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Sollozos y ladridos: así es el corredor de la muerte canino

El perro no es el mejor amigo del hombre, porque el hombre no sabe tener amigos

Cuando hablamos de “sacrificio” imaginamos algo sagrado, algo necesario para que el mundo siga siendo armónico, algo hermoso, en cierto sentido, porque recuerda a aquellos episodios que leíamos en libros viejos a propósito de los siempre furiosos dioses clásicos. Sin embargo, hoy la palabra sacrificio sólo tiene un sentido, y es el de asesinato. Por eso, cuando escuchamos o leemos en las noticias que en tal país o localidad un número determinado de animales va a ser sacrificado, lo que en realidad quieren decir es que su exterminio será terrible.

En Taiwán, por ejemplo, más de 80.000 animales son llevados a las cámaras de gas, envenenados o asfixiados a lo largo de un año. La mayoría de ellos son perros callejeros, todos enfermos, tristes y abandonados, que a falta de un hogar caliente, aparecen moribundos en las aceras y son llevados a esas perreras en las que su futuro nunca resultará nada prometedor. Horrorizado por el conocimiento de estos datos, el fotógrafo Yun-Fei Tou se decidió a hacer una serie de retratos a distintos perros minutos antes de que se los llevaran a morir.

Para Yun-Fei Tou era primordial mostrar esta realidad al mundo, y entonces tuvo que dejar a un lado todo impulso artístico, pues lo que aquí importaba era convertirse en el altavoz de una atrocidad. Lo que esta sesión fotográfica nos demuestra es que abandonando a nuestros animales somos nosotros los culpables de que a diario se produzca tal cantidad de muertes horrorosas. Aquí nadie está libre de culpa, y por eso hay cada vez más cooperativas de todo el mundo que procuran concienciar a las personas de que adoptar y apadrinar animales es, esta vez sí, absolutamente necesario, absolutamente hermoso y absolutamente sagrado.

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