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La app para comunicarte en la oficina... que da vía libre a tu jefe para espiarte

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Slack es la nueva herramienta de comunicación favorita en las empresas. Pero también genera problemas

Juan Carlos Saloz

29 Mayo 2017 07:33

Hace unos meses, Slack llegó a mi oficina. Se trata de una herramienta que permite dirigirte a cualquier compañero a partir de un servicio de mensajería instantánea y crear grandes chats en los que todos pueden enterarse automáticamente de lo que ocurre en la oficina.

Desde su creación en 2014, Slack ha conseguido tener más de 5 millones de usuarios activos al día, siendo cada vez más popular en oficinas de todo el mundo. También es un negocio que ha hecho más de 3.800 millones de dólares, tiene en nómina a más de 800 empleados y ha llegado a empresas como Adobe, IBM o NBC.

En cuanto se activó la aplicación, nos llegó el siguiente mensaje: “Tenéis que entrar en Slack”. Las directrices estaban claras. Adiós a las largas cadenas de emails y a los mensajes privados de Hangouts o Whatsapp. Ahora todo iría por Slack, y sin duda todo sería muy práctico. A fin de cuentas, Slack dice que mejora un 32% la productividad de las empresas en cuanto a tiempo en la comunicación.

La mayoría no tardamos en descargar la app para el móvil y en tener la pestaña abierta permanentemente en el ordenador. Cualquier nueva noticia que apareciera en la redacción sería comunicada directamente a toda la oficina. Cualquier contacto que necesitáramos con nuestros jefes sería comunicado al momento. Y, si teníamos que comunicarnos con alguien de otra sección, tan solo teníamos que buscarlo. 

Pero también tiene efectos secundarios.

 slack GIF

Vía Giphy

Tener que estar continuamente activo en la app ha provocado adicciones similares a las de WhatsApp o Facebook. No es de extrañar: utiliza las mismas fórmulas que las redes sociales más habituales, y da la sensación de tener que actualizar la página en cada momento.

Por otra parte, en una columna de NYMag se cuenta la historia de Laura, una usuaria de Slack que encontró un chat público en el que ocho gestores de cuentas se dedicaban a hacer mobbing a los empleados:

“Había insultos racistas. También llamaban ‘zorras inútiles’ a algunas empleadas. Se corrió la voz por la oficina de lo que ocurría, pero que yo sepa nadie ha perdido su puesto de trabajo por ello. Tan solo el ambiente se ha vuelto más incómodo”.

El caso de Laura parece aislado y puntual. Pero también demuestra que es una herramienta que puede fomentar este tipo de conductas. Al fin y al cabo, está limitada a los usuarios de la empresa, permite crear chats propios y es un servicio privado… ¿o no?

Como remarcan en Quartz, el empleador puede acceder a todos los canales de Slack, e incluso puede pagar un extra para acceder a los chats privados de usuarios concretos.

Por más que dé la sensación de que se trata de un servicio privado, es una herramienta administrada por la empresa en la que los trabajadores tienen muchos menos derechos que sus superiores. Además, no quiere quedarse en un simple servicio de mensajería. En una entrevista para su blog, Noah Weiss, el director de la rama de Inteligencia Artificial de Slack, explica que están creando nuevas aplicaciones a través de algoritmos:

“Cuando pienso en cómo crear esta IA, pienso en la utilidad que tendrá para los grandes CEOs o los directivos de una empresa. El trabajo de estas personas no tiene que estar basado en tareas mundanas como programar el calendario, así que es necesario ayudarles para que gasten su tiempo en tareas que son realmente urgentes e interesantes”.

En otras palabras: Slack quiere tener cada vez más datos de los trabajadores para poder actuar en torno a ellos. Actualmente, ya se procesan las conversaciones de los usuarios, los enlaces compartidos y las apps de terceros para proponer canales a quienes están en Slack. También, una nueva característica permite a los miembros internos buscar el mejor canal sobre un tema determinado, lo que puede comportar grandes peligros para la privacidad.

Vía Slack

Ahora, los nuevos servicios de Slack parecen dedicarse hacia el control de la productividad, de forma que los grandes directivos podrían llegar incluso a saber cuánto trabaja cada empleado y a qué dedica su tiempo.

Ya han surgido herramientas semejantes, como el polémico sistema Flowlight que evalúa la actividad combinada del ratón y el teclado de cada trabajador. Pero una aplicación similar en Slack podría democratizar la idea y llevar a las oficinas de todo el mundo un sistema de control total de los usuarios. Básicamente, funcionaría como un Facebook a baja escala. Solo que esta vez no es Mark Zuckerberg quien controla tus datos y tu actividad, sino tu superior directo.

Los peligros de Slack han originado artículos como “7 formas en las que Slack ha arruinado tu vida” de Mashable. Aquí advierten sobre la automatización de la comunicación con los compañeros, el pánico cuando necesitas utilizarlo y el servidor no funciona y la adicción culpable. Pero, más allá de los peligros que ya aparecen con la mayoría de redes sociales, Slack se propone como una herramienta de control con un futuro peligrosamente orwelliano.

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