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¿Sueñan los semáforos inteligentes con mejores ciudades?

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El llamado "internet de las cosas" está llamado a transformar el espacio urbano, empezando... YA

Natxo Medina

15 Enero 2014 10:18

Después del internet 1.0 (el de los buscadores) llegó el 2.0 (el llamado internet social, en el que vivimos ahora). El siguiente paso, en el que se vuelcan ahora los expertos en conectividad, vendría siendo el lógico 3.0, conocido comúnmente como "Internet of things" o "internet de las cosas". El nombre es tan claro como su definición: objetos conectados en red, y que manejan datos de lo que ocurre a su alrededor. Una especie de ecosistema de aparatos en red que podríamos definir como inteligentes. Las aplicaciones son virtualmente infinitas, y van desde que el termostato de tu casa sepa cuándo debe regularse, dependiendo de la temperatura ambiente, a que tu coche se conduzca sólo y elija la mejor ruta dependiendo de la información que reciba sobre el tráfico en las carreteras.

Evidentemente el urbanismo tecnofetichista, el representado por los gurús de la Smart City, está muy al tanto de todos estos avances, y ya existen cantidad de propuestas (como ésta o ésta, entre muchas) y caminos a explorar en el fecundo campo de dotar al mobiliario urbano de capacidad para reconocer su entorno y actuar en consecuencia. Manejando conceptos de gobernanza urbana, Big Data o "gamificación", la ciudad está llamada a convertirse en una especie de magma interactivo que transformará nuestra relación con ella, y puede que también la relación entre nosotros, a la hora de vivir nuestros barrios. El impacto que tal cosa pueda tener sobre nuestra vida en común dependerá al final de cómo y para qué se decidan aplicar estas tecnologías.

Po ejemplo, ¿es posible conseguir que los habitantes de un barrio sientan un vínculo más fuerte con éste gracias a objetos con personalidad propia? Este es el caso que quiere explorar Pop Pop, un proyecto que ahora mismo se está desarrollando en Nueva York, promovido por tres estudiantes de la NYU, y que básicamente consiste en una señal de tráfico anexa a las que indican las direcciones de cada calle (en la Gran Manzana este tipo de señales son muy abundantes), que no sólo reconoce el estado de su entorno (tráfico rodado, flujo de personas, clima, etc.) y se comunica con los paseantes en consecuencia, sino que además -y ese es el punto clave del proyecto- tiene su particular manera de hacerlo.

En palabras de Sam Slover, uno de sus creadores: "Podemos imaginar Pop Pop como un caballero de mediana edad que se siente responsable de su cruce de calles. Quiere asegurarse de que todo el mundo está seguro y feliz cuando cruza su intersección". Esto significa que Pop Pop normalmente estará contento, pero si en su esquina hay lío, puede que se ponga en plan yayo gruñón y nos señale con su dedo virtual. Si Pop Pop está haciendo un buen trabajo, el peatón puede acercarse y apretar un botón que sería el equivalente de un "gracias" o un rascado de barriga gatuno.

De momento es sólo un prototipo en desarrollo, pero no nos cuesta imaginar que uno pueda llegar a cogerle cierta estima al cacharro, y de esa manera demostrar, con el tiempo, lo importante que es para la vida de la ciudad que uno le tenga cariño a las calles que pisa.

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