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Triángulo amoroso, ¿o criminal?: lo que rodea al caso del policía asesinado en Barcelona

El 5 de mayo fue encontrado en Barcelona un policía carbonizado en el maletero de su coche. Su pareja sentimental y el amante, también policías, están acusados del homicidio. En un primer momento se apuntó a un motivo pasional, pero puede que la muerte de un vendedor ambulante paquistaní en 2014 esté en el fondo del asunto.

Los agentes Rosa Peral y Alberto López

El pasado cinco de mayo los Mossos d'Esquadra encontraron en Foix (Barcelona) un cadáver calcinado en el maletero de un coche. Reducido a cenizas, la prótesis de espalda fue lo único que quedó para identificar el cuerpo. Era el de Pedro Rodríguez, policía de la Guardia Urbana, y con un expediente abierto por haber agredido a un motorista de 19 años el pasado verano. Las imágenes fueron grabadas por una cámara ubicada en una perrera.

Fue el 24 de agosto. El motorista se saltó el control policial y los dos agentes, entre ellos el fallecido, le propinaron una paliza. El policía fue suspendido de actividad y sueldo, pero volvió a incorporarse al cuerpo. El juicio no llegó a celebrarse porque Rodríguez le pagó 5.000 euros al joven agredido. Actualmente estaba de baja por una operación de espalda.

El policía fue descubierto tres días después de su muerte. Los presuntos homicidas hicieron vida normal, como si nada hubiese pasado

Rodríguez llevaba tres días sin aparecer por casa antes de que encontraran su cadáver. Su pareja sentimental, Rosa Peral, —actualmente en prisión sin fianza por el homicidio de Rodríguez— aseguró que habían tenido una discusión y que él había cogido el coche para despejarse. Al menos es la versión que contó a los Mossos d'Esquadra, el cuerpo de policía autonómica.

No denunció su desaparición porque estaba demasiado ocupada cuidando de sus dos hijas, fruto de un matrimonio anterior con otro policía. Al encontrase el cadáver, pidió protección a la Guardia Urbana por creer que podría tratarse de "un ajuste de cuentas" de alguna mafia latina.

La investigación apuntó en un primer momento a un ajuste de cuentas, por la forma en que se había asesinado al policía, muy similar a la que llevan a cabo las mafias

Un día antes de encontrar el cadáver, el miércoles, Peral fue a comer con sus compañeros de trabajo. A la comida acudió también Alberto López, el otro agente en prisión acusado por el asesinato de Rodríguez. Los dos agentes, compañeros de unidad, habían mantenido anteriormente una relación que no terminó bien y que parecía acabada cuando la mujer se mudó a vivir con el policía asesinado.

En la comida, no hizo ningún comentario sobre la desaparición de su pareja. Sin embargo, Peral y López se mostraron excesivamente cariñosos y se hicieron selfies, según recoge el diario El Español, algo que extrañó al resto de compañeros, que daban por acabada esa relación.

Al día siguiente, el jueves 5 de mayo, apareció el cadáver. Peral acudió al homenaje por la muerte de su pareja, celebrado ese mismo día. No lo hizo Alberto López. Al parecer no tenía una buena relación con el fallecido. Al entorno de Rodríguez le extrañó la frialdad con la que actuaba Peral.

Durante los tres días que estuvo desaparecido, su pareja no hizo ningún amago de comunicar con su él o con alguien de la familia. El entorno de Rodríguez critica la entereza y la frialdad de la mujer, pocas horas después de descubrir el cuerpo, y que no accediese a aplazar un juicio abierto por otro caso, previsto para esa misma semana.

Dos días después de encontrar el cadáver, la geolocalización de los teléfonos de su pareja sentimental y del amante de esta, les situaban en el lugar del crimen

La agente presentó una denuncia en 2008 por pornovenganza. Su entonces pareja, otro policía de la Guardia Urbana que ahora es subinspector, accedió a su ordenador con sus claves y compartió con todos sus contactos una fotografía en la que ella aparecía haciéndole una felación. Fue una venganza por haber terminado la relación. El juicio se ha suspendido hasta en tres ocasiones y estaba previsto celebrarse tres días después de la aparición del cuerpo. Ella se negó a suspenderlo.

"Una cosa es el juicio y otra cosa es lo de Pedro", explicó Peral a su abogado, según recog el diario El País.Su propio abogado se quedó perplejo con la respuesta y la convenció para aplazarlo a octubre.

Las investigaciones, en un primer momento, apuntaron a un ajuste de cuentas. Tan solo dos días después, el rumbo de la investigación daría un giro de 180 grados. La geolocalización del teléfono de su pareja la situaba en el lugar del crimen. Lo mismo ocurría con su amante, el agente Alberto López.

¿Crimen pasional o eliminación de pruebas?

El trío amoroso tenía algo en común: los tres agentes cargan con un pasado de expedientes abiertos y juicios.

López cuenta además con tres investigaciones en su expediente. La primera tuvo lugar en 2011 cuando el agente, junto a otro compañero, propinó una paliza a cuatro vendedores ambulantes en el metro de Paseo de Gracia, en pleno centro de la ciudad. Los vendedores presentaban fractura de dedos de la mano, contusiones, hematomas y múltiples heridas.

El abogado de las víctimas, pertenenciente a la ONG SOS Racisme, pidió 7 años de cárcel alegando que la golpiza fue motivada por causas racistas y xenófobas. La Fiscalía rebajó la pena a dos años. Finalmente fueron absueltos porque el magistrado que instruía el caso, el juez Santiago Vidal, (redactor del proyecto de Constitución catalana) aseguró que no había pruebas suficientes, pese a que se presentó el parte de lesiones y a tener un vídeo que captó la paliza.

El trío amoroso tenía algo en común: los tres agentes cargan con un pasado de expedientes abiertos y juicios.

La segunda vez fue en 2012, cuando el agente propinó también una paliza a otro mantero. Las imágenes quedaron grabadas por una vecina del barrio y publicadas por el diario La Directa. Pagó una multa de 300 euros y una indemnización de 600 a la víctima.

El tercer caso en el que se le investigó, la agente Peral también estuvo involucrada y ahora se investiga si pudo ser el motivo del crimen.

La pareja trabajaba en el mismo cuerpo, en la Unidad de Soporte Diurno. Se encargaban mayoritariamente de perseguir la venta ambulante ilegal. El 9 de agosto de 2014, tras una persecución, un mantero de origen pakistaní cayó por un terraplén en la montaña de Montjüic, en Barcelona. Falleció a las pocas horas en el hospital.

Los cinco agentes de la operación aseguraron que, después de perseguir al vendedor y agredir a la agente con una arma blanca en la pierna, fue él mismo quién se precipitó por el desnivel de 30 metros de altura. El caso fue archivado.

Las investigaciones apuntan ahora a que el policía carbonizado, enterado de la relación que mantenía su pareja con el agente López, les chantajeó con denunciar su implicación directa en la muerte un vendedor paquistaní.

Según avanzaba hoy el diario Nacional.cat, las investigaciones apuntan ahora a que el policía carbonizado, enterado de la relación que mantenía su pareja con el agente López, les chantajeó con denunciar su implicación directa en la muerte del vendedor paquistaní.

Según ha podido conocer PlayGround, en los pasillos de las dependencias de la Guardia Urbana las opiniones de dividen entre si fue una muerte pasional o si el fallecido conocía la implicación directa de los dos agentes y amenazara con denunciarlo. Fuentes internas expresan su consternación y la preocupación porque el caso dañe aún más su imagen pública. Algunos de sus compañeros, indignados, pretenden presentar acusación particular contra los sospechosos.

Insisten en que es "un caso puntual y lamentable". Sin embargo, no es el único caso polémico que salpica a este cuerpo policial, que ha estado en el punto de mira de la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau.

La mayor parte de situaciones racistas son cometidas por agentes públicos de seguridad

El caso de 2014 recuerda a la muerte del vendedor senegalés, Mor Silla. Ocurrió en Salou  el verano de 2015. El vendedor se precipitó por el balcón de su casa tras una redada policial. Los Mossos d'Esquadra dijeron que él se lanzó. Sus compañeros de piso aseguran que lo tiraron. La investigación sigue abierta.

Desde la organización SOS Racisme alertan del problema de racismo ejercido por los cuerpos de seguridad pública en Cataluña. En su informe de 2016 recoge que un casi la mitad de los inmigrantes no denuncia las situaciones de racismo que sufren, y quienes se atreven a hacerlo casi nunca consigue tener a la justicia de su lado. 

De las acciones racistas de las que se tuvo constancia en 2016, la más alta fue llevada a cabo por agentes de policía (el 31% ). De las denuncias presentadas, el 72% tipificadas como delito. Además, más del 60% de las denuncias presentadas por inmigrantes siguen pendientes de instrucción y el 13% fueron archivadas.

Informe realizado por SOS Racisme. Estado de las denuncias presentadas en 2016 por extranjeros

*Con información de Germán Aranda

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