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"El fútbol no es para fascistas"

Mañana el equipo alemán del St Pauli jugará con ese lema en sus camisetas

El mensaje es simple pero ningún equipo profesional lo había hecho antes. El equipo alemán del St Pauli juega hoy con una camiseta muy especial.

"Kein Fussball den Faschisten" se leerá esta tarde en el pecho de los jugadores del barrio de Hamburgo. "El fútbol no es para fascistas" reemplaza por un día a su sponsor. Será con motivo de su primer partido del año en casa y tras el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Se espera que durante el partido se despliegue en el estadio Millerntor una gran pancarta alusiva al posicionamiento antifascista del club.

Normalmente, el fútbol se llena de reivindicaciones antirracistas o de llamadas al respeto mutuo, pero la del antifascismo es una "línea roja" que los clubes y federaciones no suelen cruzar por considerarla demasiado "política".

Ningún problema para el St Pauli, un equipo con más de 100 años de historia, pertenece al distrito portuario hamburgués de Sankt Pauli y que desde los años 80 ha fomentado prácticas antirracistas, antisexistas, antihomófobas y antifascistas.

Fue el primer club alemán en tener un presidente homosexual, tiene una importantísima base femenina y con el tiempo se ha convertido en un símbolo de la cultura popular futbolística, en el equipo punk por antonomasia.

Con más de 500 clubes de fans en todo el mundo, la calavera y tibias cruzadas que simbolizan al equipo pirata son fácilmente reconocibles en multitud de productos con los que el club en parte se sufraga. Miembros de grupos como Sigur Rós, Editors, Asian Dub Foundation, The Gaslight Anthem o Turbonegro son fans.

Actualmente juega en la 2. Bundesliga, donde ocupa las primeras posiciones en lucha por el ascenso a primera. Sus partidos congregan a más hinchas que muchos del primer nivel. Hablamos de un club que estando en la 3. Bundesliga tenía medias de 15.000 espectadores.

El encuentro es, además, contra un rival especialmente "odiado". El RB Leipzig apenas disimula en su nombre su propiedad. Red Bull compró el equipo en 2009 con la intención de, a golpe de talonario, llevarlo de la 5ª división a la lucha por la Bundesliga y Europa en unos diez años.

Con el logotipo de la marca en el escudo o un estadio renombrado como Red Bull Arena, ha sido principalmente su manera de operar en lo financiero lo que le ha catapultado como el equipo que genera mayor antipatía de todo el país.

El club desafía abiertamente la Regla 50+1, impuesta desde 1998 en el fútbol alemán para que ningún inversor pueda ser dueño de más de la mitad de una sociedad. La meta es garantizar que los clubes sigan perteneciendo en parte a los aficionados. Una regla de la que solo escapan, por antigüedad, el Leverkusen de la farmacéutica Bayer y el Wolfsburgo propiedad de Volskwagen.

La argucia de Red Bull fue, efectivamente, liberar las participaciones para ser socio propietario del club, pero imponiendo tarifas desorbitadas para impedir que el RB escapase al control de la marca de bebidas energéticas. A día de hoy Red Bull, a través de diferentes personas, es dueña del equipo.

Definitivamente, esta tarde en el St Pauli-RB Leipzig se juega un partido entre mucho más que dos equipos de fútbol.

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