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Terror en la granja: en este videojuego tú eres la gallina

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La organización PETA invierte en realidad virtual para concienciar sobre la industria alimentaria

Alba Muñoz

04 Septiembre 2014 12:21

A las ciudades destruidas y a las alcantarillas apocalípticas habría que añadir un nuevo escenario de terror contemporáneo: los criaderos de gallinas en la era de la agricultura industrial. No son pocos los contenidos que circulan por la red como auténticos relatos de pesadilla: "pollos sin cabeza", "así se hacen los nuggets", "esto es lo que comes cuando comes pollo frito".

Más allá de los mitos y conspiranoias, es evidente que la industria alimentaria es un monstruo al que nos da pánico mirar, precisamente porque consumimos sus productos como si degustáramos una pasta elaborada a partir de los desechos de Freddy Krueger.

Los informes, evidencias y documentales de denuncia ya no son suficientes para debilitar el mandato del paladar y el poder adictivo de la comida basura. Por ese motivo PETA, la organización más grande del mundo en defensa de los derechos de los animales, acaba de inaugurar una nueva estrategia: no mires a los pollos sufrir, sé tú el animal encerrado en la fábrica de aperitivos.

En I, Chicken, el jugador entra en el territorio de la realidad virtual a través de unas gafas. Tiene que batir sus alas y desplazarse por una granja atestada de aves de corral con las que puede interactuar. Hasta que el granjero viene a por el jugador para llevarlo al matadero.

No es la primera vez que PETA utiliza la tecnología para innovar en la forma de lanzar sus mensajes. Hace dos años intentó promover un juego para que los niños diseccionen ranas virtuales en el colegio.

Con este videojuego PETA pretende que, por un rato, veamos el mundo como una gallina con el objetivo de que dejemos de comerlas para que cada vez haya menos víctimas en las granjas industriales. Otra cuestión, claro, es que lo consigan: el nivel de realismo de los videojuegos nos permite atropellar a viandantes y provocar auténticas mantanzas, algo que no parece afectar, al menos de una forma muy directa, a nuestros principios morales y costumbres. Por eso I Chicken puede correr el riesgo de convertirse en algo bastante gracioso, pero poco efectivo. Que juzgue el lector.

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