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Taylor Swift acaba de firmar el mayor troleo musical de la década

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Corrompiendo el sistema desde dentro, o cómo llegar al número 1 de las listas con 8 segundos de ruido blanco

Luis M. Rodríguez

23 Octubre 2014 18:15

¿Existe una relación directa entre los gustos musicales de una persona y su capacidad intelectual? A tenor de un estudio bastante sui generis realizado por el programador Virgil Griffith, esa relación existe. De acuerdo a sus conclusiones, Radiohead, Sufjan Stevens, Bob Dylan o The Shins se cuentan entre los artistas favoritos de la gente inteligente. En el extremo contrario, Beyoncé, el reggaeton, Lil Wayne y el pop comercial en general dominan los gustos de aquellos con menos luces. Llama la atención el hecho de que, a pesar de su éxito planetario y su papel como embajadora del country-pop blanduzco y adaptado a las tendencias del momento -ahora parece que toca apropiarse de la cultura negra a base de twerk en canciones como Shake It Off-, en la tabla de Griffith no aparece Taylor Swift por ningún lado. Podría parecer una ausencia casual, para nada significativa, pero no. Su omisión tiene una explicación: desde ayer, Swift forma parte de la vanguardia experimental más radical. Va en serio.

Resulta que Taylor Swift se ha pasado, sin querer, al noise digital. Ayer, la artista de la eterna sonrisa publicaba Track 3, un supuesto adelanto de su inminente nuevo álbum, 1989. Los fans de la cantante corrieron a miles a descargar la canción, aupándola hasta el número 1 de la lista de ventas de iTunes en Canadá. Puede parecer un movimiento de masas normal, si no fuera porque Track 3 consiste en 8 segundos de ruido blanco. Ni más ni menos. Escucha.

Muy probablemente, la estadounidense sea la primera artista en la historia de la música popular capaz de alcanzar un top de ventas a base de vender 'white noise' en pequeñas dosis. En ese sentido, Taylor “Cute Pop” Swift se acaba de convertir en la reina del troleo conceptual aplicado al audio musical. Ríete tú de John Oswald, Negativland y otros 'sonic outlaws'. Taylor se lleva la corona. Y con mucho menos esfuerzo. Y sin siquiera ser consciente de ello.

La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿ha sido todo fruto de un error, un glitch de iTunes, o la “canción” ha visto la luz de forma intencionada?

Cabe pensar que ha sido lo primero -es casi seguro-, pero preferimos fantasear con la posibilidad de que haya sido lo último, un acto intencionado. Quizás Taylor, bajo su apariencia de marioneta mona a manos de la industria encierra un carácter con aristas que desconocemos. Quizás la chica del 'carefree pop' -o alguien de su entorno discográfico- es fan del urinario de Duchamp, de la Merda d'artista de Manzoni, de los Inflatables de Jeff Koons y del 4'33'' de Cage. Quizás, como sostenía el compositor del azar, Taylor haya visto la maniobra como una forma de provocar en sus fans un despertar a la vida más allá del pop, un “dejar de ser sordo y ciego a todo lo que nos rodea”. Salir de la jaula, escuchar con oídos nuevos, aprender a apreciar lo desapercibido.

Quizás, como experta que es en cantarle a los rigores del amor adolescente haya querido llevar un paso más allá sus metáforas para aludir a la pérdida de afectos en la era tecnológica. Quizás todo sea una sátira sobre el estado de las cosas en el mundo pop, sobre la beatificación acrítica de los artistas que mueven millones, sobre la creciente impaciencia del usuario de internet, acostumbrado a la urgencia y a obtener su dosis de música en cuestión de segundos. La maniobra podría incluso ser vista como una crítica a la confianza ciega que hemos depositado en los nuevos canales de distribución del maná digital. Porque esos sistemas fallan, y podría llegar un día en el que fallaran adrede. Los bots y los algoritmos de iTunes echándose unas risas al margen del control del hombre y a costa del mundo adicto al hit de usar y tirar. ¿Se imaginan?

Track 3 es la peor y la mejor canción que Swift ha publicado nunca. Ambas cosas a la vez. Podría ser, incluso, la mejor definición musical de nuestra época. Ocho segundos de ruido que parecen un silencio eterno. El pop de masas -y su industria- como un gran agujero negro que todo lo absorbe. El ruido blanco como perfecta manifestación de nuestra propia ausencia, como expresión de la fuerza gravitacional que nos atrae hacia El Gran Vacío de raíz tecnológica.

Pop will eat itself. Ese es su futuro. Quizás Track 3 sea eso: el ruido de la digestión del pop devorándose a sí mismo. Y nosotros escuchándolo.


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