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Superhéroes e Islam, una historia de amor condenada por el integrismo

El cómic "The 99" se convierte en blanco de la enésima fatua lanzada por los líderes religiosos de Arabia Saudí

El psicólogo kuwaití Naif al-Mutawa decidió crear " The 99 " tras el desastre que el 11-S supuso para la imagen del Islam. Después de unos cuantos años de éxito y polémicas, su serie de cómics y el programa de televisión basado en ella son ahora objeto de una nueva fatua. Al gran Mufti de Arabia Saudí y a su Consejo no les gusta ni un pelo que las viejas formas se mezclen con las nuevas. "Es un trabajo malvado que debe ser destruido", afirman.

Cuando parecía que las cosas iban avanzando, zas en toda la boca al islamista moderado. Que con las cosas del Medievo no se juega.

Lo curioso del caso es que los personajes de "The 99" (en referencia a los 99 nombres del Profeta) se rigen por preceptos como la sabiduría, la fuerza o el valor. Que precisamente toda la idea detrás del cómic se basa en decirle al mundo "Eh, que los musulmanes somos buena gente, que el Islam transmite valores como la tolerancia, la justicia, la sensatez". Que las intenciones de al-Mutawa eran alejarse lo más posible del estereotipo yihadista de turbante-y-dinamita-en-el-pecho. Y además que la jugada le había salido estupendamente, cosechando éxitos en muchos países (dentro y fuera del ámbito árabe), e incluso siendo sujeto de un documental de la PBS. Propaganda positiva para el Islam a escala global, oiga. Pero no señor; parece que los líderes religiosos saudíes no están interesados.

Tampoco vamos a decir que no fuera previsible su reacción. Dentro de una cultura religiosa en la cual no se permiten ciertas representaciones gráficas, atreverse a crear un cómic de estética 100% Marvel con tramas de aventuras y temática islámica no iba a caer bien a todo el mundo. Que el mismísimo Obama alabase la tarea de su creador como influencia positiva dentro de la llamada "Alianza de Civilizaciones" tampoco ayuda: para muchos, "The 99" no era sólo una herejía, sino un nuevo intento occidental de pervertir y destruir la gran nación del Islam.

Todo en esta historia resulta tristemente previsible. Porque al final es la misma historia de siempre. Como cuando los líderes católicos afirman que el aborto es un insulto a Dios, o que la homosexualidad es una enfermedad promovida por un lobby y que amenaza con destruir a la civilización. Sabemos de sobra, o al menos intuimos, que muchos cristianos no piensan ninguna de esas barbaridades, y que religión no equivale a odio. Pero también que los órganos de poder muchas veces se apoyan precisamente en alimentar el miedo y la violencia hacia lo diferente.

La serie animada terminó su emisión en la televisión saudí la semana pasada, y habrá que ver qué suerte corre ahora la historia de los 99. Esperemos que sus enseñanzas de tolerancia y respeto no caigan en saco roto. Las necesitamos más que nunca.

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