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Síndrome de Asperger: ¿el nuevo fetiche hipster?

El desorden cognitivo más frecuente en Silicon Valley podría ser víctima de la "comodificación"

Un reciente perfil publicado en Vanity Fair especula con la idea de Marissa Mayer, CEO de Yahoo, pueda sufrir síndrome de Asperger. Lo hace mencionando de pasada que muchos de las grandes mentes de Silicon Valley podrían estar en mayor o menor medida afectadas por este desarreglo, que tiene rasgos en común con el autismo. Quienes lo padecen pueden presentar habilidades únicas para realizar determinadas tareas, pero también sufrir problemas de aislamiento, dificultades de adaptación y una dolorosa falta de habilidades sociales y empatía. Lo primero no siempre pasa, pero sí lo segundo.

Piensa en el querido y odiado Sheldon Cooper de "The Big Bang Theory". El es un ejemplo famoso e hiperbólico de ficción de lo que supone padecer Asperger. Entendiéndolo así, Silicon Valley estaría lleno de Sheldons y la antigua empleada estrella de Google, hoy una de las mujeres más poderosas de la industria online, sería la comandante de este ejército de geeks emocionalmente torpes aunque sobrados de capacidad de trabajo y potencial para la innovación. Por divertida que pueda parecer la anécdota, ciertas dudas aparecen a poco que uno tire del hilo. ¿Están cayendo este tipo de visiones mediáticas en una cierta frivolización de lo que es un desorden cognitivo, tratable pero hoy por hoy incurable?

Podemos encontrar encantadora la figura del "geek genial-aunque-difícil", empatizar con el genio artístico de supuestos "aspergers" célebres como Gary Numan, Andy Warhol o el mismísimo Bob Dylan. Incluso podemos dejarnos llevar por la pasión tecnófila, compartiendo esa visión, un tanto superficial, del "nerd" que a lo mejor es un auténtico inepto social, pero a la vez es capaz de inventar el solito el producto que habrá de venir a sustituir al iPhone. Esta retórica recoge sólo las partes más llamativas del "genio rarito", añadiendo unas cuantas gotas de publi-ficción, y se salta las más peliagudas, las que involucran las dificultades en el trato cotidiano con otros humanos, compañeros de trabajo, familias, parejas. Sin ir más lejos, hace poco se supo que Susan Boyle (la estrella de mediana edad surgida del "Tú Sí Que Vales" británico) lo padeció toda su vida sin saberlo, y que sólo desde que logró ponerle nombre a su trastorno ha podido sentirse "aliviada y más relajada al respecto de mí misma".

Ella es sólo un caso llamativo, pero como siempre ocurre, son aquellas personas que lo sufren de cerca y sin recibir ningún tipo de atención mediática, personas que a lo mejor no tienen ninguna cualidad especialmente genial o alucinante -o les faltan los recursos para desarrollarlas y por tanto pueden quedar aislados- las que suelen verse perjudicadas por según qué ideas y prejuicios extendidos al respecto de su enfermedad. Como comenta José Antonio Peral, de la Federación Asperger España, "asimilar el SA con la genialidad está más del lado de lo mítico que de la realidad".

En ese constante proceso de comodificación en el que vivimos inmersos, por el cual cualquier aspecto, objeto o condición de nuestra vida es susceptible de ser empaquetado y vendido, el que un desorden del desarrollo acabe siendo utilizado para definir un "branding personal" no deja de ser una idea verosímil. Llevando nuestras reflexiones a un terreno más macroestructural, nos podríamos preguntar si lo que se nos querrían vender sería un "Mundo Asperger" en el que todo sean maratonianas jornadas de trabajo, culto a la innovación y completa disolución de redes emocionales, puro Silicon valley Style. Incluso si no será este en realidad el escenario al que ya nos estamos acostumbrando sin darnos demasiada cuenta. Un escenario en el que las Melissa Mayers y los Sheldon Coopers del mundo no serían humanos a los que tratar de entender y a los que procurar bienestar, sino ejemplos a seguir en nuestra implacable conquista del coolness y lo monetizable.

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