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Cuando el trabajo te quita las ganas de vivir: estos son los empleos más depresivos

Esperamos que no te encuentres en esta lista

El trabajo dignifica. Ya, claro, claro. Por eso no paramos de buscar maneras de no tener que hacerlo. Como esa quiniela que echas cada semana aunque haya partidos como el Sabadell-Leganés. O como cuando no podemos esperar a que lleguen las vacaciones, y luego no paramos de quejarnos por que no nos llega para ir donde queríamos.

Básicamente, y como alguien dijo una vez, el trabajo es el chantaje de la supervivencia. Seguro que en algún momento has tenido cerca a algún compañero o compañera que ha tenido que coger una baja por ansiedad o depresión. Y seguro que, cuando alguien dice que se hizo rico a través del trabajo, inmediatamente has pensado: "¿a través del de quién?".

Existen, eso sí, puestos de trabajo más bajoneros que otros. Ahora, un estudio psiquiátrico publicado en Social Psychiatry and Psychiatric Epistemology ha revelado cuáles son los empleos más depresivos. Para realizarlo, se examinó a más de 200.000 residentes en Pensilvania que desempeñaban labores en 55 gremios diferentes.

Está claro: este es el típico estudio en el que no quieres quedarte en la posición número 1. ¿Adivinas quién lo hizo? Como pista te diremos que la próxima vez que montes en el autobús saludes al conductor. Igual le alegras un poco el día. El suyo, el de los conductores de transporte público, es el gremio con mayor tasa de depresión clínica. Le siguen los empleados de inmobiliaria, los trabajadores sociales y los trabajos relacionados con industrias manufactureras.

En el extremo más agradable del estudio se sitúan los empleados del sector recreativo, que incluye profesiones relacionadas con el deporte, el bienestar físico o las artes escénicas. Le siguen obreros de construcción de carreteras y los mineros.

¿Es casual que los trabajos con mayor tasa de depresión sean aquellos que incluyen mayor interacción con el cliente? No parece aventurado decir que la exigencia de un trato amable cuando estás realmente harto de tu trabajo a veces es una tarea titánica. Eso sí, entre la alienación del trabajo en cadena y el poner buena cara debería haber siempre un punto intermedio, no siempre fácil de conseguir. Al fin y al cabo, ¿quién es capaz de elegir su trabajo?

Por supuesto, habrá directivos que piensen que estos problemas no son cosa suya. Si esto no les toca el corazón, que lo miren por este lado: ¿cuánto dinero dejan de ganar al año por un trabajo desempeñado por personas a las que esa labor se les hace tan cuesta arriba?

Si no fuera necesario para vivir, ¿trabajaría alguien?

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