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La soledad más surrealista en 11 actos íntimos

Chrissie White es la fotógrafa que nos devolvió los sueños de la niñez

1. Hubo un tiempo en el que todas las niñas deseaban escapar de casa. Quizá soñaran con ser Alicia, o quizá su nombre preferido fuera el de Dorothy. En cualquier caso, su obsesión era la de huir lejos de aquel mundo que sus padres habían creado para ellas. Un lugar tranquilo, demasiado tranquilo para el ruido que en realidad había en sus jóvenes entrañas. Una maleta, el paraguas rojo, unos zapatos limpios: era la hora de irse.

2. Todas esas Alicias y Dorothys, sin embargo, veían sus sueños truncados, pues aún eran muy pequeñas y debían quedarse en el hogar. En el momento de escapar, no encuentran las llaves. El pomo de la puerta está demasiado duro, afuera llueve y en la maleta las provisiones sólo darían para una triste merienda... Al final, se resignaban a encerrarse en sus cuartos. ¿Pero quién dijo que para marcharse tenían que atravesar el umbral de la puerta de casa? ¿Acaso no podían huir con su imaginación? Alicia, Dorothy, daba igual: en los espejos y en las lupas podían verse reflejadas como unas verdaderas adultas libres y bellas.

3. Puesto que eran adultas, podían robar los cigarrillos mentolados de mamá.

4. Puesto que eran adultas, podían ponerse los vestidos de fiesta escondidos en el gran armario de su cuarto.

5. Puesto que eran adultas, podían maquillarse y hacerse la manicura, e incluso, a veces, podían ponerse esas máscaras que mantendrían su piel tan joven.

6. Pero también eran libres: dormirían todo el día.

7. Eran libres como los gatos y como los pájaros, así que caminarían por las cornisas.

8. Jugarían con la comida, porque eso es lo que hacen las personas que no están esposadas a un papá o a una mamá que les regaña.

9. Y se pondrían siempre esos zapatos rojos de charol que sus heroínas de los cuentos siempre llevaban.

10. Nadie les diría qué hacer con su imaginación: y podrían ser a ratos extraterrestres en pequeñas naves espaciales de color rosa, y a otros ratos primeras damas con una cita en la peluquería más cara de París.

11. Porque hubo un tiempo en el que las niñas soñaban con ser mujeres. Y entonces decidían utilizar su mente brutal para imaginar mundos maravillosos desde la misma siesta del sofá. Así es, también, como imaginó la vida un día Chrissie White. Una fotógrafa de apenas 19 años que decidió homenajear los momentos más dulces de la soledad de su infancia para crear el espacio en el que existe su serie Portrait of a Quiet Girl. Esta colección brutal en la que la quietud y la feminidad son los conceptos que terminan por definir su obra. Aquí, hasta la soledad es emocionante. Aquí, hasta el aburrimiento es hermoso.

Aburrirse también es un arte; soñar también es un arma.

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