado mucho tiempo desde la última vez que leímos al brutal narrador y poeta norteamericano, pero lo cierto es que muchos de nosotros accedimos al mundo de los libros gracias a él, y eso es inolvidable. Estábamos en el instituto y La senda del perdedor se convertía casi en una especie de Biblia extraña: el capítulo de las palizas, el del idiota que le hacía una paja a su perro, el de la señora gorda de la piscina que acosaba al pobre Chinaski, alter ego adolescente del autor…

Después de ver crecer a este personaje, nosotros decidimos crecer con él, y empezamos a comprar sus pequeñas novelas, sus libros de relatos, sus cuentos de depravación, tristeza, prostitutas y alcohol. Es posible que sacáramos de la biblioteca estos libros de bolsillo a todo color, aun sabiendo que los bibliotecarios de turno nos mirarían mal. Y también es posible que incluso pensáramos en robarlos, porque, ¿cómo iba nuestro padre a darnos dinero para algo que se titulaba La máquina de follar?

Una puta de 120 kilos

Decir Bukowski, entonces, es decir sexo y decir adolescencia. Pero decir Bukowski también es decir descubrimiento, potencia, brillante literatura. Tantos años después de que sus palabras repiquetearan nuestro cerebro como un pájaro azul que se ha quedado encerrado dentro, algunas editoriales vuelven a ponernos en bandeja aquellas cosas que quedaron olvidadas, o aquellos homenajes que quienes tanto le aman no pueden dejar de ofrecerle.

En 2014, cuando se cumplen 20 años de su muerte, nuestras mesas de novedades han sido invadidas por sus poemas inéditos, por la compilación de sus novelas cortas, y ahora, también, por la reedición de un cómic mítico: aquel en el que Matthias Shultheiss versionó algunos de sus relatos.

Con una nueva portada para Bukowski Schultheiss, La Cúpula nos trae aquellos relatos más cañeros de Bukowski que el dibujante alemán se atrevió a versionar. Los títulos de estos capítulos ya lo dicen todo sobre qué clase de viñetas oscuras y sucísimas podremos encontrarnos: Los asesinos, Un trabajo en Nueva Orleans, Mi madre culona, Una puta de 120 kilos La ficción aquí se entremezcla con algunos episodios que ponen al alter ego del autor en el centro de la escena.

Oscuras lecciones de vida

Las historias sobre trabajos basura, precariedad y depresión de los jóvenes de la época, lo sórdido del mundo de la prostitución en los bares más cutres, las cucarachas de los pisos de alquiler, las peleas de borrachos y, sobre todo, la sensación de que por mucho que queramos que nuestra vida cambie, el tedio y la tristeza siempre estarán ahí, persiguiéndonos con sus armas afiladas . Bukowski y Schultheiss rebuscan entre la basura del mundo y sin embargo consiguen encontrar pequeños fragmentos de belleza. A veces hay que dejarse arrastrar al abismo para después levantarse más fuerte.

Eso, precisamente, es lo que Charles Bukowski nos enseñó de adolescentes. Esa es la lección de vida que el viejo loco nos dejó escrita fuego en nuestro corazón, con su letra endiablada y para siempre.

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