PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

"Mi padre me vendió por doce vacas cuando tenía 14 años"

H

 

Grace se casó contra de su voluntad con un hombre que la violó y maltrató cada noche durante once meses

astrid otal

14 Julio 2016 16:43

Cada vez que Grace Masanja ve una cabeza de ganado, viene a su memoria una misma fecha: el día que su padre la vendió a un hombre a cambio de doce vacas.

Tenía solo 14 años cuando se convirtió en la propiedad de aquel hombre. Un hombre al que no había visto nunca antes, del que no sabía absolutamente nada. Un hombre que la violó y le dio palizas todas las noches durante los siguientes once meses.

Tal infierno se recoge en una fría palabra: Kupura. El secuestro, la violación y los matrimonios forzados son unas prácticas tan habituales en Tanzania que se encapsulan en ese término. Sin embargo, las tres sílabas no valen para describir el infierno diario por el que pasan muchas niñas.



En Tanzania, 'Kupura' significa secuestro, violación y matrimonio forzado.


Grace Masanja nació en la región de Shinyaga, donde habitan tribus Sukuma. Kupura forma parte de una tradición que legitima a los hombres a sentirse plenamente hombres. Ser un verdadero varón se traduce en "alcohol, carne y vagina". Una aberración que convierten en su estilo de vida.

"Cuando un hombre sukuma se siente atraído por una chica, empieza a preguntar a la gente dónde vive y cuál es su rutina", explica Itendelebanya, oficial legal y de género en la ONG Agape. "Una vez que se entera de estos detalles, suele esperarla, agarrarla y secuestrarla", finaliza.  

La práctica está tan arraigada que los padres, cuando desaparece su hija, en lugar de acudir a la policía buscan al secuestrador para negociar la dote en términos de ganado.

Las niñas se consideran simplemente eso, ganado. Una inversión para las familias pobres y rurales que intercambian a sus hijas por vacas.



LA HISTORIA DE GRACE

A Grace le hubiera gustado ser enfermera y podría haberlo conseguido si sus padres no le hubieran prohibido asistir a la escuela. Su hermano había comenzado a faltar a clases, a juntarse con quienes no debía y a fumar marihuana. Su padre lo descubrió y zanjó el asunto: ninguno va a la escuela. Le dio igual que Grace quisiera seguir estudiando.

Le siguió dando igual el día que un hombre llamado Samwell se presentó en su casa y ofreció doce vacas por ella. Ella se negó a marcharse con un hombre al que jamás había visto, así que su padre comenzó a pegarle para ver si cambiaba de opinión. "Solía utilizar su cinturón, sus piernas y sus puños. No paraba aunque me cayera. Era bueno el día en el que la paliza solo duraba 5 minutos", cuenta Grace en el cómic periodístico que cuenta su historia.

Grace no se fue por propia voluntad. Samwell volvió a su casa y la arrastró hasta que se la llevó. Cuando llegaron a casa del hombre, su nuevo marido la violó.



Solía utilizar su cinturón, sus piernas y sus puños. No paraba aunque me cayera. Era bueno el día en el que la paliza solo duraba 5 minutos


Durante los siguientes once meses, se sintió aliviada si pasaba un día y él no había querido tener sexo. La mayoría de las veces, Samwell llegaba borracho a casa.

Si la cena no estaba preparada, le pegaba.

Si ella ya estaba durmiendo cuando entraba, le pegaba.

Si ella no atendía a su llamada en la puerta lo suficientemente rápido, le pegaba.

Cuando él murió a los once meses de secuestrarla en un accidente de tráfico, ella ni siquiera le odió.



POLICÍA CORRUPTA

Grace pensó en acudir a la policía, pero había oído que las comisarias estaban llenas de corruptos. "La policía mantiene la corrupción porque se beneficia de ella", confirma Itendelebanya, de la ONG Agape. La policía, según ella, ve a las ONG como un estorbo que detiene el flujo de dinero que va a parar a sus bolsillos.

En 2008, el Gobierno de Tanzania estableció que tenía que haber personal especializado en violencia de género y en abuso infantil en cada oficina. Esta medida se valora positivamente, pero sigue sin evitar que casos como el de Grace ocurran.



Pili Simon Misungwi, una especialista de género de una comisaria del país apunta que, aunque muchos padres empiezan cooperando, después declaran que su hija en verdad no ha sido secuestrada, sino que está en otro pueblo, enferma o incluso que ha muerto.

"A los padres de la niña se les ha podido ofrecer dos, tres o hasta cinco vacas para retirar la investigación. Y porque la vida en difícil para estas personas, acaban aceptando", afirma Misungwi al Aljazeera.



La policía considera que las ONG son un estorbo que detienen el flujo de dinero que va a parar a su bolsillo por tolerar estas prácticas


LEYES DEL PAÍS QUE SE CONTRADICEN

Las leyes que regulan el matrimonio infantil en Tanzania han sido confusas y contradictorias.

La ley de matrimonio de 1971 establecía que la edad mínima para casarse era de 15 años con el consentimiento paterno, 14 si se aprobaba judicialmente. La ley del menor de 2009 declaraba que el matrimonio infantil estaba prohibido. Una persona era menor de edad hasta los 18 años y, hasta entonces, los padres debían "proteger al niño contra el abandono, la discriminación, la violencia, el abuso y contra la exposición a la integridad física y moral". Pero también existía una ley de 1963 que permitía a los grupos étnicos adherirse a sus costumbres y tradiciones aunque se salieran de esta norma.

El matrimonio infantil ha sido finalmente prohibido este julio de 2016. Pero muchos se preguntan si servirá de algo. La mutilación genital femenina también se prohibió en 1998, y aún así a más del 40% de las niñas se les sigue practicando la ablación.



FINAL DE LA HISTORIA DE GRACE

A la muerte de su marido forzoso, Grace regresó a casa de sus padres con el hijo que nació fruto de las violaciones. Su padre dice mostrarse arrepentido pero a la vez se negó a que su hija pudiera acudir a la ONG Agape, encargada de formar y ayudar a niñas como ella. Grace esta vez no le hizo caso y, contra la voluntad de su progenitor, realizó un curso de sastrería.

Teme por su hermana pequeña, Birha, de cuatro años, porque ahora solo quedan seis de las doce vacas que ganó su familia.

A veces, Grace, envidia a las vacas.


share