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Señoras que… trabajan como escorts

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"Mi abuelita escort" es un documental que descubre cómo muchas mujeres británicas de más de 60 años engrosan su pensión ofreciendo servicios sexuales

Alba Muñoz

04 Junio 2014 13:55

Cuando el documentalista Charlie Russell llegó al acogedor hogar de Beverley, de 64 años, se topó con una situación algo embarazosa. La exuberante abuela, residente en los suburbios de Londres, tuvo que disculparse durante unos minutos porque un cliente iba a pagar por un servicio urgente. Russell esperó pacientemente en la cocina, mientras sobre su cabeza Beverley y un hombre 20 años menor que ella terminaban de fornicar. “¿Cómo te fue?”, preguntó el periodista, “¡en realidad muy agradable!”, respondió alegre Beverley.

De las cerca de 100.000 prostitutas que hay en Reino Unido, un pequeño porcentaje son calificadas como “maduras”. El documental Mi abuelita escort, emitido recientemente por el Canal 4 del Reino Unido, cuenta la historia de Beverley y otras dos escorts maduras con el objetivo de desmitificar un fenómeno creciente en su país, donde muchas mujeres de más de 60 años ofrecen servicios sexuales para complementar sus escasas pensiones. Russell trata de averiguar qué motiva a estas señoras a entrar en este sector, cómo afecta a sus relaciones íntimas, familiares y sociales y por qué hay hombres jóvenes que desean tener una experiencia sexual con una senior.

Placer maduro

My Granny the Escort

Beverley empezó a prostituirse hace más de dos décadas porque su ex marido, que era ludópata, la dejó en la ruina y se vio obligada a criara sus hijos sola. El primer día fue duro: “Me dijeron que iba a hacer la ronda, y tuve relaciones con ocho hombres distintos. Cuando llegué a casa mi hijo me preparó un baño y entonces me enojé, pensé ‘Dios mío, ¿qué he hecho?’ Pero entonces miré el dinero y me dije que al menos comeríamos esa noche”. Desde entonces algunos de sus hijos han dejado de hablarle, y afirma que a veces se siente sola que añora la compañía de un “caballero” por las mañanas.

Sophie, otra de las entrevistadas (y que aparece en el film con una máscara de purpurina) sólo encuentra ventajas: “Sé que hay gente que lo ve como algo inmoral, pero a mí me encanta, y no hay calcetines que lavar”. Vive en el campo, por lo que sus cien intercambios mensuales, entre los que hay jóvenes de 20 y 30 años, pasan desapercibidos.

Sexy a los 85

My Granny the Escort

Una de las joyas de este documental es el descubrimiento de Sheila Vogel, la prostituta en activo más vieja de Gran Bretaña. Empezó a ofrecer servicios sexuales cuando enviudó, con 81 años y dos bisnietos, y su aspecto es el de una respetable abuelita con el pelo cano y prótesis dental, es decir, de las que miran mal a los jóvenes que se manosean en plena calle. Sin embargo, Sheila Vogel atiende a diez clientes por semana. “Los hombres, especialmente los jóvenes que ven algo en mí… es una sensación muy agradable. Sé que soy muy, muy sexy”.

Y no le falta razón. Según los testimonios de los clientes que aparecen en el documental, su gusto por las mujeres maduras oscila entre el confort casero y la perversión. Ellas les tratan con la ternura y el cariño que las chicas jóvenes, que van más al trapo y entienden la prostitución con más frialdad, no ofrecen. Para otros, el morbo de acostarse con una abuelita alcanza el rango de “experiencia sexual”.

“Mi abuelita escort” detona los estereotipos extendidos sobre las mujeres maduras, según los cuales a más edad, menos líbido y diversión genital. También nos hace reflexionar sobre las relaciones sexuales que, aunque sean de pago y ocasionales, proporcionan una compañía agradable (e incluso maternal) a ambas partes. Sobre todo, el trabajo de Charlie Russell parece recordarnos que son ellas, madres, abuelas y mujeres vividas, quienes están más legitimadas para actuar como les plazca y quienes están más convencidas de sus actos: “Sin la ropa puesta, los hombres se vuelven más vulnerables”, apunta Beverley en un momento del documental.

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