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Sexo, droga y Alá: el punk islámico llega a España

Controversia y blasfemia aseguradas

—Tú tienes buen aspecto, vistes bien y algún día serás un gran ingeniero

—¿Entonces qué son los taqwacores? ¿Musulmanes feos?

Este es un fragmento de The Taqwacores, la novela fundacional del punk islámico que ahora acaba de publicar en castellano la editorial Ginger Ape. Su autor, Michael Muhammad Knight, proviene de una familia católica irlandesa de Nueva York. A los 16 años, tras leer a Malcolm X, Knight se convirtió al Islam.

La biografía de Knight nos lleva de Public Enemy a Islamabad, en Pakistán, donde viajó a estudiar y a punto estuvo de enrolarse en la guerrilla chechena. Sin embargo, su evolución hacia posturas autocríticas dentro del Islam le llevó de vuelta a EE.UU. a escribir The Taqwacores, su novela debut, en el 2003. En ella, el contacto del estudiante de ingeniería Yusuf Ali con otros jóvenes musulmanes heterodoxos le llevará a descubrir todo un entramado de fiestas, música y problemas que trastoca su ingenuidad y le mete de lleno en la escena taqwacore.

Provocativa u objeto de culto, la llegada de los taqwacores a nuestro país nos hace recordar que críticos del New York Times o The Guardian han recurrido a comparaciones del libro con El guardián entre el centeno o Hunter S. Thompson. La controversia y la blasfemia tampoco escapan a las palabras dedicadas a la obra de Knight.

¿Has visto la película Agárralo como puedas? ¿Recuerdas la parte en la que el ayatolá Jomeini pierde su turbante negro y debajo tiene una gran cresta naranja? Eso es taqwacore.

Un taqwacore vendrían a ser los punks o hardcoretas temerosos de Dios, conscientes de Dios. Integrantes de una generación preferentemente nacida en Occidente e inmersa en la contradicción entre la tradición y posmodernidad. Entre Alá es grande y los Dead Kennedys, ellos encuentran el acomodo perfecto entre arrinconamiento cultural, ruido, velocidad e inconformismo juvenil.

De Buffalo, Nueva York a la llamada Khalifornia, el ritmo de Taqwacores no puede ser otro que el vertiginoso del punk. Por supuesto, también sucio. Si lo dudabas, esto también podría resumirse en sexo, droga y religión.

¿Qué haces con eso?

—¿Con qué?

—Tu camiseta. Jehangir llevaba puesta una camiseta negra con letras blancas impresas en las que podía leerse ‘Vote Hezbollah’

La banda sonora te la puedes imaginar: Operation Ivy, Minor Threat, Sham 69, Propagandhi, NoFx, Descendents, Iggy Pop, Specials, Crass, Dropkick Murphys, Johnny Cash, Roger Miret, The Slits… Pero también talibanes en la CNN y la América de George W. Bush post-11-S.

El éxito de la novela en EE.UU. inspiró el documental Taqwacore. The Birth of Punk Islam, en 2009. Un año más tarde llegó la adaptación homónima en película, que formó parte de la sección oficial del festival de cine independiente de Sundance.

Punks que aman el vinilo porque “son unos mamones sentimentales”. Musulmanes que ponen pepperoni en sus pizzas a escondidas de Alá. Tachuelas, crestas, parches, tatuajes, gafas de sol, sombreros de copa baja, sudaderas con capucha. Riot grrrls con burka, sufíes con mohawks, suníes straightedges, chiitas skinheads, skaters indonesios, rude-boys sudaneses

¿Habías imaginado alguna vez que existía algo así?

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