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En la guerra de Siria, ¿podemos seguir fiándonos de los medios serios?

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La confusión y la propaganda en Alepo ponen la duda sobre los medios de comunicación que se defienden como el último gran reducto frente a la posverdad

Rafa Martí

18 Diciembre 2016 12:57

De las muchas cosas que se han dicho esta semana de la batalla de Alepo, la falta de veracidad y de informaciones contrastadas es de las que menos se está hablando.

Los grandes medios que se mantenían como el último gran reducto frente a la ola de posverdad propagada por medios alternativos, ahora están en duda: fuentes partidistas, escasas coberturas sobre el terreno, historias emocionales no confirmadas... Todo para terminar diciendo que Bachar al-Assad era el malo de la película.

Hemos hablado con dos periodistas y analistas internacionales que nos han ayudado a aclarar por qué todavía podemos seguir agarrándonos a los medios clásicos, pero haciendo lecturas más críticas que nunca.


¿Qué ha pasado en el caso de Siria?

Como en toda guerra, la información que se difunde en Siria está infectada con fines propagandísticos. Dice Íñigo Sáenz de Ugarte, de eldiario.es: “La dificultad de los grandes medios para tener a gente sobre el terreno ha derivado en que periódicos como The New York Times o The Washington Post recurran a fuentes que tienen intereses políticos y que participan en la contienda. Son fuentes que te intentarán engañar”.

Por su parte, Lluís Bassets, de El País, asegura: “Si en los países en paz, en democracias occidentales, vemos cómo funciona la mentira y las noticias falsas, ¿qué no pasará en un lugar como Siria? Parte de la guerra es mentir. Lo que no pueden los medios es dar propaganda como información”.

¿Es el fin de la credibilidad?

Lo que deja claro la cobertura de la batalla de Alepo es que periódicos como los mencionados tienen menos legitimidad para criticar a medios como Breitbart que dan noticias falsas. Sin embargo, esta no es una razón por la que debamos desconfiar de medios cuya trayectoria y finalidad es hacer periodismo riguroso.

“En el mismo medio te encuentras ejemplos de periodismo excelente y ejemplos de periodismo patético. Con todo, yo me fiaría más de un Washington Post que de un Breitbart”, asegura Sáenz de Ugarte.

Bassets, por su parte, dice: “Más que las cabeceras, hay nombres y apellidos que están haciendo un excelente periodismo. Pero ellos compiten con todo el mar de informaciones poco veraces que terminan por ocultarlos. Pienso en corresponsales españoles como Andrés Mourenza o Mikel Ayestarán, en periodistas anglosajones como Patrick Cockburn y David Remnick. Su trabajo es excelente, dentro de las limitaciones para la objetividad que tiene cualquier periodista. Tenemos que tener una visión muy crítica pero no es el momento de hacer derrotismos”.

No tomar partido y hacer información contrastada no significa que no haya que denunciar las asquerosidades de al-Assad. Lo que habría que decir también que los mal llamados rebeldes moderados no son héroes, sino que son igualmente asquerosos (Lluís Bassets)


¿Cuál es la tabla de salvación del periodismo?

La receta no es otra que volver a lo de siempre: “El periodismo tiene que centrarse en los hechos”, dice Sáenz de Ugarte, mientras que Bassets habla de “tomar distancia y de hacer análisis racionales”.

Sin embargo, volver a los de siempre convive con dificultades añadidas: “Es un difícil equilibrio combinar la venta de buenos contenidos con atraer tráfico. La importancia de contrastar todas las informaciones compite con la necesidad que tienen todos los medios de generar noticias”, dice Sáenz de Ugarte.


A esto se suma que los propios mecanismos internos de los periódicos fallan: “En España, la historia de Nadia, la niña que supuestamente estaba enferma, que conmocionó a todo el país y que luego resultó ser falsa, nos enseña que algo va mal dentro de los periódicos. Esa noticia pasó por las manos de varios editores y fue publicada”, añade.

Es un difícil equilibrio combinar la venta de buenos contenidos con atraer tráfico. La importancia de contrastar todas las informaciones compite con la necesidad que tienen todos los medios de generar noticias (Íñigo Sáenz de Ugarte)


¿Significa esto que hay que rechazar las informaciones emocionales o rechazar las fuentes partidistas?

Si toda la información que se diera sobre la guerra de Siria fuera analítica y racional, probablemente las miradas no estarían puestas sobre Alepo como lo están hoy.

Después de pasados unos años, la audiencia se impermeabiliza ante diferentes realidades como la guerra de Siria. Entonces, la única manera de seguir hablando de esa guerra es a través de historias personales que generen emociones. Y si son de niños, todavía más. Historias como la de Bana al-Abed no son falsas en sí mismas: sus fotos demuestran que es una niña que está en Alepo. Pero lo que no podemos dar por válido es el factor propaganda: quien tuitea realmente es su madre, profesora de inglés y opositora a Bachar al-Assad. No podemos llegar al ridículo de llamarla la Anna Frank siria, porque además ahí estamos haciendo una comparación con el holocausto, y la batalla de Alepo no tiene nada que ver con eso”, comenta Sáenz de Ugarte.

Por su parte, Bassets, añade: “Los medios no tienen que tomar partido. Pero no tomar partido y hacer información contrastada no significa que no haya que denunciar las asquerosidades de al-Assad. Lo que habría que decir también que los mal llamados rebeldes moderados no son héroes, sino que son igualmente asquerosos”.

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