Actualidad

Si el trabajo dignifica, ¿por qué nos empuja a beber como bestias?

La historia de M o cómo trabajar demasiado aumenta el riesgo de alcoholismo

M odia su trabajo. Su oficina le asquea. Hay algo perverso en las luces fluorescentes del recibidor, en las ideas de mierda de las que hablan sus jefes como si hubieran inventado la rueda, en el opresivo comedor del sótano, plagado de microondas y gente triste. Las incontables horas que pasa en el edificio son horas dedicadas a satisfacer las exigencias cada vez más acuciantes de personas a las que ni soporta ni respeta. Cuando sale de allí, lo único que quiere es escapar y borrarse. Así que se dirige al bar más cercano y se sumerge en un mar de alcohol. Y al día siguiente, vuelta a empezar. 

Su caso es más común de lo que pensamos. La relación entre largas horas de trabajo y consumo de alcohol ha sido y es estrecha. Sin embargo, un reciente estudio publicado por el BMJ (antes British Medic Journal) sugiere que aquellas personas que trabajan más de 48 horas a la semana tienen un 13% más de probabilidades de adquirir hábitos de consumo peligroso que aquellas que trabajan entre 35 y 40 horas.

Esta relación de interdependencia se establece entre trabajadores de distintas edades, géneros e incluso estatus socioeconómicos. Y no sólo la causa el factor tiempo. Es decir, M no está al borde del alcoholismo simplemente porque trabaje muchas horas al día. Para empezar, M es un trabajador del siglo XXI: ha sido precariamente contratado por una gran empresa, y es demasiado joven para ser tenido en cuenta.

El mundo laboral puede ser una jungla, y los seres humanos somos frágiles, necesitamos escapatorias

Esto significa que vive rodeado de competidores, en un ambiente de mucha testosterona. Entre sus compañeros y jefes, quien no bebe es “el raro”, "el moñas". Cada dos por tres le están haciendo quedarse hasta tarde o cambiar sus horarios y a estas alturas ya tiene el equilibrio del sueño completamente roto. Las pocas veces que ve a sus amigos parados o a su familia, le repiten como en un salmo “la suerte que tiene” y “lo mal que está todo”. Siente una tremenda presión porque quiere huir de ahí pero le inquieta terriblemente su futuro.

Todos estos factores son, según el mismo estudio, tanto o más determinantes para disparar un problema con el alcohol que el hecho de trabajar más o menos horas. Son la falta de una estabilidad cotidiana, la escasez de sueño o no contar con un entorno saludable los que desencadenan ese estrés, esa ansiedad que M siente en la boca del estómago cada mañana y que intenta acallar con incontables tragos. Una ansiedad que también puede afectar a quien no trabaja, o a personas que lo hacen en periodos intermitentes.

En el fondo lo que le pasa a M es lo que nos pasa a muchos. El mundo laboral puede ser una jungla, y los seres humanos somos frágiles, podemos descomponernos bajo presión. Necesitamos escapatorias. Y aunque beber en exceso aumenta las posibilidades de padecer cáncer, diabetes de tipo 2, cirrosis o enfermedades cardiovasculares, poco importa cuando sientes que tu trabajo te está matando más rápido que cualquier droga. Pero si esto es así, ¿por qué seguimos obsesionados con la productividad?¿Por qué no planteamos alternativas que nos permitan vivir de otra manera?

“A ti lo que te pasa es que no te gusta trabajar”, le dice su padre a M las pocas veces que se atreve a quejarse en voz alta de su situación. Pero ¿es que hay alguien a quien le gusta?, se pregunta él, en silencio. Hasta que un día no puede callar más. Mira a su padre y le dice que no volverá a esa oficina. Que si tanto le apasiona el trabajo, que vaya él a aguantar a su jefe. Ha tomado una decisión y se siente ligero. Saldrá a dar un paseo y quizás se tome una cerveza. Pero por primera vez en mucho tiempo, está decidido a disfrutarla.

Aunque beber en exceso es peligroso, poco importa cuando sientes que tu trabajo te está matando más rápido que cualquier droga

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar