Actualidad

Slavoj Zizek y el traductor de nuestro autoengaño

El filósofo pop analiza el caso del intérprete para sordos del funeral de Mandela

Más comentado que la doble pregunta en Cataluña. Más ridículo que Jorge Lorenzo y Ana Botella hablando en inglés. Más inquietante que la mirada de Sauron. Más incomprensible que el creativo del último anuncio de la Lotería... Su nombre es Thamsanqa Jantjie, y ha venido para quedarse.

Jantjie es el traductor al lenguaje de signos para sordomudos que la lió en el funeral de Nelson Mandela. Acusado de asesinato (de quemar a dos personas vivas, concretamente), violación y robo en el pasado, Jantjie sufre esquizofrenia. Durante el funeral dijo oír voces y ver ángeles. Medio mundo la ha tomado con él, y el suceso ya ha generado más bibliografía secundaria que el bosón de Higgs. Muchos se han reído. Muchos se han indignado. Algunos hasta han querido ver en Jantjie el hombre de cartón pluma tras el cual se esconde el escurridizo Burial. Pero la canonización definitiva le acaba de llegar ahora: Slavoj Žižek le ha dedicado todo un artículo en The Guardian.

Filósofo pop por excelencia, el esloveno ha hecho de Jantjie el fantasma que acecha nuestras autocomplacientes fantasías. Žižek podría suscribir las palabras del sudafricano, quien recientemente ha declarado estar orgulloso de su destrezas para la traducción hasta el punto de autorpoclamarse "campeón de la lengua de signos". ¿Por qué podría Jantije llevar razón? Pues porque, según el esloveno, este tipo de traductores no es están allí para los sordos, sino para hacernos sentir bien a los que oímos perfectamente. Para tranquilizarnos y permitir que creamos estar haciendo lo correcto, como si de verdad pensáramos en los menos privilegiados. En este sentido, la actuación de Jantjie habría sido intachable, de matrícula de honor.

El mismo razonamiento se podría aplicar a las grandes galas benéficas —como los telemaratón que cada diciembre emiten muchas cadenas televisivas—, pues tales espectáculos melodramáticos no están pensados para los niños con cáncer o las víctimas de una inundación: son, en realidad, nuestra gran catarsis anual. Son galas organizadas en favor de nuestro beneficio emocional y simbólico. De hecho, según Žižek, el mismo funeral de Mandela tuvo más de pirotecnia lacrimal que de cualquier otra cosa.

El 'caso Jantjie' habría acabado con todo eso por un momento. Como Nuevo Mesías, nos habría revelado la verdad de nuestro autoengaño complaciente. Al mago se la he visto el plumero.

Podemos preguntarnos, sin embargo, si Jantjie ha encarnado la pastilla azul que nos ha devuelto fuera de Matrix, como pretende Žižek, o si por el contrario ha supuesto una sobredosis de pastillas rojas. Por más goloso que sea pensar lo contrario, nos inclinamos a creer que estamos en el segundo de los escenarios. Que siga el espectáculo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar