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Taiwán, la isla que no temía al gigante asiático

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Miles de estudiantes y trabajadores ocupan edificios oficiales como protesta por un acuerdo comercial con China. De ratificarse, creen que tendría graves consecuencias económicas y políticas.

Alba Muñoz

27 Marzo 2014 11:27

“¡No somos tigres de papel!”, gritó el profesor de sociología Yu-ze Wan en una de las grandes concentraciones que se han producido la última semana en Taiwán. El profesor de la Universidad Nacional Sun Yat-sen es uno más de los docentes que apoya el “movimiento de los Girasoles”, el equivalente asiático del movimiento Occupy.

Como sucedió en Turquía, la oposición frontal de una mayoría ciudadana a una decisión de sus representantes está despertando grandes olas de protestas en el país. En este caso, el motivo del conflicto es un acuerdo de libre comercio firmado con China que el presidente Ma Ying-jeou (del partido Kuomintang, KMT) está intentando aprobar de forma unilateral y poco transparente. Un acuerdo que, de ratificarse, tendría graves consecuencias económicas en las vidas de los taiwaneses.

El pasado 17 de marzo, cuando el gobierno intentaba discutir a puerta cerrada algunos aspectos del acuerdo, 20.000 estudiantes y trabajadores salieron a la calle. La protesta desembocó en el cerco al edificio y más de 170 personas resultaron heridas. A pesar de las detenciones, los manifestantes consiguieron cerrar las puertas de la sala y levantaron pancartas con mensajes como este: “es el momento de la independencia de Taiwán”.

A pesar de la fuerte oposición desatada en la calle (y en el parlamento, el Partido Demócrata Progresista también se opone), el presidente se reafirmó ayer en la firma del acuerdo con Pekín, a lo que el movimiento de los Girasoles ha respondido ocupando un segundo edificio: la sede del ejecutivo. Al parecer, los ciudadanos se están acercando al lugar, el apoyo está creciendo y los manifestantes están construyendo un auténtico muro humano. Ma Ying-jeou está rodeado.

La isla libre no se quiere dejar pisar

La isla de Taiwán, separada de China en 1949, alberga una de las economías con más proyección de Asia, y también supone un modelo productivo totalmente distinto al que representa China; derivado de la imposibilidad de competir, su desarrollo empresarial se basa en productos con valor añadido, de todo menos baratos.

El gran temor de los trabajadores es que los grandes inversores chinos acaben por devorar todas las pequeñas empresas y las explotaciones de los campesinos. Cuando entren a competir con las empresas chinas, los salarios del sector servicios (que suponen el 60% de los empleos) descenderán más de lo que lo han hecho en la última década (un 6%), y las condiciones laborales empeorarán. Por eso los sindicatos están apoyando las protestas estudiantiles, y les proveen de agua y alimentos.

El devenir político de la isla tampoco tiene que ver con el de China: en las dos últimas décadas, Taiwán se ha constituido en una democracia parlamentaria multipartidista y ha afianzado la libertad de prensa. El temor de los estudiantes es que este acuerdo abra la puerta para que grandes multinacionales chinas que se apoderen de medios de comunicación y editoriales (como pasó en 2008 con el China Times Group, que fue adquirido por Want Want Holdings, uno de los conglomerados alimentarios más fuertes de Asia, pro chino). En pocas palabras, se teme que la dominación económica termine siendo política. Un futuro que los jóvenes taiwaneses no están dispuestos a aceptar.

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