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De Slumdog Millionaire a SlumGod B Boy: así se baila breakdance en el mayor suburbio de India

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El colectivo SlumGods trata de cambiarle la cara al escenario en el que se rodó Slumdog Millionaire empoderando a sus habitantes

Ignacio Pato

30 Diciembre 2014 13:34

¿Recuerdas Slumdog Millionaire? Seguro que sí. La película de Danny Boyle se llevó hace unos años 8 Óscars retratando las peripecias de Jamal y su concurso en el Quién quiere ser millonario hindú. Todo ello, con el mayor suburbio del país, Dharavi, situado en Bombay, de paisaje.

Dharavi fue fundado en pleno dominio colonial británico sobre la India. Allí, hoy en día y según las fuentes, tratan de sobrevivir diariamente entre 300.000 y 1 millón de personas. Allí fue rodada la premiada cinta de Boyle, a la que le siguieron toda una serie de polémicas que incluían desde el paupérrimo pago (y uso, claro) a los niños actores a las condiciones en las que estos malvivían, llegando a ser demolidas algunas de sus viviendas tras el rodaje de la película. Las acusaciones de diversos colectivos locales a Boyle de hacer "pornografía de la pobreza" tampoco faltaron.

Ahora, son algunos de los propios habitantes del slum de Dharavi quienes tratan de mejorar las condiciones de vida de quienes han de afrontarla en este lugar. La iniciativa SlumGods ha tenido dos buenas ideas. La primera es la de, mediante un leve cambio de letras, reforzar la identidad y autoestima de sí mismos y de quienes les rodean. Así, han pasado de ser literalmente "perros callejeros" a convertirse en deidades de barrio.

El segundo hallazgo de SlumGods es menos original pero más importante. Como sucede en otros lugares maltratados del mundo, estos deben ser mostrados de primera mano para una mejor comprensión de los mismos. Su voz en primera persona es el primer paso para reforzar sus propios vínculos comunitarios, más allá de antenas parabólicas y grabaciones occidentales que emitan perspectivas en ocasiones etnográficamente viciadas.

SlumGods realiza tours guiados por Dharavi. Entre sus intenciones está la de "dar a conocer a sus familias, amigos y vecinos al resto del mundo". Aseguran que así se reactiva una economía local que solo produce y nunca ingresa, inserta en una de las fábricas más grandes del mundo. Allí, a los niños como Vikram no les espera un futuro demasiado alentador.

A Vikram, de 15 años, le gusta bailar hip-hop, y para ello tiene que engañar a su madre, que lo considera una pérdida de tiempo. El capitalismo global contagia a sus peones de que su deber es único: producir. Vikram dice que va a por leche pero en realidad va a bailar breakdance. Es entonces cuando Vikram se convierte en B Boy Vikram. Akash Dhangar, de SlumGods, le enseña todo lo que sabe. A sus 22 años, y mientras cita al rapero KRS-One como referente, sabe que las ilusiones de 16 adolescentes más como Vikram están en sus manos y pies.

El rap en Dharavi sirve para mostrar otra realidad, y en el camino para sacar fuera todo el talento de chicos como Vikram. Y en la unión entre la mejoría de las vidas individuales de Akash y de Vikram, por un lado, y la construcción de una escena hip-hop hindú, está la próxima clave de la cuestión. Obligado a casarse joven, Akash teme que tener que alimentar un hogar le aleje de lo que realmente le gusta. Vikram, por su parte, necesita demostrar a su madre que no está perdiendo el tiempo, sino explotando un agradable potencial.

Entre los sueños de ambos, el amenazante y constante humo gris sobre Dharavi.

"El talento, sin oportunidad de desarrollarlo, no es garantía de nada. En la parte equivocada del mundo lo saben"

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