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Sudáfrica, ¿la nueva meca del Sónar?

Descubre los factores que convierten al país africano en el que más música electrónica se crea y consume del planeta

De Sudáfrica, la mayoría conocemos a Nelson Mandela, pero puede que a estas alturas también nos venga a la mente el nombre del grupo Die Antwoord, y muchas otras cosas más. No sería extraño, ya que según un informe del International Music Summit, el país africano concentra el mayor consumo de música electrónica a nivel mundial. En los guetos y zonas más pobres lleva tiempo gestándose una brutal escena de productores y djs que, con métodos rudimentarios, han convertido la comunidad local en una de las principales canteras de música de baile del planeta.

Esto es lo que constatamos gracias a la mesa redonda que Valentino Barrioseta moderaba ayer en Sónar +D. El italiano es cofundador de Bridges for Music, una ONG que utiliza la música como instrumento para mejorar la vida en zonas empobrecidas. Los ponentes fueron Spoek Mathambo, artista y productor que estará presente en el line up de Sónar de hoy, y también el músico sudafricano Sibot. Les acompañó Jade Adami, responsable de comunicación de Seed Experiences, la agencia de conciertos y festivales más importante del país, que además organiza el Sónar Cape Town el próximo diciembre. También hubo un conferenciante imprevisto: de trata de Dj Spoko, un tipo flaco y con gorra que se intimidó cuando Spoek Mathambo dijo que debería acompañarles. Dj Spoko procede de uno de los guetos más grandes de Soweto.

“Fue increíble. Lo primero que oí al adentrarme en una de esas barriadas fue un house de altísima calidad. Fui como turista, pero me di cuenta de que en Sudáfrica pasaba algo extraordinario”, anunció Barrioseta. Sudáfrica es el país con el ratio de Djs per capita más elevado del mundo, y los creadores de las barriadas son fichados ya por grandes festivales como el Glastonbury’s o el Tomorrowland, es el caso de Dj Fosta o Thibo Tazz. Los programas de radio musicales tienen más audiencia que las noticias y artistas como Black Coffee mueven auténticas masas en redes sociales. La música electrónica surge del pueblo, de la base, y su consumo es lo más popular. Sin embargo, un fenómeno social de esta envergadura empezó a fraguarse en los años 80, “desde antes de internet": “La música rápida se extendió con el estilo disco bubblegum. Eso es porque en el barrio la gente no se queja del ruido”, ríe Dj Spoko. “Antes había la religión; ahora es la música”, añade Spoek Mathambo, originario del suburbio de Kwaito, uno de los más activos en la actualidad.

Autarquía musical

Si a nosotros nos resulta fácil perdernos en estos laberintos de chabolas sudafricanos, a los tracks de nuevo cuño que surgen de sus frágiles paredes también: “Hay mucho descontrol y mercado negro, haces una pista, la pasas a un amigo y en usas horas la está escuchando todo el vecindario. Nadie sabe quién es el autor y no hay forma de demostrarlo”, explica Spoko. “La piratería de software y de música ha sido absolutamente esencial para la escena sudafricana”, añade Sibot, uno de los artistas blancos que más ha pinchado en las barriadas negras. “Ahora es allí donde está la escena. El gobierno no debería criminalizar las fiestas que se montan por las mañanas en la calle, debería promoverlas; eso sería bueno para el turismo”. Barrioseta matiza: “Para los jóvenes es una vía de escape. La música hace feliz a todo el mundo”. “Tus amigos son la escuela y el maestro es Youtube, aunque a menudo yo no puedo escuchar mi propia música por la mala conexión”, dice Spoko, que al parecer siempre está rodeado de niños y jóvenes.

El género house dominó durante muchos años en el país, pero ha ido transformándose en lo que ahora se conoce como South African House Special o Deep House: “Mientras en Europa los artistas no han parado de copiarse unos a otros, aquí estábamos aislados y nos retroalimentábamos de una forma propia”, cuenta Spoek Mathambo. El resultado es una escena electrónica genuina y rabiosa, que al parecer muy pocos vinieron venir: “Ahora es Berlín quien mira hacia Sudáfrica”.

El mercado es tan grande que los sudafricanos son autosuficientes, y se ha instaurado una auténtica autarquía musical: “Los productores no exportan música porque no lo necesitan. Un dj medianamente conocido puede tener 270 conciertos al año. Nadie necesita salir”, explica Jade Adami.

Beats integradores

También en las sesiones de música electrónica puede haber segregación. En la era post apartheid, la música electrónica tiene un efecto integrador que no consiguen las políticas del gobierno, y que ha dado lugar a todo un circuito de festivales en los que primordialmente pinchan los djs de las barriadas como Spoko: “La gente sabe que ahí está lo bueno, pero intervenimos para que el público nos sea sólo blanco”, dice Jade Adami, una de las mayores responsables de esta interacción interracial mediante grandes fiestas. “En el barrio no les gusta tener que elegir música, mientras sea electrizante y puedan pagarla”, ríe Dj Spoko, y Sibot añade: “La sociedad está aún muy dividida entre negros y blancos, y la música es lo que hace que la gente vaya de fiesta unida. Pueden cerrar una calle, pero no impedir el paso al sonio que sale de un altavoz”.

Ahora, artistas como Skrillex o Richie Hawtin son los que quieren impregnarse de esta energía nueva que se había mantenido virgen en los límites del continente africano. Bridges for Music, la organización de Barrioseta, ha creado un documental que explica su trabajo en la zona, y en el que es posible constatar el interés de estos artistas mundiales por vincularse con la escena sudafricana. Sucedió con tantos otros géneros, el Hip Hop, vuelve a suceder con la electrónica con más pegada del momento: los blancos quieren de eso que tienen los negros.

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