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Tara Sepehri Far, investigadora iraní en EEUU: "El veto de Trump me tiene en un limbo"

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Científicos, albañiles, empresarios e ingenieros con visa de trabajo se encuentran ante una difícil situación: no saben si pueden salir de Estados Unidos y si después podrán entrar de nuevo

Germán Aranda

31 Enero 2017 16:51

“La reciente orden ejecutiva me tiene en un limbo. Las autoridades han cambiado sus palabras varias veces y aún no está claro si quienes tenemos Green Card podemos salir del país y después volver. Acabo de cancelar un plan de viaje para esta semana y no sé cuánto tiempo va a durar esta situación”.

Lo cuenta a PlayGround Tara Sepehri Far, una investigadora iraní residente en Estados Unidos y activista de la ONG Human Rights Watch, que viaja a menudo al extranjero para realizar su trabajo. Ahora, lo tiene más que difícil debido al veto de entrada impuesto por Donald Trump a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.

El pasado lunes, y después de varios días de confusión e informaciones contradictorias al respecto, la administración Trump anunció que finalmente la medida no afectará a quienes tengan Green Card, pero resulta difícil aferrarse a sus decisiones. Como Tara, centenares de miles de ciudadanos de Irán, Iraq, Sudán, Libia, Somalia, Siria y Yemen se ven afectados por la orden ejecutiva del mandatario.



“El visado de mis padres para marzo también ha sido cancelado. No pueden venir por el momento y no sé cuándo voy a poder salir del país y verlos otra vez”, cuenta Tara.

No obstante, Tara se reconoce como “una de las más afortunadas” en comparación con otros afectados. “Conozco a mucha gente que no puede volver a su país y que ha sido separada de su familia cercana por este veto. Recibí estremecedores mensajes de refugiados varados en Turquía que están devastados”.

Aunque la activista, que vive en Washington, está rodeada de gente comprensiva y ha recibido apoyos en Facebook, lamenta que el veto “conlleva un aumento de la islamofobia”.

Eso sí, la situación también le hecho ver una luz: “Estoy orgullosa de ver grupos de la sociedad civil levantándose y haciendo su parte para frenar esta orden discriminatoria sin base. Creo que es el camino”.


Aluvión de historias

Los medios norteamericanos han relatado en tan solo dos días centenares de casos de personas con su vida construida en Estados Unidos y que se ven ahora atrapadas fuera del país o imposibilitadas de salir y después volver. El Washington Post cuenta la historia de catorce de ellos. Por ejemplo, el de la diputada iraquí Vian Dakhil, de la etnia yazidí, uno de los colectivos más perseguidos por el Estado Islámico. Se disponía a recoger un premio en reconocimiento a su lucha por los Derechos Humanos en el Capitolio, pero no puede viajar.

O el de la iraní Masih Alinejad, que dijo al periódico estadounidense: “Soy periodista, hice una campaña contra el fundamentalismo islámico y soy una madre de 49 años. Tuve que huir de la campaña mediática de Irán en mi contra con mi hijo adolescente en 2009. Llegué a Estados Unidos con Green Card después de ser refugiada política en Reino Unido durante cinco años. Debido a mi trabajo, no puedo volver a Irán”.



Científicos, albañiles, empresarios e ingenieros con visa de trabajo se encuentran ante una difícil situación: no saben si pueden salir de Estados Unidos y si después podrán volver a entrar.

Muchos de ellos, además, han visto cómo se les impedía a sus familiares viajar a visitarles.

Es el caso de Hossein Khosbakhty, con doble nacionalidad iraní y estadounidense, que contó entre lágrimas y desde el aeropuerto a AJ+ que acababan de deportar a su hermano: “Si el gobierno (iraní) hace algo equivocado con este gobierno, nosotros no tenemosos la culpa, somos ciudadanos. (...) Mi hermano no ha hecho nada malo en ningún lugar del mundo. Soy un trabajador y soy americano”.


Asad Hussein, un somalí que nació en el campo de refugiados de Dadaab, Kenya, cuenta la frustración que sufren él y sus padres, que después de trece años esperando un permiso para irse a vivir a Estados Unidos no les sirve de nada estar en la fase final después del veto de Trump


Uno de los casos más impactantes es el de Asad Hussein, un somalí que nació en el campo de refugiados de Dadaab, Kenia, hace veinte años. En la revista Foreign Policy, contó la frustración que sufren él y sus padres, que después de trece años esperando un permiso para irse a vivir a Estados Unidos se han dado de bruces con la nueva realidad impiesta por Trump.

Su hermana vive en Estados Unidos con Green Card desde 2005. El pasado año, fue a visitarlos al campo de refugiados después de pasar once años sin verse. El veto “significa que nuestra familia nunca va a reunirse en América”, lamenta en FP Hussein, que narra sus sueños de convertirse en escritor.

“Nunca sentí una decepción igual. Recuerdo la alegría que tuvimos al saber que ACNUR había abierto un caso de reasentamiento para que mi familia fuera a los Estados Unidos”, cuenta. Tenían una entrevista en febrero en la Embajada estadounidense de Nairobi, pero puede que nunca llegue a suceder, a pesar de la espera.


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