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Terry Callier nos dice adiós

El cantante ha fallecido a los 67 años en su casa de Chicago

Aunque su nombre pueda no resultar familiar al oído del gran público, quienes conocen su obra, y especialmente sus discos de la primera mitad de los 70s, trabajos como “Ocassional Rain” (Cadet, 1972), “What Color Is Love” (Cadet, 1972) o “I Just Can't Help Myself” (Cadet, 1973), saben que Terry Callier era uno de los grandes, que su talento era puro y de una talla enorme. Su forma de mezclar las gramáticas del folk, el jazz y el soul, a menudo dotadas de un fuerte elemento espiritual, no tenía precedentes claros. Muchos tildaron lo suyo de “folk-jazz”, mientras la intersección de nombres como Nick Drake, Tim Buckley y Curtis Mayfield servía para ubicar su propuesta.

A principios de la década de los ochenta, al borde de la cuarentena, Callier se apartó de la música y se recicló como programador de ordenadores, encontrando trabajo en la Universidad de Chicago, y aprovechando las tardes para estudiar sociología. Su luz volvería a brillar a principios de los noventa, cuando gente como Eddie Piller (Acid Jazz Records) o Gilles Peterson comenzaron a reivindicar su música, dándola a conocer entre las nuevas generaciones y sentando las bases para un retorno que se consumó con “Timepeace” (Talkin' Loud/Verve, 1997), el primero de una nueva tan da de discos mayúsculos.

Su último trabajo, “Hidden Conversations” (Mr Bongo), data del 2009. Poco después de publicar aquel álbum, en el que contó con la colaboración de Massive Attack, Callier se retiró de los escenarios debido a la enfermedad que le ha acabado costando la vida. El artista falleció ayer, en su casa de Chicago, a la edad de 67 años. Se le va a echar de menos.

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