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Esta mujer persiguió a la muerte con su cámara

Wiam Bedirxan y un cineasta en el exilio cuentan la guerra siria a través de vídeos de Youtube

Imagina que eres un viejo cineasta y que tus películas están prohibidas en tu país, Siria. Imagina que es mayo de 2011 y que una revuelta popular estalla contra el régimen de Bashar al Assad. Te lo han advertido: caerán los opositores, van a ir a por ti. Huyes y te instalas en París.

Cada día, desde tu piso francés, te asomas a Youtube y miras escenas insoportables. Cuerpos con restos de gas tóxico, torturas, mujeres y hombres que gritan sosteniendo a sus familiares heridos. Ves edificios que conoces hechos añicos por las bombas.

De pronto, te das cuenta: necesitas sufrir, necesitas ese horror. Tu hogar no es París, tu hogar está bajo el fuego, bajo más de 150.000 cuerpos.

Ossama Mohammed es ese cineasta. Vivió la guerra de Siria desde el exilio, montando compulsivamente vídeos grabados con móvil por gente anónima. Un día, alguien le escribió por chat: “¿Eres el famoso director? Si tu cámara estuviera en Homs, ¿qué filmaría?”. Era Wiam Simav Bedirxan ("Simav"), una mujer kurda de 35 años que había decidido arriesgar su vida para registrar todo lo que sucedía a su alrededor.

Desde ese momento, Ossama y Simav pasaron dos años escribiéndose, hablando por Skype. Ella se convirtió en sus ojos, en sus manos. Como dice el propio cineasta, fue su Sherezade. Ambos dieron vida a Syria Self Portrait, Silvered Water, un documental construido con 1.001 vídeos filmados por sirios anónimos que se está estrenando estos días.

Mover la muerte

Conectamos con Ossama Mohammed vía Skype. Está sentado en el sofá de su piso parisino, masca un puro. Le pedimos que comente tres fragmentos de su película. El primero es este:

"Tengo que decir mi verdad, para mí es una secuencia increíble. No habría dicho lo mismo hace un tiempo. Minutos antes, ese cuerpo estaba vivo, caminando por las calles. Los sirios  mueven el cadáver a pesar del riesgo de ser disparados por un francotirador. Rescatan a ese cuerpo de la ignorancia para ponerlo en un plano respetable y humano. Los sirios se convierten en ciudadanos de la humanidad".

"Cuando pienso en mi propia muerte, pienso en la base de un precioso árbol. La vida es eso, poner la muerte en sitios bonitos para seguir viviendo".

"La revolución siria fue también una revolución del cine. Los manifestantes alzaban sus móviles, los móviles se movían porque el que filmaba estaba gritando '¡libertad!'. Grabar en momentos de emergencia, entre la vida y la muerte, fue el origen de un montón de fuerzas estéticas".

Mover la cámara

Ante el siguiente fragmento, Ossama siempre se pone a temblar. No solo por la fuerza de la secuencia, sino por un texto que escribió Simav, y que también escribieron las mujeres de este vídeo con sus gritos.

"Es el principio del exilio en Siria, hay muchos niños. Es un documento que me recuerda a los vídeos de la Segunda Guerra Mundial, y no sé por qué, a la guerra de Vietnam. Mira las caras de la gente, sufren por la ausencia de justicia".

"Esta secuencia es un texto escrito por miles de víctimas, tiene múltiples voces y dos movimientos. El de la gente que huye y el de la cámara, que va en sentido contrario, como intentando volver".

Mover Siria

Este último fragmento fue filmado por Simav. Durante varios días se dedicó a seguir a este niño, Omar, por las calles de Homs.

"No sé ni qué decir. Omar es un filósofo genial, pura coreografía, un sabio. Este niño no sabe nada de la Revolución de los Claveles de Portugal, pero crea la historia con una flor. Con ella defiende su juventud, entierra a la muerte y a la destrucción. La cultura no es leer ni estar informado, la cultura son los genes del ser humano. Me digo a mí mismo que Omar es el espíritu de la revolución, antes de que fuera aislada y contaminada".

"Sin esa revolución ciudadana, y sin el crimen y la tragedia, Simav y yo no nos hubiéramos conocido. La nueva Siria creó la necesidad, en toda la ciudadanía, de conectar con el otro. A través de Simav volví a Siria y al cine".

Mover a Simav

Ossama Mohammed pasó 43 años en Siria tratando de hacer cine de denuncia. Era uno de los pocos directores que se oponían públicamente al régimen, e hizo películas que no pudieron distribuirse por ese motivo.

La revuelta popular para derrocar a Bashar al-Assad le enseñó algo que cambió para siempre su forma de encuadrar su vida: "Los directores éramos gente famosa, en una élite que hablaba de justicia y libertad. De repente, hubo un giro dramático: la gente salió a la calle y empezó a hablar de estos temas. Los cineastas, sentados en nuestras casas, nos volvimos espectadores".

"Los Sirios filmaban, morían y subían las imágenes a internet. Miles de familias de Homs pasaban hambre, ni siquiera había agua. Simav comía hierba. Ser valiente, desde fuera, es imposible, por eso mi vida se convirtió en una lucha para conservar mi humanidad".

Ossama y los productores del film hicieron lo imposible para que Simav pudiera asistir al estreno de la película en el pasado Festival de Cannes. Ella tuvo que cruzar Siria en unas duras condiciones, pero lo consiguió: "Es difícil hablar con ella, convencerla para que abandone Siria", explica Ossama. "Al mismo tiempo, no puede vivir allí. Ahora es objetivo de dos tipos de fascistas: el régimen y los islamistas. Simav es una mujer independiente. Siria es Simav, un chica valiente, laica, libre". 

Cuando la guerra se agita en los móviles, Youtube es el ataúd de los exiliados

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