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Así se hacen fotos de guerra dentro de un videojuego

El fotógrafo Ashley Gilbertson lo pasó mejor en Afganistán que jugando a 'The Last Of Us'

Ashley Gilbertson es un tipo curtido. Como reputado periodista de guerra, se ha jugado el pellejo en los frentes de Afganistán e Irak, disparando fotos para cabeceras como The New York Times o el New Yorker. Así pues, el encargo que le hizo Time en principio parecía fácil: tenía que jugar a la versión remasterizada del videojuego The Last of Us, un violento survival post-apocalíptico, y usar el "modo foto" del que dispone el juego para captar algunas instantáneas. Lo que parecía una versión de salón de su peligroso trabajo real acabó siendo algo totalmente distinto.

Tras la trinchera virtual

En su pieza para Time Lightbox, la sección de la revista especializada en fotografía, Gilbertson cuenta en primera persona cómo lo primero que le sorprendió fue la violencia de sus reacciones ante la brutalidad del juego. Él, que en su trabajo se ve expuesto a un constante riesgo de morir, y que toma fotografías de escenas brutales, se encontró a sí mismo con “nudos en el estómago, la visión borrosa y la sensación de estar a punto de colapsar”.

Su primera impresión ante el encargo –excitación– se transformó pronto en dudas. Acostumbrado a ser un testigo de la violencia real, no podía tolerar ser su causante. Por mucho que esta fuera virtual y que consistiera en destrozar cabezas de zombies. El fotógrafo acabó yéndose a las oficinas de Time, y pidiendo ayuda a un editor para que jugase mientras él se dedicaba a su trabajo: tomar imágenes. La guerra virtual empezaba a parecerse extrañamente a la real.

Pero no del todo: lo que más parece molestar a Gilbertson durante todo su relato es cómo el juego no para de chocar contra su manera de trabajar en el conflicto. Se da cuenta pronto de que aunque lo parezca, eso no es una guerra real. En el frente, no se puede apretar pause, ni elegir encuadre. En el juego, las imágenes son demasiado perfectas, demasiado estéticas, demasiado “Instagram”. Y los humanos no parecen asustados, ni furiosos, ni al límite.

Humo y espejos

Todo esto lleva al fotógrafo a plantearse cuál es el impacto de esta violencia deshumanizada en el jugador. Algo que por otra parte vuelve a un debate bastante viejo: ¿es la estética de la violencia una forma de glorificarla? Sin embargo , bajo esta pregunta residen otras, más contemporáneas: ¿es comparable nuestro universo con el de un videojuego abierto?¿Son lugares regidos por la misma ética, por los mismos mecanismos?¿O sólo universos que “parecen” ser iguales? ¿Qué relaciones cruzadas hay entre uno y otro?

Gilbertson terminó su encargo, y el resultado es digno de cualquier World Press Photo. Recuerda mucho a la estética del fotoperiodismo “real”. Se crea así un hermoso y macabro juego de espejos del que el autor acabó aprendiendo "un par de cosas: que mi trabajo es un antídoto contra este tipo de entretenimiento... Y que soy un asco jugando videojuegos”. Y del que nosotros salimos preguntándonos si no habrá cosas que simplemente no pueden ser representadas.

[ver galería completa en Time Lightbox]

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