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Casi 1.000 días en prisión preventiva solo por tomar fotografías

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El juicio al fotoperiodista egipcio Shawkan se vuelve a aplazar hasta el próximo 23 de abril. Un calvario que dura casi mil días y que demuestra una vez más que la libertad de prensa en Egipto es inexistente

silvia laboreo

30 Marzo 2016 22:29

Ir a la cárcel por el simple hecho de informar. Esto es lo que te puede pasar si vives en Egipto, uno de los países del mundo donde más violaciones de libertad de prensa se cometen cada año.

Ser periodista, fotógrafo, reportero o comunicador en Egipto implica estar siempre en el lugar y en el momento equivocado. Y el reportero gráfico Mahmoud Aboud Zeid, conocido como Shawkan, puede dar buena cuenta de ello.



Este joven egipcio de 27 años se encuentra en prisión preventiva desde hace más de 955 días. Casi tres largos años encerrado en la prisión de Tora en el Cairo. ¿Su delito? Fotografiar los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los simpatizantes del depuesto presidente egipcio, Mohamed Morsi.

Shawkan fue detenido junto a otras muchas personas el 14 de agosto de 2013, tras el derrocamiento del presidente Morsi. Cuando sucedió el arresto, el reportero cubría para las agencias Demotix y Corbis una gran acampada organizada por los partidarios del ex presidente en la plaza de Rabaa al Adawiya de Ciudad Nasr, en El Cairo.

Se cumplen más de 955 días desde la detención del fotoperiodista egipcio Shawkan. ¿Su delito? Tomar fotografías

Ese 14 de agosto comenzaba un calvario que está muy lejos de terminar. Un infierno de agresiones, vejaciones y malos tratos por parte de la policía y los militares que comenzaba desde el mismo momento de su detención.

“Tenía mucho miedo, creía que iba a morir. A cada hora, venían y seguían golpeándome con todo tipo de objetos. Probablemente fueran los peores días de mi vida. Me duele incluso recordarlos”.

Shawkan pasó siete horas detenido en la prisión de Abu Zaabal, hacinado junto con otras 49 personas en un furgón estacionado a pleno sol, sin agua, comida ni ventilación.

“No podíamos respirar por el calor y la poca ventilación. Todos aguardábamos la muerte”.

Pero la muerte no apareció y ahora Shawkan espera en prisión un juicio que parece no llegar nunca.  

El pasado sábado 26 de marzo se celebró la primera vista del macrojuicio que colocará al fotoperiodista Shawkan y a otras 738 personas en al banquillo de los acusados. Shawkan está acusado por manifestación ilegal, uso de la fuerza, posesión de armas, vandalismo y asesinato premeditado. Cargos falsos por los que podrían condenarlo a cadena perpetua.



Tras esta primera vista, el juicio ha sido aplazado nuevamente hasta el 23 de abril, para que los abogados de la defensa puedan tener acceso a las pruebas del caso y estudiarlas. Esta es una más de la lista de aplazamientos de un juicio que debería haber empezado el 12 de diciembre de 2015. Un juicio eterno para Shawkan, que ha superado con creces el tiempo máximo de prisión preventiva que recoge la ley egipcia (un total de seis meses).

El caso de Shawkan presenta muchas aristas, muchos claroscuros que impiden conocer todos los detalles. Empezando por la dificultad para contactar de forma directa con el foto reportero.

Shawkan no recibe la correspondencia que se le remite y hace poco fue enviado a aislamiento acusado de poseer un teléfono móvil. Luego se demostró que el dispositivo pertenecía en realidad a un compañero.

El 26 de marzo se celebró la primera vista del juicio a Shawkan y a otras 738 personas. Tras esta primera vista, el juicio ha sido aplazado nuevamente hasta el próximo 23 de abril

A principios de marzo, Shawkan envió una carta desde prisión que fue publicada por Amnistía Internacional. En ella, el fotoperiodista relataba una de las inspecciones “rutinarias” a las que se ve sometido en su celda de apenas dos metros cuadrados. Inspecciones que acarrean numerosas vejaciones verbales y físicas por parte de los guardas. Shawkan se preguntaba al final de la misiva:

"¿A qué viene tanta opresión y persecución? Quiero que una persona cuerda me responda: ¿Qué está pasando? ¿Por qué me recluyen injustamente en régimen de aislamiento? ¿No ha sido suficiente pasar casi 1.000 días recluido injustamente y por cargos falsos? ¿Mil y una noches? ¿Por qué se les impide a mis ancianos padres ver a su hijo tras tener que soportar 8 horas y un día entero de espera para traerme cosas que necesito? ¿Por qué demonios 10 hombres registran una celda del tamaño de una caja de cerillas durante dos horas?".

Shawkan denunciaba sus condiciones de vida en la cárcel: golpes, insultos, cartas y visitas que no llegan, robos por parte de los guardias, aislamiento, acusaciones falsas y mala alimentación.

Además, Shawkan no tiene acceso a medicación ni atención médica pese a que padece Hepatitis C y su salud se ha deteriorado recientemente fruto de las duras condiciones de la cárcel. Una de las razones por las que su familia ha apelado hasta 17 veces al fiscal para que lo deje en libertad. Todas ellas en vano.



La historia de Shawkan es una más entre los casos de violaciones de la libertad de prensa que se cometen en Egipto cada día.  

Desde la llegada al poder en 2014 del presidente Abdel Fattah al-Sissi , la situación de los periodistas y los medios de comunicación en el país se ha recrudecido. Según la clasificación de 2015 de Libertad de Prensa, elaborado por Reporteros Sin Fronteras, Egipto se encuentra en el puesto 158 de 180 del ranking. Es decir, pasa por ser uno de los países con menor libertad de prensa del mundo.

Las leyes en el país cada vez son más restrictivas. En agosto de 2015 se aprobó la nueva ley antiterrorista que supuso un golpe muy duro a derechos y principios fundamentales, como la libertad de información, la libertad de expresión o el derecho de asociación. Pese a que el nuevo texto legal ha sido condenado por el sindicato de periodistas egipcio, la ley se aplica desde verano.



El artículo 33 de la ley antiterrorista afecta directamente a la libertad del periodismo. Según la ley, cualquier periodista que cite fuentes no militares puede ser encarcelado, deportado o puesto bajo arresto domiciliario. Los periodistas que utilicen varias fuentes fuera de la versión oficial se arriesgan a multas que van desde los 26.000 hasta los 64.000 euros, bajo la acusación de difundir información falsa.

Otros artículos también amenazan el ejercicio del periodismo. Aquellos que publiquen información que pueda incitar -incluso indirectamente- a la violencia o a la preparación de actos terroristas podrán ser condenados a penas de prisión. O la cobertura sin permiso de juicios contra terroristas puede ser castigada con multas.

Según el gobierno, todo esto es una medida para suprimir las noticias falsas y conseguir una mayor seguridad nacional. En ningún caso esto significaría un ataque directo a la libertad de prensa. Ya lo dijo el presidente egipcio en declaraciones a la CNN: “Egipto goza de una libertad de expresión sin precedentes. Nadie puede impedir que un periodista exprese libremente su opinión”.

Lo que no explicaba Abdel Fattah al-Sissi es que esa expresión libre de opiniones acarrea graves consecuencias.



Consecuencias que se traducen en acoso constante, autocensura, violación del trabajo de los periodistas, multas e incluso la cárcel.

El bloguero Alaa Abdel-Fattah; el editor jefe de la emisora Horyetna, Ahmed Samih; el periodista Abdullah Al Fakharani; el reportero de la web de noticias Rassd, Samhi Mostafa; el directivo de Rassd, Mohammed Al-Adly... y así una larga lista de periodistas detenidos en Egipto durante el año pasado.

El caso de Shawkan es uno de los más emblemáticos pero no es el único. Actualmente hay 24 periodistas encarcelados en Egipto, cifra que hace que el país ostente el triste honor de ser la segunda mayor cárcel del mundo para periodistas, solo detrás de China. 


Alrededor del caso de Shawkan se ha articulado un movimiento mundial que pide por su libertad. Desde Amnistía Internacional han lanzado una campaña que pide la liberación inmediata e incondicional de Shawkan. Actualmente, la petición lleva 51.674 firmas. Amnistía Internacional quiere llegar a 60.000 y así enviarla a las autoridades egipcias.

Reporteros sin Fronteras mandó una carta dirigida al presidente egipcio en la que se aboga por la defensa de los periodistas detenidos arbitrariamente en el país.

Los familiares de Shawkan han puesto en marcha la web FreeShawkan y en las redes sociales el Hashtag #FreeShawkan pide la liberación del reportero.


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