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La increíble historia del Schindler chileno, un héroe olvidado que salvó de la muerte a miles de personas

Roberto Kozak fue un diplomático argentino que evitó que 30.000 personas murieran por defender sus ideales políticos durante el régimen de Pinochet. ¿Cómo lo hizo?

El 11 de septiembre de 1973, un grupo de militares chilenos atacaba el Palacio de la Moneda, la sede del gobierno de Salvador Allende. Con un golpe de estado y un suicidio —el del propio Allende— comenzaban 17 años negros para la historia de Chile. Década y media donde las desapariciones, las torturas y la muerte de opositores al régimen fueron protagonistas.

En medio de toda la sangre y la represión hubo un nombre que destacó por encima de los demás: Roberto Kozak. A Kozak se le conoce como el Oskar Schindler de Chile porque, al igual que hizo el hombre de negocios alemán con los judíos polacos, este hombre salvó la vida a miles de opositores chilenos.

Se calcula que entre 1973 y 1990, Roberto Kozak y sus compañeros ayudaron a escapar al extranjero a entre 25.000 y 30.000 personas. Pero su historia comienza un poco antes, en 1968.

Tras dos matrimonios y un trabajo como ingeniero, este hombre argentino buscaba una oportunidad de ver mundo, de escapar de su país y hacer cosas nuevas. Y la oportunidad llegó a través de un anuncio en el periódico. Una vacante en la oficina argentina del CIME, el Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas. Este organismo había sido creado en 1951 con el objetivo de ayudar a las poblaciones desplazadas por la 2ª Guerra Mundial.

Kozak pasó dos años en Argentina, seis meses en Alemania Occidental estudiando para diplomático y dos meses en Londres aprendiendo inglés. Después de eso estuvo dos años trabajando en la oficina del CIME en Ginebra, hasta que en 1972 fue transferido a Chile.

Al poco de llegar a la capital , Kozak fue consciente de que pronto caería el gobierno de Salvador Allende. Las huelgas y los disturbios con el ejército eran constantes. Solo hubo que esperar un año para que esos temores se hicieran realidad.

Tan pronto como el Palacio de la Moneda fue tomado por los militares y la junta militar de Pinochet anunció que estaba al cargo, comenzó la brutal represión. Comunistas, estudiantes, periodistas, curas, socialistas... Cualquiera que estuviera conectado con la izquierda chilena podía ser detenido. Solo entre 1973 y 1978, cerca de 70.000 personas fueron detenidas, de las cuales 30.000 fueron torturadas y unas 3.500 asesinadas.

Se le conoce como el Oskar Schindler de Chile porque, al igual que el hombre de negocios alemán hizo con los judíos polacos, este hombre salvó la vida a miles de opositores chilenos

Horrorizado por la situación, Kozak decidió hacer algo al respecto. Pese a que en esos momentos el CIME era una organización temerosa de ofender a los gobiernos miembros, Kozak actuó con una mezcla de diplomacia, paciencia, whisky y fiestas, mientras negociaba con el círculo más cercano de Pinochet la liberación de detenidos. Es probable que los funcionarios de la sede del CIME en Ginebra no fueran conscientes de lo que ocurría en Chile, por lo que el trabajo de Kozak no fue torpedeado en ningún momento por su propia organización.

El diplomático estableció relaciones con miembros de la policía secreta, funcionarios del gobierno golpista, altos cargos militares e incluso llegó a intercambiar telegramas con el propio Pinochet. Todo ello para conseguir liberar a la mayor cantidad de prisioneros.

A veces, negociaba la liberación por paquetes de personas. Otras, de uno en uno. Kozak no trabajaba solo, sino que pertenecía a una red de diplomáticos y organizaciones católicas de derechos humanos como el Vicariato de Solidaridad, con los que compartía listas de prisioneros del régimen. Juntos, buscaban a los desaparecidos, visitaban cárceles y centros de detención y se convirtieron en un punto de contacto para los familiares de los detenidos.

 

Kozak era un hombre elegante, bien vestido, siempre en traje. Un dandy argentino que triunfaba entre la mujeres, tenia un buen trabajo y no necesitaba arriesgar su vida para tener éxito. Sin embargo, decidió luchar por salvar la vida de toda esa gente. Kozak se aprovechaba de su condición de diplomático y organizaba fiestas en su lujosa casa del barrio La Reina de Santiago. Cada noche, invitaba a los miembros más prominentes del régimen, con los que vaciaba una botella de whisky tras otra. Cuanto más se emborrachaban, más hablaban. Y cuánto más hablaban, más facilitaban la tarea de Kozak. De esas veladas en su casa, el diplomático sacaba información confidencial sobre los prisioneros, conseguía visados y órdenes de extradición para los presos políticos o averiguaba dónde se encontraban ciertos “desaparecidos.

Todo ello, mientras intentaba mantener la calma, sabiendo que solo unos pocos pisos más arriba, en el ático, cada noche se escondían refugiados y presos políticos. Kozak impresionaba a los invitados diciéndoles que la reputación internacional de Chile cada vez estaba más dañada. Los abusos, las desapariciones forzosas, las torturas y asesinatos habían traspasado las fronteras y la comunidad internacional no estaba dispuesta a aprobarlo. Para mitigar esto, Kozak les proponía a los altos mandos chilenos una solución sencilla: liberar a prisioneros. Según el diplomático, si Pinochet liberaba a decenas de prisioneros, él mandaría una nota de prensa elogiando el interés del país por mejorar los derechos humanos de la gente. Y así, entre cócteles y estrategias, este hombre ayudaba a miles de personas a escapar.

Roberto Kozak siempre quiso ser actor de teatro y fue quizás ese deseo lo que le permitió afrontar el estrés y el miedo a ser descubierto con inusitada frialdad. Cada mes, su oficina trasladaba entre 400 y 600 personas fuera del país, a Argentina, Perú, Francia, Alemania Occidental, Reino Unido o Rumanía.

Nuestro hombre continuó con su labor humanitaria hasta 1991, año en el que se trasladaría a Moscú para abrir una rama de la Organización Internacional para las Migraciones . En 1994 volvió a Ginebra y, finalmente, en 2004 se retiró para vivir una jubilación pacífica en el país que más marcó su vida.

Roberto Kozak, el Schindler chileno, se fue de Chile orgulloso de haber salvado la vida a 30.000 personas. Y a Chile volvió años después, donde vivió hasta su muerte el año pasado, justo un mes después de recibir la nacionalidad chilena.

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