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Silicon Valley tiene un problema de igualdad (y es serio)

El documental 'She Started It' sigue a cuatro mujeres empresarias con la intención de visibilizar referentes femeninos en el sector de la tecnología

“No se puede ser lo que no se puede ver”. La cita es de Mare Wilson, la fundadora de la ONG White House Project, que se dedica a la promoción femenina en las instituciones, gobierno y empresas norteamericanas. Precisamente para combatir esa falta de referentes femeninos (o la visibilidad de los existentes), las periodistas Insiyah Saeed y Nora Poggi se embarcaron el documental “Ella empezó”, un film en el que siguieron durante más de un año las vidas de cuatro mujeres empresarias desde la gestación de sus proyectos.

Mediante la difusión de la película en el mundo educativo y también en cines, las codirectoras quieren mostrar a niñas y jóvenes que el éxito femenino existe: “Muy a menudo a las mujeres se nos condiciona para soñar pequeño, por eso queremos ofrecer a las jóvenes un empujón de ambición. Si no ven a otras hacerlo, nunca podrán hacerlo ellas mismas”, ha declarado Poggi a Fast Company.

Más allá del estereotipo Zuckerberg

En el documental aparecen testimonios de mujeres que trabajan en el mundo de la industria tecnológica y de las start ups de Silicon Valley en los que se da a entender que es difícil conseguir el mismo trato que los hombres: “Algunas han tenido que escuchar frases como 'oh, eres tan linda’ por parte de inversores. A veces los hombres ni siquiera son conscientes de la falta de respeto explícita que cometen”, dice Poggi.

"La intensa cobertura mediática que se hace de Silicon Valley sigue dando a entender que los altos ejecutivos tienen todos el mismo perfil", explica Rachel Sklar, cofundadora de Change The Ratio y TheLi.st. El perfil típico es de varón blanco, joven y sin demasiada vida social. Lo que a todos nos viene a la mente cuando decimos las palabras tekkie o nerd: “Esto afecta la imagen que la gente se forma de estos empresarios, incluyendo a los inversores de capital riesgo que deciden si darles una oportunidad o no”.

Imagen vs. éxito

De modo que la visibilidad de las mujeres en estos ámbitos de negocio no solamente es algo deseable, sino que afecta directamente a las probabilidades de éxito de sus proyectos. Es decir, impide que las mujeres avancen. John Doerr, el inversor de Kleiner Perkins Caufield & Byers, afirma que los prejuicios siguen existiendo en Silicon Valley: “Existen más que otro factor que haya visto en los mayores empresarios del mundo. Si nos fijamos en Bezos (el fundador de Netscape Communications) o los fundadores de Google, todos parecen ser los empollones que han abandonado Harvard o Stanford. Así que cuando veo que el patrón que encaja, es más fácil decidir invertir”, explica. Otro empresario, Paul Graham, admitía a The New York Times que la apariencia (y el sexo) son un gran factor a la hora de decidir sus inversiones, incluso si son erróneas: “Puedo ser engañado por cualquier persona que se parezca a Mark Zuckerberg. Un tipo al que financiamos era terrible, y dije: ¿cómo puede ser malo si se parece Zuckerberg?”.

Aunque el paradigma cambia lentamente y cada vez es posible conocer más casos de mujeres en el mundo empresarial, el hecho de que no existan barreras visibles no indica que no hayan grandes muros todas ellas deban sortear. Además de visibilizar a aquellas que han alcanzado sus metas, empieza a ser hora de que el sector empresarial y el de los inversores entiendan que el machismo es un mal negocio: “El dinero inteligente es apostar por la diversidad y los nuevos mercados, así es como se innova”, sentencia Sklar.

[Vía Fast Company]

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