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Asesinatos, secuestros y violaciones: la peligrosa ruta de los que sueñan alcanzar EEUU

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Cada año, unas 500.000 personas arriesgan su vida para escapar del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador)

silvia laboreo

11 Mayo 2017 20:04

Axel Rosel Flores Ramos, un adolescente hondureño de tan solo 15 años, ha sido testigo en su corta vida de más violencia de la que muchas personas verán nunca. Actualmente, vive en el refugio de Tenosique en México desde donde espera noticias de su hermano. Los dos tuvieron que huir de Honduras para evitar las represalias de las maras, después de que el hermano de Axel fuera testigo de un asesinato.

Sin embargo, el camino de Honduras a México tampoco fue nada fácil. “En la ruta nos asaltaron y de ahí nos tiraron al monte y nos quitaron las mochilas. A mí me quitaron los zapatos y a los otros muchachos les robaron el dinero y les golpearon. Tenía miedo, cuando volvimos ya se habían ido. Fuimos a recoger la ropa y todo y nos vinimos con gran miedo”.

Su testimonio, recogido por la ONG Médicos Sin Fronteras, es un ejemplo más de la violencia a la que se ven sometidas las 500.000 personas que se calcula que huyen del llamado Triángulo Norte de Centroamérica hacia México y Estados Unidos.



Porque Honduras, Guatemala y El Salvador son tres de los países con mayores tasas de asesinatos del mundo, de acuerdo con un estudio elaborado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. Según los cálculos, en los últimos diez años unas 150.000 personas han sido asesinadas en el Triángulo Norte de Centroamérica.

Ahora, el informe Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada, elaborado por Médicos Sin Fronteras y presentado hoy en Ciudad de México, pone el foco en los niveles extremos de violencia que tienen que afrontar todos aquellos que quieren huir de la terrible realidad que se vive en el Triángulo Norte.

“La implacable violencia y el sufrimiento emocional padecido por estas personas es similar a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, afirma Bertrand Rossier, coordinador general de MSF en México.

“Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por actores armados no estatales, extorsiones, violencia sexual y desapariciones forzadas son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas procedentes de región de Centroamérica están sufriendo”, mantiene Rossier.



El informe, elaborado gracias a encuestas y datos de los programas médicos de MSF entre 2015 y 2016, arroja varios datos preocupantes.

El 39,2% de las 467 personas entrevistadas por MSF mencionó ataques directos o amenazas, episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales como las principales razones para abandonar sus países. De los que huyeron, 9 de cada 10 sufrieron un episodio de violencia en sus países o durante la ruta migratoria a través de México hacia Estados Unidos. Y un 68,3% de los encuestados aseguró haber sufrido violencia durante el tránsito a EEUU.


“La implacable violencia y el sufrimiento emocional padecido por estas personas es similar a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”


En cuanto a la salud mental de los refugiados, de los 1817 migrantes atendidos en las consultas de MSF entre 2015 y 2016, el 47,3% habían acudido por motivos relacionados con la exposición a la violencia física y un 47,2% por su condición forzada de migrantes y refugiados.

Y si nos fijamos en a las mujeres, casi un tercio de las encuestadas había sufrido abusos sexuales durante el viaje. De las 166 mujeres atendidas, el 66% habían sido violadas. “Yo soy de Honduras. Es la cuarta vez que intento cruzar México, pero esto no me había ocurrido antes. Esta vez, vine con mi vecina y nos secuestró un grupo de delincuentes. Lo peor es que también eran hondureños. La Policía Federal era su cómplice. Fuimos entregadas a miembros de la banda. Me violaron, me pusieron un cuchillo en el cuello y no me resistí. Me avergüenza decirlo, pero creo que habría sido mejor que me hubieran matado”, explica a MSF una mujer hondureña de 35 años que ha preferido mantener el anonimato.



Además, el acceso a la atención sanitaria, a tratamientos de la violencia sexual y a servicios de salud mental durante el camino es muy limitado. “Los aprietos por los que pasan las personas en tránsito desde el TNCA ponen de relieve el fracaso de los Gobiernos a la hora de proveer asistencia y protección a migrantes y a refugiados”, asevera Rossier.

En los últimos tiempos, el refuerzo de los controles migratorios, las detenciones y las expulsiones por parte de México y Estados Unidos amenazan aún más a los migrantes y refugiados que deciden huir del Triángulo Norte. Y los hace más vulnerables a las redes de traficantes de personas y organizaciones criminales.


Casi un tercio de las encuestadas por MSF había sufrido abusos sexuales durante el viaje. De las 166 mujeres atendidas, el 66% habían sido violadas.


Desde MSF, piden que se fortalezca el Sistema de Determinación de la Condición de Refugiado (DSR), encargado de que las personas que necesitan protección y asistencia internacional reciban el apoyo necesario. Porque como resume el coordinador general de MSF en México: “estamos ante una crisis humanitaria ante la que resulta ineludible la puesta en marcha de una acción que garantice que las personas en tránsito quedan a salvo de la violencia y la persecución y son recibidas con protección internacional en lugar de con más violencia. Y que, sobre todo, sean tratadas con dignidad y humanidad”.






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