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Los civiles armados que hicieron retroceder al narco

Se estrena el documental 'Tierra de cárteles' sobre seguridad, justicia y venganza en la lucha contra el narcotráfico mexicano

Armados con fusiles de asalto AK47, rifles y pistolas y vestidos con ropa paramilitar, una veintena de hombres de a pie dispara, arresta y golpea a dos peligrosos narcos del cartel del estado de Michoacán, los Caballeros Templarios.

"¡No más Templarios!", gritan por la calle después del éxito de la operación. Son los Grupos de Autodefensa Comunitaria, civiles que han tomado las armas para combatir a los cárteles de la droga en esta zona del Pacífico mexicano.

Su historia es una de las que vertebran el potente documental 'Tierra de cárteles', que tras ganar dos premios en Sundance, acaba de estrenarse.

1. ¿Y tú qué harías?

La pieza, producida por la oscarizada Kathryn Bigelow ( En tierra hostil), dibuja las razones y acciones de las autodefensas.

El primer paso para todo aquel hombre corriente que quiera participar en un grupo de autodefensa es levantar la mano en uno de los repartos de camisetas blancas que llevan como distintivo.

Después vienen los controles en carretera, los asaltos a casas sospechosas o los interrogatorios a punta de pistola o con descargas eléctricas.

José Manuel Mireles fue el creador de estas patrullas de autodefensa en Michoacán. El gran protagonista de Tierra de cárteles. Su controvertida figura emergió cuando este cirujano de 1,90 y trazas de vaquero decidió un buen día que en su pueblo michoacano, Tepalcatepec, habría un tercer actor en la guerra contra el narco: junto a los cárteles y al estado, los civiles armados.

El origen de la autodefensa armada fue la respuesta a una pregunta sencilla que se hizo Mireles: "¿Qué harías tú, esperar que vinieran a por ti o defenderte?".

2. El monstruo de dos cabezas

Para las autodefensas el enemigo es un monstruo bicéfalo.

Narcos y militares son, unos por comisión de crimen y otros por omisión de servicio, el rival. El primero representa la violencia en carne viva, el segundo la evidencia del naufragio legal del estado mexicano.

El divorcio con la ley es evidente. La queja de los civiles es siempre la misma: una vez que entregan a los narcos a ejército o policía y estos se los llevan, no tardarán en ser liberados bajo cualquier figura legal.

Miembros y simpatizantes de las autodefensas comenzaron a zarandear y expulsar a los soldados de sus dominios. Les tachaban de cobardes y corruptos mientras ellos buscaban a los narcos casa por casa. Si en un control por carretera sospechaban de un hombre, lo detenían aunque fuera acompañado de esposa e hijos. 

En poco menos de un año,  los civiles armados ya controlaban una quinta parte de Michoacán, uno de los estados más sangrientos de México. Allí hubo casi 1.000 muertes violentas en el año del nacimiento de estos grupos, 2013.

El cartel de los Caballeros Templarios estaba viendo amenazado su territorio.

3. Crimen legalizado deja de ser crimen

Nacidos como una escisión de La Familia, los Templarios no fueron en principio mal acogidos por la población michoacana. Se les atribuía haber limpiado la zona primero de los Zetas y después de la propia Familia. Sin embargo, la violencia templaria fue subiendo de nivel y con ella el rechazo popular.

Fue en ese caldo de cultivo en el que Mireles creó las autodefensas. Mientras estas iban conquistando localidades del oeste mexicano, la imagen del doctor saltó a las portadas de todos los medios del DF.

Todo parecía ir mejor de lo esperado hasta que el 4 de enero de 2014 Mireles sufrió un accidente aéreo poco claro que coincidió con las primeras críticas a los grupos civiles por parte de la población misma. 

Unos protestaban porque la violencia de las autodefensas no era tan diferente de la del cártel. La arbritrariedad de las detenciones, la invasión de propiedades o incluso los chantajes parecían haber podrido la intención original de Mireles.

Los más atrevidos denunciaron que había infiltrados formando un cartel, con la connivencia del estado de Michoacán, dentro de sus patrullas, e incluso que estas estaban teniendo tratos con los mismos narcotraficantes a quien debían combatir.

Para el gobierno, las autodefensas eran un problema.

Siguiendo la máxima de que un crimen legalizado deja de ser crimen, en mayo de ese año las autoridades optaron por legalizar estas patrullas, integrándolas bajo el nombre de Fuerza Rural.   Sus miembros seguirían usando armas de gran calibre, pero ahora de manera legal.

Las ex-autodefensas, ahora policías rurales, tenían armas nuevas y relucientes. En un gesto que parece sacado del mundo al revés de Eduardo Galeano, el gobierno mexicano había regalado fusiles AR-15 y pistolas 9 milímetros a quien nació incumpliendo la ley.

450 miembros inauguraron esta policía rural, recibiendo del gobierno munición y camionetas que poco podían diferenciarse de las de uso privado.

4. Hipócrates en remojo

Hoy, el debate sobre las autodefensas armadas está más vivo que nunca en México. El actual gobernador de Michoacán mantiene que es momento de evaluar el primer año de la Fuerza Rural, al tiempo que deja entrever que la acción de esta ha de ser más transparente. Sus palabras sobre los Templarios son optimistas. Según él, el cartel está desmembrado.  

Es cierto que Servando Gómez, alias La Tuta, el capo de los Templarios, fue detenido el pasado febrero.

Sin embargo, la situación en Michoacán es muy tensa.

Las autodefensas ilegales no han sido del todo eliminadas por el gobierno, que no deja de detener a sus miembros. Por si hubiera pocos ingredientes, la Fuerza Rural anuncia dos cosas. La primera es que los Templarios se están reorganizando bajo su nuevo líder, Horacio González, El Gallito.

La segunda es que no descartan abandonar su status actual y volver a actuar al margen de la ley.

El hombre que originó todo, José Manuel Mireles, eligió un lado del cubo mexicano de Rubik.

Como médico, juró salvar vidas. Más allá de su pequeña consulta, en la calle, lo intentó por otros medios.

Lo que ocurre es que en México el papel del juramento hipocrático está mucho más mojado que los cañones de las armas.

Un western hiperrealista del siglo XXI

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