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Te odio. Con todo mi amor, hasta nunca

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En torno al magnético ensayo sobre el suicidio publicado por el filósofo Simon Critchley

Ignacio Pato

01 Febrero 2016 06:00

Querida Betty:

Te odio.

Con todo mi amor,

George.

Esta es una de las notas de suicidio que el filósofo Simon Critchley adjunta en su recién publicado y brillante ensayo 'Apuntes sobre el suicidio' (Alpha Decay, 2016). Adentrarnos en el tema es un viaje a lo desconocido, entre el blanco cegador y el vacío más negro.

Un perturbador camino del que Critchley no solo sale airoso, sino como ganador gracias a reflexiones como la que hace en torno a la nota de George hacia Betty: nuestro suicidio puede ser un castigo voluntario a la persona que amamos.

Esta ambivalencia entre amor y odio, entre vida y muerte, al fin, está presente también en la carta de despedida de Kurt Cobain. "Desde que tenía siete años, he sentido un odio total por todos los humanos en general. (...) Paz, amor y empatía". Para rematar con un desgarrador grito dirigido hacia su pareja, Courtney Love:

"TE QUIERO ¡TE QUIERO!".



¿Puede un suicidio ser un castigo voluntario a un ser amado?





1. PECADO, FRACASO Y LIBERTAD: EL TRIÁNGULO DEL TABÚ

El trabajo de Critchley está tan libre de grasa —apenas 80 páginas— como de lecciones morales. El británico se presenta como uno de nosotros, haciéndonos recordar a David Hume y su convencimiento de que "la verdad emerge de la discusión entre amigos". Donde no debería haber tabúes.

El tabú más primario del suicidio orbita alrededor del pecado judeocristiano. Solo Dios puede arrebatar aquello que ha dado, la vida. Pero si esta es un regalo divino, estaríamos hablando de una deidad un poco rencorosa y demasiado autoconsciente. Dicho con lenguaje de 2016, un regalo se entrega sin condiciones; si no te gusta lo que te compré por tu cumpleaños, puedes venderlo en Wallapop.

Además, ¿no está lleno el santoral de martirizados que en parte han buscado su propia muerte?



Si la vida es un don divino, el receptor es su único dueño. Un regalo con condiciones no es un regalo




Otra de las ideas-eje de la autoprivación de la vida tiene un nombre claro: FRACASO. El suicida, pobre, ha perdido el control de sus actos. Ha perdido el juego de la vida. Enter juicios morales. Piénsese en las reacciones a las muertes de Philip Seymour Hoffman y Robin Williams. Un suicidio, el de este último, que al día siguiente de producirse elevó de 3.500 a 7.400 las llamadas al teléfono de la esperanza estadounidense.

Necesitamos desesperadamente sujetar el asunto, despojar al suicida de su condición de hombre libre porque justo eso es lo que somos el resto. Hombres libres, incapaces de hacer algo así. Pero desconocemos si la persona en cuestión abandonó el mundo sintiendo que ejercía su acto más radical de libertad personal.

Es terrible reconocernos dueños de nuestro destino.



¿Ha fracasado el suicida en el juego de la vida?





2. CÓMO MORIR

Tendemos a pensar en nuestra muerte con la mayor de las solemnidades porque es el único escenario del que estamos seguros que es irrepetible.

Cómo morir, menuda cuestión. Incluso para Albert Camus, que en vida pensaba que hacerlo en accidente de tráfico era la manera más absurda de morir. Falleció dentro de un coche empotrado contra un árbol.

Como vemos, la muerte y el suicidio no son temas tan elitistas como aparentan desde fuera: hay grandes figuras intelectuales que no pueden darnos precisamente lecciones prácticas.



Nuestra muerte es el único escenario que creemos irrepetible




Séneca el estoico mantenía que "viviría mientras debiera, no mientras pudiera". Tras ser condenado a muerte por Nerón, decidió acabar con su vida. Se cortó las venas, pero la cosa tardaba. Pidió cicuta. Tampoco funcionó. Sus ayudantes tuvieron que meterle en una bañera hirviendo, donde la mezcla del vapor y el asma que sufría terminaron por fin con aquella larga escena.

Al escritor Yukio Mishima, que con su muerte ansiaba salvar el honor de Japón, también tuvieron que echarle una mano con su hara-kiri.

Otros, como el poeta José Asunción Silva, prefieren asegurarse. La leyenda dice que pidió a un doctor que le dibujase en el pecho el lugar exacto que ocupa el corazón para no errar el disparo.

En cualquier caso, como decía David Foster Wallace, la mente es un magnífico sirviente pero un amo terrible. Siguiendo al escritor, Critchley establece que esa es la razón "de que la gente que se suicida con armas de fuego lo haga de un tiro en la cabeza en vez de en el corazón".



La mente es un magnífico sirviente, pero un amo terrible (D.F. Wallace)





3. ENTREVISTA CON UN MUERTO

El suicida se asoma a lo desconocido y lo hace voluntariamente. Por eso nos suscita un extraño respeto. En ocasiones, uno puede suicidarse simplemente dejando de vivir. La muerte de la filósofa Simone Weil aúna ambos rasgos. Falleció en Inglaterra en 1943 tras negarse a comer más que la ración que recibían los habitantes de la Francia ocupada por los nazis.

La propia muerte, vemos, puede tener una motivación colectiva, política. Es el caso de Thích Qu?ng ??c, el monje budista que en 1963 se inmoló en Saigón para protestar contra la represión religiosa del gobierno.

Lo cierto es que casi nadie quiere irse de este mundo en secreto. Hasta Thích Qu?ng ??c había dejado escrita una carta de despedida.



Casi nadie quiere irse en secreto




En ocasiones, pueden ser incluso un manifiesto que trascienda la vida del fallecido. El más famoso es quizá el del presidente Salvador Allende acorralado en el Palacio de la Moneda por el avance golpista de Pinochet:

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Las notas de suicidio tienen algo de entrevista póstuma. Si bien son un buen acercamiento al interior del suicida, no dejan de encerrar también una paradoja: son una comunicación acerca de un fracaso en la comunicación. Una especie de no deberías estar leyendo esto.

Las notas son lo más cerca que estaremos nunca de hablar con un muerto.



Las notas de suicidio son una paradoja en si mismas: una comunicación acerca de un fracaso en la comunicación. Un 'no deberías estar leyendo esto'




Lo peor que puede ocurrir, como en una entrevista, es que el suicida (el entrevistado) se muestre terriblemente sobrio. Si alguien que está tan cerca de la muerte no nos da claves sobre ese momento, la cosa deja un poso tan terrenal que nos vemos reflejados: podemos ser cualquiera.

Algo así como lo que hizo el periodista Hunter S. Thompson cuando escribió:

"Se acabó la temporada de fútbol. No más partidos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más nadar. 67. 17 años más allá de los 50. 17 más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Siempre ando cabreado. Un pelmazo para todo el mundo. 67, te estás volviendo avaricioso. Compórtate según tu avanzada edad. Relájate. No te va a doler"

A continuación, se voló la cabeza con una escopeta.

Algunas despedidas tienen un punto infantilmente sombrío, como la de la actriz Clara Bandick, que se ató una bolsa de plástico a la cabeza. "Estoy a punto de empezar la gran aventura", dejó anotado.

Otros quieren jugar hasta desde el más allá. El escritor de novela negra Eugene Izzi planteó su propio suicidio como si fuese una de las tramas de sus novelas. Se ahorcó en un piso 14 de Chicago. Cuando la policía le descolgó, vio que llevaba puesto un chaleco antibalas y en los bolsillos portaba un spray antivioladores y un diskette con una novela inacabada.



4. INCOHERENTES. VIVOS

Sobre todas las implicaciones filosóficas del suicidio, resurge una desafiante: la auto-abolición de la propia vida puede ser el recurso del optimista. Del optimista que ya no logra serlo, pero busca salvación. Porque los pesimistas, como dice Emil Cioran, pueden seguir viviendo aquí sin una razón para morir.

El suicidio es el cierre de una vida que ya nunca se manchará, que ya nunca incurrirá en mundanos fallos e incoherencias. Radicalmente legítimo, se debate ente el egoísmo y la valentía. Pero quizá le estamos dando demasiada importancia a la ilusión de tener una vida valiosa y no al valor de una vida. Quizá la caída del mundo que nos rodea pueda ser incluso un espectáculo melancólicamente bello.


¿Es el suicidio el recurso del optimista?



Como bellas fueron las palabras que una mujer escribió a la persona que amaba hace ya demasiado tiempo. 

"No puedo luchar más. Sé que te estoy destrozando la vida. Verás que ni siquiera esto puedo escribirlo bien. No puedo leer. Cuanto quiero decirte es que toda la felicidad de mi vida te la debo a ti. No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que lo hemos sido tú y yo"

Virginia Woolf se puso varias piedras en los bolsillos. Y se fue metiendo poco a poco en el río, haciéndonos sentir incoherentes. Supervivientes.

Vivos.

Las navajas cortan, los ríos mojan, los ácidos manchan y las drogas acalambran. Las armas están prohibidas, los lazos se sueltan, el gas huele que apesta. Tampoco está tan mal la vida (Dorothy Parker)



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