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Tráfico de alimentos, el último escándalo de la ONU

Los cascos azules participaron durante años en una fraudulenta red de reventa de alimentos en Líbano

"Hace décadas que la comida de Unifil se vende en los supermercados libaneses", asegura un vecino de la ciudad de Tiro, al sur del Líbano. Unifil es la misión de la Fuerza Interina de la ONU para Líbano. La comida que se vende forma parte de una fraudulenta red de tráfico de alimentos.

El fraude, otro acto de corrupción que se suma a las repetidas acusaciones de abusos sexuales que planean sobre la ONU desde 2006, ha sido destapado este miércoles por un reportaje publicado en el medio El País.

La compleja red edificada en Líbano involucra tanto a conductores y comerciantes libaneses como a cascos azules a cargo de la recepción de alimentos. Según los testimonios de R.D., un trabajador de la empresa subcontratada para realizar la distribución de los suministros a las tropas, los beneficios de esta reventa ilegal podrían ascender a los 4 millones de euros en los últimos 5 años.

Hace cuatro meses, un consumidor protestó por la presencia de paquetes de fideos con la etiqueta "No para la venta. Para el consumo interno de la ONU exclusivamente" en el supermercado libanés Charcuterie Aun. Meses antes, la misma etiqueta se pudo ver en otros supermercados

Una caja de fideos destinada al destacamento de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en un supermercado de Líbano.

Hace cuatro meses, un consumidor protestó por la presencia de paquetes de fideos con la etiqueta " No para la venta. Para el consumo interno de la ONU exclusivamente", en el supermercado libanés Charcuterie Aun. Meses antes, la misma etiqueta se pudo ver en otro centro pegada en un paquete de gambas congeladas.

El Ministerio de Economía libanés decidió abrir una investigación pero por el momento todos los detalles del caso son confidenciales.

Sin embargo, R.D. explica a El País cómo funciona el sistema fraudulento.

Las órdenes de compra de cada batallón se reciben en un almacén donde opera la empresa que se hace cargo del suministro de alimentos y agua a la misión internacional, en este caso la italiana Es-Ko, y un operario de Unifil.

La empresa italiana es responsable del transporte de alimentos desde el almacén central, situado en la localidad de Kasmiyeh, hasta los 21 puntos de distribución donde operan los diferentes batallones. Del servicio, sin embargo, se encarga una empresa libanesa subcontratada por Es-Ko. R.D. trabaja para esa empresa.

En 2010, R.D. informó tanto a la subcontrata libanesa como a Es-Ko de las irregularidades que observó. "Me dijeron que necesitaban pruebas así que decidí hacer creer a mis compañeros que iba a participar en el fraude".

En 2010, R.D. informó tanto a la subcontrata libanesa como a Es-Ko de las irregularidades que observó. Según la misma fuente, la red fraudulenta estuvo activa hasta 2015

R.D. explica que las raciones son distribuidas semanalmente por conductores subcontratados. Las puertas de los camiones son selladas a la salida con un código que se refleja en una nota de entrega. Esas notas, que detallan las cantidades y productos cargados, han de ser firmadas por el soldado responsable de la recepción de alimentos en cada base, tras cotejar la carga y el código del sello metálico. Dos trabajadores del almacén deben confirmar que esas notas de entregas fueron firmadas.

El proceso parece seguro. Sin embargo, es burlado infinidad de veces.

Los productos excedentes que son entregados en destino son vendidos nada más salir de la base militar a compradores locales con los que previamente se había acordado el precio

 "Antes de salir del almacén, los conductores envían las notas de entrega por whatsapp a los cascos azules a cargo de los puntos de distribución, quienes cotejan esta nota con los stocks disponibles en las bases. Después de ver los excedentes que tienen en el almacén, le comunican al conductor los productos y cantidades que habrán de permanecer en los camiones una vez finalicen la descarga", relata R.D.

Esos productos que se quedan en el camión son vendidos nada más salir de la base militar a compradores locales con los que previamente se había acordado el precio.

Este proceso de reventa se ha producido semanalmente desde 2010 hasta 2015. 5 años llenos de pérdidas que han podido llegar a los 4 millones de euros defraudados.

Este patrón de fraude ya fue detectado en 2006 y posteriormente en una auditoría realizada en 2009. No obstante, no parece que se hayan tomado medidas para evitarlo.

La reventa de comida no es el único fraude. La falsificación de las facturas de combustible también es bastante común y a ello se suma todo un negocio creado sobre la concesión de licitaciones por funcionarios y militares de la ONU a cambio de recompensas económicas

Lejos de ser un caso aislado, la reventa de raciones de comida han sido denunciadas en informes internos de la ONU en otras 16 misiones. Pero ahí no queda todo. La falsificación de las facturas de combustible también es bastante común y a ello se suma todo un negocio creado alrededor de la concesión de licitaciones por funcionarios y militares de la ONU a cambio de recompensas económicas.

Aquellos que denuncian los fraudes suelen ser víctimas de una estructura militar vertical altamente jerarquizada y muy preocupada de que los escándalos no lleguen a la opinión pública.

Aún así, el nivel de escándalos que afectan a la ONU es ya tan grande que el embalse de acciones corruptas, inmorales e ilegales se está desbordando mientras las actividades de cooperación quedan en un vergonzoso segundo plano.

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